Un fuerte aplauso para Cayenito

Cultura

JAIME TORRES TORRES

Prensa Sin Censura

Sentimientos opuestos: regocijo por la excelencia musical de la presentación “Nuestra Música Jíbara es Alta Costura” y tristeza por la pobre asistencia registrada anoche en el Teatro de la Universidad.

Ver prácticamente desiertos ambos niveles del recinto invitó a reflexionar sobre la temporada: demasiados encendidos navideños, fiestas y festivales.

También pensé en la importancia del mercadeo y de la promoción mediática y como los medios limitan la cobertura de espectáculos emergentes como el de anoche en la UPR.

Cuando mencionamos el nombre de Luis Rodríguez ‘Cayenito’ aludimos a un talento Sui Generis, auténtico, genuino y con estudios en música clásica que ha logrado una fusión sumamente ingeniosa del folklore campesino con los sonidos clásicos.

De ahí el concepto de neofolclor de Cayenito, que evoca el experimento del año 1977 de Radamés Reyes Alfau, Pedro Rivera Toledo y el cuatrista Nieves Quintero en la producción de música típica sinfónica “Don Chu: El Maestro” de Jesús Sánchez Erazo, el inolvidable Chuito el de Bayamón.

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La puesto en escena de anoche, con un conjunto de cámara y la instrumentación campesina, con músicos como Ricardo Pons en el saxofón soprano y la flauta, Pedro Guzmán en el cuatro, Cándido Reyes en el güiro y la cantante Chabela Rodríguez, como invitada, además de la participación del primerísimo actor Teófilo Torres en su caracterización de Pateco, superó las expectativas de este medio independiente. 

Fue un concierto extraordinario que, filmado y transmitido en vivo por streaming con cuatro cámaras a comunidades y boricuas dispersos en Estados Unidos y otros lugares, merecía cobertura de la prensa que brilló por su ausencia en el Teatro de la Universidad.

Fue una puesta en escena inolvidable, pero deja un sabor agridulce: porque era un concierto que se necesitaba presenciar para entender lo que a veces son los caprichos de la industria, lo selectivos que son los medios corporativos y el poder del capital versus la riqueza del pentagrama nacional, representada por Cayenito, un compositor consumado de una sensibilidad e identidad mayúsculas. 

Cayenito le cantó a la familia, a la nobleza de nuestra gente, a la hidalguía de una Patria que resiste tras cinco siglos de coloniaje, a la montaña y a grandes compositores del folclore como Flor Morales Ramos ‘Ramito’, Chuito el de Bayamón y Luz Celenia Tirado, entre otros.

Anoche fuimos privilegiados con la cobertura de un concierto que merece una reposición con la promoción correspondiente, posiblemente en otro escenario, tal vez más íntimo como la Sala Experimental Carlos Marichal o la Sala de Teatro René Marqués del Centro de Bellas Artes de Puerto Rico.

Cayenito no solo cantó, sino que dirigió la orquesta de cámara y sus arreglos del seis, el aguinaldo, la bomba y la plena enriquecidos con armonías clásicas y pasajes melódicos de gran lirismo. 

El repertorio incluyó obras tales como Allá en la altura, Un jibaro terminao, Viejo, Te sigo queriendo, Villancico Yaucano, Llegaron las navidades, El pasado idealizado, No cambio mi Puerto Rico, Así es mi tierra, La Muerte del Ruiseñor, Raíz y ala y Ha llegado el momento.

De igual forma cabe aplaudir la intervención del trovador José Rivera, recomendado por Ricardo Pons a Cayenito y quien improvisó sus décimas con los pie forzados provistos por parte de los escasos espectadores.

Un fuerte aplauso para Cayenito y su equipo de trabajo por la excelencia del concierto “Nuestra Música Jíbara es Alta Costura”: un concepto que no es por encargo ni por conveniencia, sino es un credo y misión cultural honestos en el contradictorio y prostituido circuito del espectáculo y los medios corporativos.

Cayenito.

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