Venezuela desde un punto de vista venezolano

Geopolítica-Opinión

Oriana Zambrano Montoya 

Para Prensa Sin Censura 

Desde que supe cuando me depertaron para decirme sobre los bombardeos estadounidenses en Venezuela, había guardado silencio, y me he dedicado hacerle seguimiento a esta histórica noticia.

Lo hice porque este evento exige análisis serio y objetivo, uno que no cabe en una consigna, ni se resuelve con declararse de un bando o de otro, o simplemente diciendo estoy de acuerdo o lo rechazo. 

He leído, escuchado, analizado. He visto noticias de venezolanos celebrar en diferentes ciudades del mundo la captura de Nicolás Maduro. He visto noticias de chavistas movilizarse en Caracas denunciando la agresión e invasión norteamericana. He visto las declaraciones oficiales de estados rechazando la incursión extranjera. He visto a amigos míos que son de Venezuela en ambos bandos, con emociones legítimas, con dolores reales, con esperanzas y miedos que respeto.

Pero yo vivo en La Guajira, en Maicao, en la primera frontera norte de Colombia con Venezuela, además, trabajo con población wayuu que tiene territorialidad ancestral binacional. Para mí estos hechos no se reducen a un debate de Twitter o de Facebook: es una realidad territorial que viviré en carne propia en los próximos días y que inquieta, pero sobre todo preocupa. 

Y desde esa legítima preocupación me permito compartir con todo aquel que quiera leer con objetividad y respeto, las ideas que todos estos hechos han traído a mi cabeza: 

Nicolás Maduro es un dictador que robó las elecciones de 2024, reprimió a su pueblo, generó el éxodo masivo más grande de la historia latinoamericana, y todo esto ha sido documentado por organismos internacionales, quienes lo han señalado como responsable de crímenes de lesa humanidad. Existen demandas en la corte penal internacional, denuncias en la ONU, informes de organizaciones internacionales que así lo han documentado y evidenciado. Esto no es una opinión, son hechos reales y verificables. 

Pero el sábado 3 de enero, en un acto de guerra simbólica pura, el gobierno de Donald Trump, ordenó y ejecutó una operación militar que dio como resultado la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, los sacaron de Venezuela en avión, y los comandos se retiraron.

Fueron trasladados a Nueva York con el objetivo de ser juzgados por crímenes como narcotrafico y otros, a quienes anuncia les caerá la furia de la fiscalía norteamericana. El presidente Trump publicó una foto de maduro con los ojos vendados y los oídos tapados, haciendo muestra de su gran victoria militar y probándole al mundo que nadie que se meta con Trump queda invicto. 

Donald Trump le contó al mundo por X, que desde su resort Mar-a-Lago en Florida, observó la operación ‘en tiempo real’ como si fuera un videojuego de alta definición. La describió como una operación ‘altamente compleja’, con ‘numerosos aviones y helicópteros’, ejecutada con ‘precisión’ y sin ‘ninguna fatalidad. En cualquier caso, su narrativa es espectacularización hollywoodense de un crimen internacional: invasión militar convertida en show de acción para consumo mediático.

Hasta ahora sigue en el poder el régimen chavista, sin Maduro pero con toda su estructura de poder intacta. Se declaró estado de Conmoción Exterior y se anunció “lucha armada” contra la agresión extranjera, y luego la vicepresidenta Delcy Rodríguez tomó posesión como presidenta. Entonces, ¿qué fue lo que hicieron? ¿No que se iba a “recuperar la democracia y la libertad en Venezuela”? ¿Dónde está Edmundo González Urrutia asumiendo la presidencia? ¿Dónde está la transición democrática? ¿Dónde está el gobierno provisional respaldado internacionalmente?

Rechazar a Maduro y rechazar la invasión norteamericana y los actos de guerra ejecutados, no es contradicción: es coherencia de principios. El derecho internacional existe para proteger a los pueblos de dos amenazas: la tiranía interna y la agresión externa. Maduro violó el primer componente. Estados Unidos violó el segundo. Condeno ambas violaciones simultáneamente.

