Geopolítica–Opinión
Ángel Rodríguez León
Copresidente MINH
Esta pasada conmemoración del Natalicio número 187 del Maestro Eugenio María de Hostos ocurre en una coyuntura histórica que nos obliga a la reflexión. Una reflexión que es requisito indispensable para la acción política correcta.
El 2026 comenzó con la noticia de la agresión estadounidense contra la República Bolivariana de Venezuela y el secuestro de su presidente, compañero Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Este acto vil y violatorio del Derecho Internacional y hasta de la propia legalidad gringa, ocurre luego de meses de provocaciones, con un despliegue intimidatorio de parafernalia bélica frente a las costas venezolanas y luego del asesinato de decenas de personas en las aguas del Caribe y del Pacífico colombiano. También habían cometido el robo de un petrolero.
El gobierno de Estados Unidos, luego de su agresión a Venezuela, amenazó a Colombia, México, Cuba y Nicaragua como sus posibles próximas víctimas. Y su presidente ha retomado las amenazas de apoderarse de Groenlandia, mientras la Unión Europea hace tímidas expresiones.
Durante el pasado año también el presidente de Estados Unidos se entrometió en procesos eleccionarios latinoamericanos.
Se trata de un relanzamiento de la Doctrina Monroe, en un intento por parte de Estados Unidos por recuperar parte de su perdida hegemonía.
Desde el otro lado del mundo, pero muy cerca de nuestros corazones, a partir de 2023 hemos visto, en tiempo real, la actual etapa del genocidio que Israel lleva a cabo contra el pueblo Palestino. Sé que todos y todas hemos rabiado de indignación ante la impunidad de una crueldad pocas veces vista, llevada a cabo por el sionismo, con pleno apoyo de Estados Unidos.
Acá en Puerto Rico, reducto del colonialismo, también estamos padeciendo de los excesos del poder. Privilegiados llegan a quedarse con nuestros mejores y más apreciados recursos y paisajes, ignorando o violando la legislación ambiental y de planificación, con el beneplácito del gobierno colonial, que incluso modifica leyes para ajustarse a los intereses de los poderosos.
El resultado: desplazamiento poblacional, desarticulación de comunidades y enajenación de bienes que le pertenecen a nuestro pueblo. La proyectada construcción de Esencia sería, si lo permitimos, una monumental afrenta a nuestra naturaleza y nuestro pueblo. Todo esto sucede mientras las medidas neoliberales impulsadas por la Junta de Control Fiscal y avaladas por administraciones coloniales, afectan directamente la vida del pueblo trabajador puertorriqueño. La desigualdad aumenta y la mera sobrevivencia se hace cada vez más difícil para amplios sectores de la población.
Para completar el cuadro, el año pasado la presencia y actividad militar yanqui en nuestro archipiélago aumentó drásticamente. Nuestra querida Isla Nena de Vieques es un recordatorio vivo del daño que puede causar la presencia militar extranjera. A la vez que la Marina de Guerra de Estados Unidos practicaba sus juegos de muerte por más de 60 años, contaminaba nuestra naturaleza y enfermaba a nuestra gente. Recordamos con indignación que nuestro territorio ha sido usado como plataforma para agredir a naciones hermanas, incluyendo el fracasado intento de invasión a Cuba en 1961 y las invasiones a República Dominicana en 1965, a Granada en 1983 y a Panamá en 1989. Hace 8 días se repitió la historia, esta vez contra Venezuela.
En los días recientes, las fuerzas armadas yanquis están teniendo la insolencia de pasearse por parques y áreas públicas. Es un despliegue de violencia en esta nación ocupada que no podemos normalizar y tenemos que denunciar.
El uso de nuestro suelo, aire y jóvenes por parte de las fuerzas armadas estadounidenses es una de las manifestaciones más descarnadas del colonialismo al que está sometida nuestra nación. Durante la última década Estados Unidos le ha ido quitando el disfraz que quiso ponerle a nuestra condición colonial. Este aumento en la presencia militar es otro recordatorio vivo de nuestra subordinación política en pleno siglo XXI.
Lo que propongo, compañeros y compañeras, en la línea hostosiana del análisis riguroso, es que visualicemos las situaciones antes mencionadas como parte de un todo.
Se trata de un sistema económico y social insaciable en su hambre de recursos. Los que se creen dueños del mundo lo quieren todo: petróleo, minerales, tierras raras, recursos hidráulicos, bellezas naturales, posicionamiento estratégico. Y están organizados. Los multimillonarios conocen bien sus intereses y los defienden.
El avance de la ultraderecha a nivel mundial, si bien tiene factores propios de cada sociedad, debe ser entendida principalmente como parte de la ofensiva de un capitalismo salvaje dispuesto a hacerse con lo que queda del Planeta. Los gobiernos que defienden la soberanía nacional y el derecho de sus pueblos son un obstáculo. Otro obstáculo lo es el derecho internacional, fundamentado en la soberanía de las naciones y en la diplomacia.
