Geopolítica–Opinión
Por Manuel Ludueña
Para Prensa Sin Censura
“Cuando en las aguas solo quede el último pez y el último árbol sea removido de la tierra, entonces el hombre se dará cuenta de que no puede comer su dinero”.
Vernon Foster
¡Sométete o te mato!
Las naciones y el territorio de Abya Yala se encuentran, desde 1492, sometidos militar y económicamente a conquistadores y colonizadores, así como a los Estados imperiales de la Modernidad, en ciclos continuos de encadenamiento y opresión, recreados en función de los cambios de su régimen productivista de acumulación de riquezas.
Así, han desarrollado estrategias diplomáticas, conformación de formaciones sociales afines, robo de bienes preciados para comerciar, promoción del uso del suelo fértil para producir alimentos y materias primas exportables, encadenamiento a innovaciones tecnológicas para incrementar la productividad de esos alimentos y materias primas exportables a los Estados imperiales. Incluso han deforestado bosques nativos para el uso ganadero, agrícola e inmobiliario; han impulsado la extracción energética y minera; la incorporación de tecnologías para disminuir mano de obra; la venta de innovaciones obsoletas en sus propios Estados; la privatización de servicios públicos (generalmente monopólicos); y la construcción de infraestructuras para abaratar sus costos, con endeudamiento creciente y moneda única de intercambio.
Condicionar a las comunidades y sus territorios fue y es el imperativo imperialista. La misma consigna que la monarquía castellana: ¡Sométete o te mato! La única ética del imperialismo es la crematística: comprende a la comunidad de vida como “conformada por cosas” y la gestiona instrumentalmente para su mejor logro. No comparte, no compensa, se apropia. La disponibilidad de la propiedad privada de los Estados de Abya Yala y el diseño de leyes proimperialista —tal como la desprotección de bienes comunes, la facilitación de compra indiscriminada de tierras a extranjeros, acuerdos asimétricos u ocupaciones militares— suele ser el método más benigno impuesto a los Estados que se someten. Al resto: ni justicia, tal como la centena de pescadores desconocidos fusilados sin debido proceso en las aguas internacionales del Caribe (diciembre de 2025).
Terricidio
Los ciclos continuos de encadenamiento y opresión son asfixiantes, provocadores de incertidumbre y destructores del habitar. El Terricidio es la vivencia de cómo “la agresión continua al orden cósmico” … “sintetiza la forma de destruir la vida en todos sus modos” (Moira Millán, 2024). Son “todas las políticas y actividades que destruyen nuestros territorios, que contaminan el Aire, la Tierra, el Agua (en todas sus formas: humedales, cuencas, lagos, ríos, glaciares, etc.), que destruyen Cerros, Bosques y Montes; todas ellas Fuerzas de la Vida, que, sin ellas, los animales, ni las plantas, ni nosotrxs podemos subsistir. Y los Espíritus tutelares de cada uno de estos espacios y seres ya no estarán más para enseñarnos, guiarnos y cuidarnos, y el desamparo será más grande todavía. Queremos que estos crímenes se detengan porque, al destruir a todas estas Fuerzas, rompen el tejido armónico de alimentación, medicina, alegría, crecimiento y compartir que tenemos como pueblos antiguos” (Dina Barrionuevo, 2021).
La degradación ambiental es también social y económica. Implica un empobrecimiento que perpetúa pobreza y desigualdad, e inhabilita capacidades y sistemas de relaciones. También afecta la salud mental, los sentidos y la motivación, al expulsar de los territorios de pertenencia a sus habitantes, generando, por lo tanto, pérdida de libertad.
Casos socioambientales
Con el objeto de tener una imagen de la localización y tipos de conflictos socioambientales en Abya Yala —estimados actualmente en 1.200 casos— se publica el mapa de Abya Yala del Atlas Global de Justicia Ambiental (Universidad Autónoma de Barcelona; ene. 2026), que indica la ubicación de conflictos. Ello visibiliza los lugares de defensa de territorios, agua, aire y modos de vida frente a proyectos que amenazan su existencia. Incluye conflictos relacionados con combustibles fósiles, extracción minera, agroindustria, pesca y explotación de bosques.

Situación inédita
La beligerancia actual se muestra, por un lado, en la multiplicidad de informaciones de quienes son avasallados en tiempo real, de quienes presumen que serán afectados o desterrados; por otro lado, son evidentes las acciones permisivas de las autoridades locales y federales con las empresas que destruirán y contaminarán, como en muchos casos lo han vivenciado las comunidades locales anteriormente, así como por las investigaciones publicadas y la participación de técnicos comprometidos.
Las autoridades suelen contar con acuerdos previos sin participación ciudadana o, en el mejor de los casos, con audiencias públicas escenográficas. Incluso hacen caso omiso a las movilizaciones pacíficas, que suelen terminar con asedio, contusos y encarcelados. Son los terricidas: empresarios y autoridades que han promovido o permitido el avance de proyectos extractivos sobre territorios habitados y sagrados (Nicole Kramm, 2024).
Otros medios se realizan en paralelo: amparos, demandas a distintos fueros, presentaciones a Cortes Internacionales que, no obstante, solo en muy pocos casos logran paralizar de modo transitorio los emprendimientos —ya que las empresas cuestionadas suelen revender sus paquetes accionarios o esperan un mejor “momento” o “interlocutor” para insistir—.
Estamos ante un sistema que abduce la riqueza y socializa degradación, desmantelamiento y destrucción, incluso para volver a aparentar la reparación de los efectos negativos que causaron, endeudando con financiamientos para aplicar nuevas tecnologías que, generarán nueva degradación…
Ser nosotros
La supuesta revolución energética anti fósil, la competencia por hegemonizar, los cuantiosos recursos industrializables existentes en Abya Yala —apetecidos por los países más industrializados—, la búsqueda de nuevas infraestructuras que faciliten las cadenas de suministro, el aprovechamiento de los efectos de la crisis climática y la integración entre financiarización, inteligencia artificial, industria militar y nuevo armamentismo, cogeneran escenarios en disputa con incertidumbre. En tanto, la desigualdad, la pauperización, la falta de oportunidades, las contaminaciones y los costos crecientes no auguran esperar nada de los Estados usufructuarios.
Solo la unidad, evitar ser indiferentes a los intereses de otros habitantes y al derecho de la naturaleza, son el llamado a la cordura y a comprometerse con una ética por la vida. Son tiempos de nuevos desafíos y hermandad; tiempos de caminar juntos en pos de otras visiones de mundo.
Enero 2026