En su rueda de prensa Donald Trump dijo que liberó a Venezuela. Pero también dice descaradamente que: ‘Empresas estadounidenses tomarán el petróleo’, ‘No gastaremos dinero, lo harán las petroleras’, ‘Vamos a administrar Venezuela’, y la cereza del pastel: con tono egocéntrico y patriarcal remata diciendo: María Corina Machado ‘no tiene el apoyo ni el respeto’ para gobernar, sólo es una buena muchacha’.

Básicamente, el gobierno gringo ocupará Venezuela militarmente, entregará su petróleo a Chevron y ExxonMobil, instalará un gobierno títere sin legitimidad popular, y financiará ocupación con ganancias del petróleo venezolano. Eso no es libertad. Eso es colonialismo abierto. Y llamarlo ‘liberación’ es el sofisma de distracción más viejo del imperialismo: renombrar el saqueo como ayuda humanitaria.

Mientras unos celebran en el exterior y otros condenan en Caracas, La Guajira se prepara para recibir el impacto. Cuando Venezuela entre en guerra civil, y entrará, porque se venían preparando con Diosdado Cabello para esto, cientos de wayuu venezolanos se desplazarán hacia territorio colombiano. Nuestro sistema de salud ya colapsado no puede absorberlos. La desnutrición infantil, ya crítica, se disparará. La frontera se militarizará. La movilidad tradicional wayuu será criminalizada. Bandas armadas venezolanas expandirán economías ilegales en nuestro territorio y nuestros propios actores insurgentes asentados en el cordón fronterizo convertirán ese espacio en una trinchera de guerra de guerrilas. El panorama no es esperanzador ni positivo. 

Muchos me dirán: ¿Defiendes a Maduro? No. Lo condeno. Otros me dirán: ¿Te opones a libertad de Venezuela? No. La defiendo. Lo que rechazo es la manipulación de tener que elegir entre un dictador criminal e imperio saqueador, que nos impone los medios y líderes políticos. Se puede y se debe ser anti-Maduro y anti-invasión simultáneamente.

La libertad real no se impone con bombarderos, el uso de la fuerza ilegal y la presion psicológica. Se construye desde abajo con la gente, con instituciones propias, recursos propios, decisiones propias. Todo lo demás es propaganda que usa palabra LIBERTAD como anestésico para justificar el crimen.

Venezuela merece democracia. No merece ocupación militar disfrazada de liberación, que en el fondo lo que busca es el control sobre el PETRÓLEO como descaradamente lo confirmó el mismo Donald Trump con sus propias palabras: “Ocuparemos Venezuela militarmente, entregaremos petróleo a corporaciones estadounidenses, ellas financiarán ocupación con ganancias del petróleo venezolano”.

Y los venezolanos no verán un centavo de su riqueza, si acaso seguirá la miseria imperando. Y esta afirmación no es un capricho, es una realidad que se palpa en la misma historia, porque ningún país que haya sido intervenido por Norteamérica ha obtenido algo bueno de eso, para demostrarlo están los ejemplos de Irak, Libia y Afganistán.

A mis amigos venezolanos que celebran: comprendo su dolor y su esperanza. Pero les advierto: lo que viene no será libertad sino caos. Y quienes lo pagarán no serán ustedes desde Madrid o Miami, sino el pueblo venezolano que quedó atrapado, y que no está unido, y cuando hay división en el pueblo, no hay esperanzas ni oportunidad para la Paz y la democracia.

Quitar del camino a Maduro no es eliminar el problema, porque Maduro es un síntoma no una causa única. Mientras persista la fragmentación o división en la ciudadanía, sacarlo del camino solo provocará una guerra civil. 

En estos momentos TODOS nos estamos preguntando: ¿Qué viene ahora? Ningún escenario es favorable para Venezuela ni para la región. ¿como quedamos la gente de la frontera en medio de este escenario? Si alguien tiene estás respuestas por favor compartanlas aquí…

Foto/X

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