Las organizaciones internacionales, los derechos humanos, la defensa de la naturaleza también son estorbos por eliminar. Y estoy consciente de que el derecho internacional o la ONU nunca han sido impedimentos para los planes imperialistas. Pero es que ahora, con el caso de Venezuela, hemos sido testigos de un cinismo y a la vez claridad pasmosa por parte del presidente de Estados Unidos: van por el petróleo. La justificación inicial del supuesto narcoterrorismo se desdibuja en el discurso oficial estadounidense. Sus propias agencias reconocen que el famoso Cartel de los Soles nunca existió.
El despliegue de fuerza por parte de Estados Unidos, lejos de tratarse de un ejercicio desde la fortaleza, es una manifestación de la reducción de su influencia y prestigio mundial frente al avance de otras potencias económicas y otros actores importantes en el campo internacional. Luego de la caída de la Unión Soviética, cuando se hablaba de un absurdo fin de la historia y de la desaparición del socialismo como opción para los pueblos, Estados Unidos y sus aliados se vieron como ganadores ante los cuales no habría fuerza que se opusiera. Sin embargo, la embestida capitalista, con su desmantelamiento del llamado Estado Benefactor y el avance del neoliberalismo, agudizó las desigualdades y las contradicciones de clase. Desde Nuestra América surgieron alternativas al capitalismo salvaje. Los pueblos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay, por mencionar algunos, buscaron vías para avanzar en el camino de una verdadera independencia y la construcción de sociedades más equitativas. Junto a Cuba y Nicaragua, formaron un bloque progresista, cada cual según las necesidades de su contexto nacional, pero en rescate de la idea bolivariana de unidad regional y una clara visión antimperialista.
Nos encontramos ahora en plena reacción de la derecha. Las élites oligárquicas tradicionales latinoamericanas claman a su aliado de siempre: Estados Unidos. Ofrecen la soberanía de sus países a cambio de recuperar su lugar de privilegio.
En Estados Unidos, al imperialismo sin disfraces como política exterior se suma una política interna fascista. En ese país se ha entronizado el supremacismo blanco, el odio a los inmigrantes, la burla hacia la diversidad y el desprecio hacia derechos conquistados con siglos de luchas.
En fin, que se trata de una manifestación de la lucha de clases a nivel mundial. Nosotras y nosotros, desde Puerto Rico, parte integral de la América Latina y el Caribe, somos parte de esa lucha. Quienes trabajamos para la Independencia como herramienta para la construcción de una sociedad superior, equitativa, justa y solidaria, sabemos de qué lado estamos.
Por eso el pasado 3 de enero, apenas unas horas después del secuestro del presidente de Venezuela, la izquierda puertorriqueña realizó una importante manifestación frente al edificio de la Chardón, en Hato Rey, uno de los símbolos de la presencia yanqui en nuestra tierra. Lo mismo sucedió ante las embajadas de Estados Unidos en otros muchos países, aunque la prensa comercial, por supuesto, solo reportó las celebraciones por la agresión a Venezuela. La solidaridad desde Puerto Rico cobra una importancia particular por el papel que el Imperio nos ha impuesto de base militar, de portaviones en medio del Caribe desde el cual realizar sus ataques. Que se sepa, que en esta Nación hay la dignidad suficiente para denunciar las acciones ilegales e inmorales de Estados Unidos y para reciprocar la solidaridad de los hermanos y hermanas, tanto de Venezuela como deCuba, también amenazada hoy por las fuerzas imperialistas.
En este contexto, se hace más necesario que nunca el fortalecimiento de los lazos de solidaridad con las fuerzas progresistas y socialistas de América Latina, el Caribe y el mundo. Esta es una tarea que el MINH asume con mucha seriedad y de la cual podemos sentir orgullo. Somos internacionalistas y latinoamericanistas como lo fueron Hostos, Betances, Martí y Bolívar. Es momento de unirnos más a nuestros aliados y tener muy claro dónde están los enemigos.
Ahora bien, aunque señalo que se trata de un escenario global y que así debemos visualizarlo, nosotros y nosotras tenemos una responsabilidad primaria con el adelanto de las causas justas en nuestra Nación. Adelantar la obtención de nuestra independencia por todos los medios posibles es ponernos del lado de los pueblos que hoy tienen que defender una independencia que creían ya conquistada. En este 2026 nos toca elevar los niveles organizativos. Nos toca fortalecer nuestras herramientas de conocimiento y análisis, teniendo mucho cuidado con los mares de desinformación tan propia de esta era de la posverdad.
Nos toca afinar nuestras formas de comunicarnos con el resto del pueblo y educar sobre las ventajas de tener en nuestras manos todos los poderes soberanos. Es momento de defender en todos los espacios el derecho a nuestra Libre Determinación e Independencia.
Esta es la mejor manera de honrar el legado de Eugenio María de Hostos, Hostos el independentista, Hostos el conspirador, Hostos el Revolucionario.
¡Que viva Puerto Rico Libre! ¡Seremos Libres!

