Cultura
JAIME TORRES TORRES
Prensa Sin Censura
El acceso de los músicos negros a los salones de baile de la alta alcurnia y aristocracia estuvo limitado por décadas y literalmente, como se generalizó, debían entrar por la cocina.
Eso cambió gracias al Combo de Rafael Cortijo y posteriormente al trabajo de Rafael Ithier con El Gran Combo.
Es parte de su legado y se debe resaltar en la presente coyuntura porque sabemos que Puerto Rico está inmerso en una lucha de clases y un racismo, muy disimulado, pero evidente, según se observa, en los periodistas que los canales reclutan como anclas para sus telenoticiarios y también en los círculos político-partidistas del País.
Rafael Ithier y El Gran Combo empoderaron al negro en la cultura popular. Hubo canciones del Combo de Cortijo como “El negro bembón” y “El negrito de Alabama”, cuya letra recrea la historia de un negro que se casa con una rubia y horas después muere asesinado, que reforzaron los estigmas y estereotipos raciales.
Cuando en 1962 Rafael Ithier funda El Gran Combo, sin embargo, aborda el tema de la negritud con mucho decoro.
En el año 1970, en el álbum “Estamos Primeros”, incluyeron el merengue “El Negro Feliz”, interpretado por el inolvidable Pellín Rodríguez.
Me llaman el negro feliz
Porque bailo y río al cantai
Y que en el amor soy dichoso
Truquero para enamorai
Si veo una negra al pasai
De esas que en Quisqueya solo hay
Le digo con mucho cariño
«Contigo me quiero casai».
Grabaron otras inspiradas en la herencia africana, pero una que escaló las listas de éxitos fue “El Negrito” de Perín Vázquez, popularizada por Jerry Rivas.
Su letra entraña una denuncia de la discriminación y opresión hacia el negro.
Fue estampada en el lp “Nuestro Aniversario” de 1982 y fue objeto de mucha difusión radial.
Ay, si acaso un negrito
Se roba una polla
Pa echarle la olla y cocinarse un guisito.
Después que está el guiso
Se arrima un blanquito
Y hace una tramoya
Le come el guisito y hasta le roba la olla.
Alabao, cristiano, alabao
Alabao, alabao
Oiga, después el blanquito
Reclama la polla
Denuncia el negrito y le forma la de Troya.
Lo llevan a juicio
Y lo dejan frito
Y el pobre negrito tiene que pagar la polla.
Otra canción de reafirmación racial es “Carbonerito”, pegada por el difunto Papo Rosario. Una letra digna de un estudio sociológico y cultural aparte.
El tema apareció en el elepé “In Alaska: Breaking The Ice” de 1984.
Yo me casé con una negra encantadora
Una negra dulce como la miel
Y como yo soy un negro color goma
Nuestro producto salió negrito también.
Un negrito que midió veintiuna y media
Y pesó nueve con algo, casi diez
Fue tan grande la alegría que sentí yo al ver a ese niño, que en mis brazos lo tomé y le canté:
¿Dónde vas, Carbonerito?
¿Dónde vas a hacer carbón?
A la Viña-ña, a la Viña-ña, a la Viña del Señor
A esa negra yo la quiero
Con todo mi corazón
Es la madre de mis hijos
Y la dueña de mi amor
Ella tiene (ella tiene)
Bemba grande (bemba grande)
Y yo soy bien narizón
Y así feo como somos
Nos tenemos mucho amor.
Lo cierto es que El Gran Combo, conocido a mucho orgullo como Los Mulatos del Sabor, celebró con humor su herencia racial, forjando asimismo su imagen de decencia con su comportamiento dentro y fuera del escenario.
Tras las exequias de Rafael Ithier subrayamos su compromiso con el empoderamiento del negro.
A partir de las dificultades que afrontaron Rafael Cortijo e Ismael Rivera con la justicia, hubo medios muy severos que intentaron generalizar que sus problemas con la ley eran resultado precisamente de la raza; de su negritud porque la narrativa racista insistía que los músicos negros no eran de buenos modales y que eran delincuentes.
Se les solía criminalizar mediáticamente, pero Don Rafael Ithier rompió con ese estereotipo. Ninguno de los músicos de El Gran Combo se vio involucrado en escándalos.
Siempre aparecían con sus afros acicalados y elegantemente vestidos en tarima, con sus uniformes o con gabán y corbata.
Productores como Paquito Cordero, Luis Vigoreaux y Tommy Muñiz le abrieron las puertas de sus programas de televisión.
La aparición de El Gran Combo al mediodía en la pantalla chica y en los shows de variedades fue fundamental para paliar el racismo en la televisión nacional.
A veces el punto era el pintoresco Martín Quiñones, con su traviesa sonrisa sin la dentadura superior delantera, o el jaleo de La Bala tocando el saxofón o haciendo coro con la vocecita aguda de sus tiempos con Cortijo.
Don Rafael Ithier conquistó el corazón del negro puertorriqueño. Forjó una familia de la que se sintió muy orgulloso y a la que pudimos ver el pasado lunes 15 durante las exequias en la Catedral de San Juan.
Recordando hoy a Ithier también saludamos la memoria de Martín Quiñones, Eddie Pérez ‘La Bala’, Miguel Cruz hasta llegar a los días de Cuqui Santos, Papo Rosario, El Pollo Torres, Anthony García y Richie Bastar, el master bongocero e hijo del legendario Kako Bastar.
Nunca hubo la intención de ‘blanquear’ la orquesta. El Gran Combo ha conquistado al mundo con su peculiar sonoridad y personalidad predominantemente niche.
De sus apelativos, sin restarle méritos a La Bandera de la Salsa y La Universidad de la Salsa, ahora que don Rafael Ithier se ha marchado, el pueblo salsero global pudiera recordarlos no solo como ‘Los Mulatos del Sabor’, sino del Honor.
La tradición de la negritud salsera repercutió en el Apollo Sound de Roberto Roena, Los Cachimbos de Ismael Rivera, Kako y su Trabuco, en la proyección de Luigi Texidor como Negrito del Sabor, en la orquesta Tierra Negra de Roberto Angleró y Los Hijos de la Salsa hasta llegar a la época de talentos negros como Francisco Rosado ‘Pirulo y la Tribu’ y, de igual forma, La Tribu de Hiram Abrante.
Aplauso eterno para Rafael Ithier.
¡Gracias Mulato del Sabor!

