Geopolítica–Opinión
Tercero y último de una serie desde Caracas, Venezuela.
Por Asdrúbal J. Alamilla G.
Para Prensa Sin Censura
La violencia desatada el 3 de enero, al intentar sepultar el proyecto bolivariano, ha catalizado paradójicamente su trascendencia. Este punto de bifurcación histórica no señala solo una resistencia, sino el agotamiento terminal de un modelo de soberanía —el modelo westfaliano, liberal, patriarcal, discriminatorio y excluyente— que siempre fue violable para el Sur.
En su lugar, desde la dignidad del rescoldo, emerge con fuerza la necesidad de forjar un horizonte de soberanía pluriversal, es decir, no homogénea ni impuesta, sino construida desde la diversidad de mundos, saberes y proyectos de vida que coexisten en Nuestramérica, articulados en defensa mutua. Este nuevo paradigma no se funda en la mera independencia estatal, siempre frágil ante el poderío imperial, sino en una concepción corporal-territorial, comunal y radicalmente interdependiente.
El ataque demostró que la soberanía de la modernidad, encapsulada en las fronteras de un Estado aislado, es insuficiente frente a un enemigo que opera mediante redes globales de coerción económica, dominación tecnológica y guerra cognitiva transnacional. La respuesta efectiva, por tanto, no puede ser el repliegue nacionalista, sino la profundización de una soberanía compartida y en defensa mutua. Esto implica una redefinición geopolítica profunda: la autonomía real se conquista en colectivo. El concepto bolivariano de la Patria Grande deja de ser una aspiración poética para convertirse en una imperiosa necesidad estratégica de supervivencia.
De esta necesidad surgen tres tareas fundacionales, tres pilares para la construcción de una arquitectura de autodefensa integral de los pueblos que planteo:
1. La Soberanía Tecnológica como Imperativo Existencial. La agresión cibernética y la inteligencia artificial desplegadas contra Venezuela han escrito la nueva cartografía del riesgo. La dependencia de plataformas, software, hardware y estándares digitales controlados por el imperio o sus corporaciones es una vulnerabilidad estratégica crítica. La respuesta debe ser la creación de ecosistemas tecnológicos propios y soberanos a partir de leyes que se aprueben a tales fines —desde satélites y redes de comunicación seguras hasta sistemas de inteligencia artificial ética y criptografía cuántica— desarrollados desde y para las necesidades del Sur, como lo demuestran los avances soberanos en teleobservación y comunicaciones satelitales que ya posee la región. Esto no es un lujo de desarrollo, sino la construcción de trincheras digitales para la próxima batalla, que ya está aquí. La reconstrucción mejorada del IVIC, por ejemplo, debe ser el símbolo de este salto: de víctima del epistemicidio a vanguardia de la soberanía científico-técnica nuestramericana.
2. La Descolonización Radical del Derecho y la Gobernanza Global. La farsa jurídica del “juicio” contra el Presidente Maduro en Nueva York y la complicidad de organismos multilaterales evidencian que el derecho internacional hegemónico es un campo de batalla, no un refugio. La tarea no es solo denunciar su hipocresía, sino construir con urgencia marcos jurisdiccionales y tribunales de opinión alternativos y populares, basados en los principios del derecho de los pueblos, la autodeterminación y la justicia restaurativa. Se trata de crear instituciones paralelas de legitimidad —desde sistemas de arbitraje económico regional hasta cortes éticas de derechos humanos— que desmantele el monopolio imperial de nombrar lo legal y lo ilegítimo.
3. La Solidaridad como Frente Operativo de Retaguardia Global. La solidaridad con Venezuela no puede limitarse a declaraciones o al turismo político. Debe materializarse en una red activa de protección y contraataque en todos los frentes. Esto implica:
*Frente Económico: Acelerar mecanismos de comercio en monedas locales, sistemas de pagos radicalmente alternativos al SWIFT y fondos de contingencia para resistir el impacto de Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) y agresiones armadas, asumidos desde la institucionalidad de los BRICS, el ALBA-TCP, la SEAN, entre otras.
*Frente Comunicacional: Crear una gran red mediática y de verificación de datos del Sur, capaz de romper el cerco informativo y contrarrestar en tiempo real las campañas de desinformación, fortaleciendo, aún más, la colectivización y democratización de la comunicación y la infraestructura a tales fines existente.
*Frente Político-Diplomático: Establecer protocolos de acción rápida y defensa colectiva. Que esta cobarde agresión active medidas coordinadas de presión política, jurídica y económica contra el agresor en el contexto de nuestra Diplomacia Bolivariana de Paz diversificada (nuestra arma secreta) y en el relacionamiento geopolítico con los pueblos del mundo.
