Cristo y las mujeres

Fe

Por Roberto Torres Collazo

Para Prensa Sin Censura

Pese a algunos avances en la participación de la mujer en las iglesias y en la sociedad, todavía vivimos bajo el patriarcado. Es decir, el dominio, privilegio y control sistemático de la autoridad social, política, religiosa y económica del hombre sobre la mujer. 

Hay sociedades donde las mujeres migrantes indocumentadas sufren el doble debido al miedo de ser deportadas y perder sus hijos. El abuso psicológico es normalizado, los feminicidios y la violencia institucional son muy frecuentes. 

Ser mujer, negra, trans y pobre representa ser explotada cuatro veces. 

También muchas iglesias refuerzan el patriarcado tratando a las mujeres como inferiores, excluyéndolas de las esferas de poder, mientras sus sacerdotes, pastores y hasta reverendas predican la sumisión, la obediencia a su pareja y se enseña la trasnochada teología de que el papel de la mujer es ser madre.

Jesús no pocas veces en sus tiempos cuestiona con sus hechos, gestos y palabras la religión y la sociedad en relación a las mujeres. Cuestiona la identificación de las mujeres con la maternidad.

Según Marcos 3, 31-35: “Entonces llegaron su madre y sus hermanos, se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. Como estaba mucha gente a su alrededor le dieron el mensaje: ‘Tu madre, tus hermanos y hermanas preguntan por ti’. Y Jesús contesta: ‘¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?’ Mirando a su alrededor dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos porque todo el que hace la voluntad de Dios es mi madre, hermano y hermana”. (ver también, Lucas 11,27-28)

La mujer también en la vida pública y en la religión era excluida (Levítico 15,19-27. 12,1-5) En la Palestina del siglo I no podía participar como líder en las sinagogas (lugares de oraciones, lectura de la Torá y estudio). Jesús se enfrentó a las autoridades religiosas saliendo en su defensa. La mujer prostituta encuentra su perdón y amor y la defiende del fariseo, (Lucas 7,36-50) A la mujer encorvada la defiende del jefe de la sinagoga (Lucas 13,10-17). A una mujer adúltera la recibe y la defiende de los líderes religiosos que querían asesinarla (Juan 8,2-11).

Al mismo tiempo había mujeres que seguían a Jesús, cosa mal vista en la sociedad (Lucas 8,1-3). Por esto en otro momento algunos de sus seguidores hombres se sorprenden que hable en público con una mujer, en este caso es peor, porque es una mujer samaritana. Los samaritanos y los judíos no se llevaban. El profeta rompe con muros religiosos y divisiones entre hombre y mujer: ver la hermosa recreación teológica a manera de diálogo entre Jesús y la samaritana en san Juan 4, 1-30. 

A su vez, los evangelios enaltecen a María Magdalena como líder, llamada por el papa Juan Pablo II “La Apóstol de los Apóstoles” que junto a otras mujeres fue fiel hasta la cruz, (Juan 19,25): creadora de la comunidad (Marcos 15,47) y muy importante: fue la primera en anunciar la Resurrección (Juan 20,16-18).

En suma, el Maestro con todo esto viene a decirnos que no puede haber desigualdades en las iglesias y en la sociedad. Es incompatible con el Reino de Dios. Reino de Dios que es igualdad, justicia, solidaridad… Aunque seamos diferentes, somos iguales en lo esencial: en dignidad, valor y derechos (Mateo 19,4-5).

San Pablo le dice a la iglesia de los Corintios, (I Corintios 14, 34-35) que la mujer no puede ejercer poder en la iglesia.

Sin embargo, reflejando luego un pensamiento más maduro dirá a la iglesia de los Gálatas (3,28) y por extensión a nosotras y nosotros hoy que el hombre y la mujer son iguales: “No, ya no hay diferencia entre esclavo y hombre libre; no hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno en Cristo Jesús”. 

No basta saber esas palabras de Pablo, hay que aplicarlas a la realidad. Es imperativo en el siglo XXI cambiar las instituciones jerárquicas cristianas y civiles por unas comunitarias, abogar por leyes con mecanismos para que se cumplan, educar las y los niños sobre el sexismo, predicar la igualdad y condenar el patriarcado. 

Referencia:

Biblia Latinoamericana. Versión latinoamericana 

 

Foto/Freepik

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