Patria o Muerte: peligra la existencia de la República Bolivariana de Venezuela

GeopolíticaOpinión

Por Antonio Camacho

Para Prensa Sin Censura

Un sinnúmero de voces apelan a la unidad en Venezuela, y en interés de esa unidad exhortan a que no se esparzan rumores divisionistas que sólo favorecen al imperio y la contrarrevolución. 

Consciente del efecto divisionista de cualquier comentario discordante, hasta ahora he guardado silencio. Pero como revolucionario también sé que hay momentos donde las acciones denuncian la intención y que guardar silencio es otorgar y, en cierta medida, convertirse en cómplice. 

Es comprensible la situación de desventaja de Venezuela ante el poder militar avasallador del imperio y los temores en la cúpula dirigente de la nación. También es comprensible el hecho de que la dirigencia bolivariana se rige por una concepción cristiana idealista, no por una interpretación materialista de la historia.

Por lo que no podemos pretender que su accionar pueda compararse al de Fidel, Mao, Ho Chi Min, Kin II-Sun y Che Guevara, quienes embebidos de las herramientas de análisis e interpretación del materialismo histórico y el materialismo dialéctico se situaban más allá de su momento existencial.

Una vez más queda demostrado que pretender hacer la revolución socialista fuera de los parámetros del marxismo leninismo, es en cierta manera jugar a la revolución. Llámese como se llame el proceso, ya sea Socialismo del Siglo XXI u otra cosa, a la postre si no hacen las correcciones necesarias, está condenado al fracaso. No se puede hacer revolución sin desmantelar el estado burgués. Imposible que perdure con una prensa mentirosa y calumniadora que en todo momento desvirtúa el proceso, con la oligarquía nacional y las grandes empresas conspirando contra el Estado y abogando por la intervención extranjera, con el gran capital dirigiendo las decisiones gubernamentales y los partidos políticos opositores denunciando el robo de las elecciones independientemente de la transparencia del proceso eleccionario. 

Esta realidad se evidencia con el malogro de los intentos revolucionarios en distintos países, y se repite una y otra vez dentro y fuera de nuestro continente. Las transformaciones reformistas no son revolucionarias, son el cáncer que carcome todo proceso revolucionario y que a la postre lo hace abortar.

Hay momentos históricos en que un movimiento libertador o revolucionario es destruído, no por pereza o desunidad del pueblo, sino, como lo señaló Juan Antonio Corretjer en La Patria Radical, porque el liderato no está a la altura revolucionaria del pueblo.

Se me hace difícil pensar que en la cúpula del gobierno venezolano existan elementos que, chantajeados, comprados o atemorizados por las fuerzas imperiales, conspiren contra el pueblo y que a sabiendas de que no pueden cambiar de la noche a la mañana su mentalidad revolucionaria, lo arrastren sutilmente al matadero entreguista. No obstante, hay unos preceptos que se han violado y dan mucho qué pensar.

No es lo mismo hablar de revolución que hacer la revolución. Quien no está dispuesto a defender la revolución con las armas hasta las últimas consecuencias no puede llamarse revolucionario. 

En una nación en estado de acecho todo ciudadano tiene que estar bien despierto con ojo avisor. Crear la ilusión de que no pasa nada, de que todo está tranquilo mientras el enemigo observa buscando la más mínima debilidad para atacar, es un error craso de laxitud y exceso de confianza. Mientras el imperio conspiraba, Maduro bailaba. Mientras el imperio avanzaba, Maduro creaba la ilusión de que no pasaba nada. El resultado era evidente. Se relajó la observación, la vigilancia, la capacidad de responder oportunamente a la agresión imperial, y fueron sorprendidos. La aviación invasora viajó aproximadamente 26 millas para llegar a la capital sin ser detectada –un poco más de 14 millas de mar territorial y 12 millas de la costa a Caracas–. Hubo tiempo suficiente para una alerta temprana antes de que desplegaran sus sistemas electrónicos.