En este horizonte, la soberanía deja de ser un atributo estático de un Estado para convertirse en un proceso dinámico de cuidado y defensa del cuerpo-territorio-pueblo, ejercido desde la colectividad en resistencia. Es la soberanía del cimarronaje, que se ejerce en la fuga creativa, en la construcción del Cumbe Comunal, en la preservación de la semilla bajo tierra. La Revolución Bolivariana, al resistir, ha dejado al descubierto las costuras del orden mundial y ha ofrecido al Sur Global una lección dolorosa pero invaluable: o nos unimos en un nuevo contrato civilizatorio de defensa común de la vida, la dignidad y los bienes comunes, o seremos aniquilados de manera fragmentaria por la máquina de muerte colonial, ahora recargada con algoritmos y bombas de precisión. El futuro, por tanto, no es una línea que se espera, sino una trinchera que se construye, ladrillo a ladrillo, desde el rescoldo ardiente de cada resistencia.
V. Conclusión: Hacia una Ética Política de la Re-Existencia de la Dignidad
El 3 de enero de 2026 quedará inscrito en la memoria larga de Nuestramérica no como la fecha de una derrota, sino como el parteaguas en que la barbarie imperial, al mostrarse en su desnudez más cruda, perdió definitivamente la batalla por el sentido. La agresión multidimensional —que fusionó el bombardeo, el epistemicidio, la guerra cibernética algorítmica, el secuestro de Estado y el terror contra la población civil— no logró su objetivo último: extinguir la llama del proyecto bolivariano. Por el contrario, al forzar al pueblo venezolano y a sus instituciones a activar la sabiduría estratégica del rescoldo, el imperio desencadenó un proceso de radicalización política y concienciación geopolítica de alcance continental.
Este evento ha redefinido para nuestra época los contornos de la soberanía, la resistencia y la solidaridad. Ya no se trata de conceptos abstractos de tratados internacionales, sino de prácticas encarnadas de re-existencia. La soberanía se revela como el fuego guardado bajo la ceniza de la adversidad, custodiado por la dignidad inquebrantable de un presidente secuestrado, por la serenidad constitucional de una presidenta encargada con guaramos, por el trabajo tenaz de científicxs y técnicxs que reconstruyen lo destruido, y por la calma militante de un pueblo en las calles. Es una soberanía corporal, territorial y comunal, que se ejerce en el acto colectivo de proteger la vida, el conocimiento y el derecho a un destino propio, incluso —y sobre todo— en las condiciones más hostiles.
La lección estratégica es clara y debe resonar en cada rincón de la Patria Grande: la autodefensa aislada es una ilusión en la era de la guerra híbrida y de inteligencia artificial militar global. El contraataque eficaz al colonialismo del siglo XXI exige la construcción urgente de una nueva arquitectura de defensa común, pluriversal y multidimensional. Esta arquitectura debe fundarse en la soberanía tecnológica compartida, en la descolonización radical del derecho y la gobernanza global, y en la transformación de la solidaridad internacional en un frente operativo de retaguardia permanente. Venezuela ha sido el laboratorio donde el imperio probó sus métodos más avanzados; la respuesta de los pueblos debe ser convertir a Nuestramérica en el laboratorio donde se forjen las herramientas definitivas para neutralizarlos.
Por ello, este análisis concluye no con un lamento, sino con una convocatoria a la acción social, política e intelectual organizada. El amanecer que siguió a la noche del 3 de enero no fue un regalo, sino una conquista. Es el fruto del soplido colectivo que aviva cada rescoldo protegido: el de los pueblos originarios defendiendo sus territorios, el de las comunidades afrodescendientes reafirmando su legado de cimarronaje, el de lxs trabajadorxs organizados en sus centros de trabajo, el de lxs científicxs desarrollando tecnologías para la vida. La ética política de la re-existencia que emerge de esta experiencia es antagónica a la lógica thanatopolítica del imperio: se funda en el cuidado, en la memoria larga, en la construcción de comunes y en la defensa intransigente de la dignidad.
El futuro, por tanto, ya no es un horizonte lejano. Está aquí, forjándose en la resistencia cotidiana de la Venezuela Bolivariana y Chavista, en la solidaridad activa de los pueblos hermanos, en la decisión de no claudicar ni ante las bombas más inteligentes ni ante las mentiras más sofisticadas. La victoria no se mide por la posesión inmediata de un territorio, sino por la capacidad inquebrantable de preservar el sentido, el proyecto y la esperanza de los pueblos libres. Esa capacidad, demostrada con elocuencia silenciosa bajo el fuego enemigo, es la prueba de que la llama de la soberanía nuestramericana, lejos de apagarse, se prepara para arder con una luz nueva, descolonizada y definitivamente libre. ¡Qué nadie se equivoque!
¡Con Chávez, Maduro y Cilia en el corazón, con la fuerza de nuestrxs mártires y guiados con el fuego sagrado que nunca se apaga, la Patria Grande se levanta!¡Delcy, Avanza! ¡El Pueblo te acompaña! ¡Tu tienes mi confianza!
¡Unidad, Lucha, Batalla y Victoria!¡Nosotrxs, Venceremos!

