Ética
Por Roberto Torres Collazo
Para Prensa Sin Censura
Todos sabemos que la Navidad se caracteriza por el consumo desmedido, sin embargo, en la práctica seguimos sus dictámenes y no dudamos que pese a la gran crisis capitalista neoliberal tecnológica que experimentamos, muchos gastarán más de lo necesario debido fundamentalmente a la tiranía del consumismo.
Un consumismo donde Santa Claus es más importante que aquel que se solidarizó desde su nacimiento con los pobres.
La tiranía del consumismo se nos impone, nos manipula sutilmente de manera bella y deseable para vender, a través de sus tentáculos los medios de comunicación comercial, Internet y las redes sociales.
Nos lava el cerebro, nos satura los sentidos, haciéndonos creer que lo más importante son los regalos. Nos engaña haciéndonos sentir que somos libres, cuando en realidad en lo más profundo de nuestro ser, somos esclavos. La tiranía del consumismo con su poder reprime nuestras almas, corazones, procesos cognitivos y censura a cualquiera que se oponga a su millonario negocio, se les considera “comunistas”, exagerados de hablar de tiranía. Su mayor logro es: Compro y luego existo.
La predicación de la tiranía del consumismo es: vales cuanto tienes, las cosas valen más que las personas, las apariencias son las que mandan, la alegría reside en consumir a cualquier precio, gastar y gastar, decorar, hacer grandes comidas, tienes que regalar a todo el mundo; aunque meses después estemos con las deudas hasta el cuello. Se nos destruye nuestra humanidad. Se nos cosifica haciendo creer que las cosas valen más que las personas. Grita, ¡fuera del consumismo no hay salvación! El materialismo vulgar, las fiestas y decoraciones jamás podrán plenamente llenar nuestro interior.
Por otro lado, no son pocos los cristianos que participan en los servicios religiosos de Navidad por costumbre o tradición, no motivados a reflexionar en los rostros de Cristo en los pobres de hoy como los millones de niños y niñas víctimas de genocidios, guerras, el hambre; desamparados, huérfanos, enfermos, abusados y abusadas. Mujeres embarazadas deportadas por ser migrantes indocumentadas o sufriendo por sus hijos que tal vez son víctimas de las drogas o están encarcelados. Estas realidades generalmente no son presentadas formalmente en los servicios religiosos navideños, por ser consideradas erróneamente poco “espirituales”. Ni mucho menos se denuncia la tiranía del consumismo culpable en gran parte del daño a la Madre Tierra y muchos de nuestros males socio-económicos.
El centro de la Navidad es Cristo, quien no vino a fundar una religión o una iglesia, sino a traer las semillas de un nuevo proyecto civilizatorio basado en la práctica de la solidaridad, la compasión, la justicia, la ternura… Proyecto que necesitamos urgentemente, que nos otorga fundamento, sentido a nuestras vidas y nos muestra el camino hacia la felicidad colectiva verdadera.