Todo cuerpo de inteligencia necesariamente tiene que basarse y conocer al dedillo los hechos históricos. Es inverosímil que la inteligencia venezolana en sus planes tácticos y estratégicos no haya tomado en cuenta el secuestro del General Noriega en Panamá, el intento de rescate de los rehenes iraníes y el asesinato de Bin Laden. ¿Dónde fueron a parar los 5,000 misiles tierra aire que le proveyó Rusia? ¿Cuántos de éstos estaban destinados a defender al presidente? De acuerdo a la información recibida estaban almacenados bajo llave. Lo que indica una falta de confianza en la guardia presidencial. ¿Qué hubiese pasado si los agentes cubanos que protegían al presidente hubiesen tenido a mano esos misiles? El desenlace hubiese sido totalmente diferente. El depósito donde tenían los misiles fue uno de los primeros objetivos enemigos, lo que indica que conocían con antelación que la guardia presidencial estaba prácticamente desarmada.

Hablar de paz cuando han secuestrado al presidente de la nación y a la primera dama y asesinado más de cien personas, es lesivo a la revolución. En ninguna liga es prudencia del ultrajado negociar con el violador. 

El liberar a presos mal llamados políticos -nacionales y estadounidenses- mientras mantienen encarcelado al presidente de la nación y a su esposa, es una evidente muestra de temor y mal ejemplo para el pueblo -recordemos los cuadros revolucionarios iraníes cuando arrestaron a todos los funcionarios de la embajada norteamericana-. 

Es además rendir a priori las posibles cartas de negociación para la liberación de Maduro. (¿Cuáles son los estándares de Zapatero y de Qatar para darle dirección a un proceso revolucionario? Ninguno. El primero viene por los miembros de la ETA en suelo venezolano y el segundo para destruir el reconocimiento del chavismo al movimiento revolucionario de los hutíes en Yemen. Utilizar estas figuras para justificar la liberación de los presos deja mucho que decir del presidente de la Asamblea Nacional). 

El aceptar negociar bajo las condiciones del imperio empeñado en saquear la riqueza nacional, es entrega.

Mientras el imperio conspiraba, Maduro bailaba. Mientras el imperio avanzaba, Maduro creaba la ilusión de que no pasaba nada.

El permitir abrir la embajada gringa y que un sinnúmero de agentes de la CIA campeen por su respeto en el suelo patrio es ser cómplices de que la metástásis conspirativa destruya todo el proceso revolucionario.  

En un proceso revolucionario el pueblo es el soberano, no el liderato; por consiguiente, es quien debe decidir sobre su destino. Es desconfiar en el pueblo y se raya en la traición cuando por miedo a su rebeldía no se le dice la verdad.

Quisiera creer que el estado bolivariano sigue el ejemplo de la presidenta de México Claudia Sheinbaum quien ante cada barrabasada del delirante gusarapo de führer, guarda silencio, pero responde de una manera inesperada y contundente:  diversifica el comercio nacional y firma acuerdos de intercambio comercial con Brasil en monedas nacionales, con China para ampliar la inversión en infraestrutura y con la India para incrementar el comercio bilateral. Al mismo tiempo aprueba leyes para proteger a las empresas norteamericanas en suelo mexicano presionadas por las políticas de Trump y crea programas para ayudarlas a comerciar sus productos con los nuevos socios internacionales. (Hasta el momento no he visto ningún indicio de que esto esté pasando en Venezuela).

Los logros del chavismo corren peligro. El objetivo del imperio es desmontar toda la estructura del estado y convertir la constitución  de la Republica Bolivariana en letra muerta. 

El fascismo es vengativo, cruel y desconfiado. Parafraseando al Che: He visto las tumbas de los que no lucharon por miedo a morir. Sean colaboradores o no, los fascistas no perdonan a los que amenazan o amenazaron sus privilegios aunque claudiquen. Colombia nos da un gran ejemplo con los cientos de exguerrilleros asesinados luego de entregar las armas y firmar acuerdos de paz.

El imperio ataca desde una posición de debilidad, no de fortaleza. Ha perdido su hegemonía económica, su hegemonía política y ante la unión de China y Rusia, su hegemonía militar. Las groserías del gusano de führer son producto de esa realidad y en su empeño de hacer grande a EE. UU. otra vez, acelera su decadencia. En este momento histórico del pueblo venezolano se hace evidente la máxima del Che: “Al imperio no se le cede ni un tantito así, nada”. 

El pueblo revolucionario venezolano tiene que estar atento a las movidas de su liderato, presto a tomar acción y hacer los cambios pertinentes si lo ven flaquear. 

Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó.

(Que el vil egoismo no vuelva a triunfar).

Patria o Muerte, ¡Venceremos!

Delcy Rodríguez.

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