Vieques, la Marina y la ruta de la cocaína en la década del 90

Imperialismo

Por Norman Ramírez Talavera

Para Prensa Sin Censura

En los años noventa, Puerto Rico se consolidó como un corredor vital del narcotráfico internacional. La cocaína que salía de Colombia y Venezuela encontraba en la isla un trampolín ideal hacia la costa este de Estados Unidos.

En esa cadena, la costa este puertorriqueña y la isla de Vieques se convirtieron en eslabones esenciales.

Lo paradójico fue que, mientras se suponía que la presencia de la Marina de Guerra de Estados Unidos en Vieques garantizara seguridad, en realidad ocurrió lo contrario: el control militar de extensos terrenos generó zonas grises sin supervisión civil, lo que abrió la puerta a los contrabandistas.

Un reportaje del Washington Post de 1995 lo describió sin rodeos:

“Con aproximadamente 80 kilómetros de costa poco poblada y un pequeño equipo de seguridad, la presencia de la Marina terminó siendo más un imán que una barrera para los contrabandistas. Los envíos pasaban prácticamente ante la nariz de la Marina.”

(Washington Post, 1 de noviembre de 1995)

Esa “vista larga” de la Marina faci no litó que Vieques sirviera como escala discreta para el desembarco de cargamentos. Bahías aisladas, manglares y playas apartadas eran aprovechadas para descargar cocaína proveniente de Venezuela o directamente de la costa colombiana. Luego, la droga se trasladaba hacia Fajardo, Ceiba y Naguabo para continuar hacia el continente.

Un oficial de la DEA citado en el mismo reportaje confirmó el peso estratégico de la isla:

“Sirve como último puesto en la ruta del Caribe oriental, que es conducto para el 60% de la cocaína con destino a Estados Unidos que pasa por Puerto Rico.”

El contexto regional explica parte del fenómeno. En Venezuela, bajo el gobierno de Rafael Caldera (1994–1999), la crisis institucional debilitó los controles fronterizos. Las organizaciones colombianas aprovecharon ese vacío para desplazar operaciones hacia territorio venezolano y de allí lanzar cargamentos hacia el Caribe oriental, con Vieques como escala habitual.

A finales de los noventa, las agencias federales reconocían que Puerto Rico no era solo un mercado de consumo, sino una plataforma logística de escala internacional. Desde Vieques y la costa este, la droga fluía hacia Nueva York, Filadelfia y otras ciudades de la costa este norteamericana.

La paradoja es innegable: mientras la Marina bombardeaba las playas de Vieques en sus prácticas militares, las mismas costas quedaban abiertas al tráfico de cocaína. La supuesta presencia de seguridad no solo fue ineficaz, sino que terminó sirviendo como cobertura para el narcotráfico. Vieques fue militarizada, pero nunca protegida.

Imagen/Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico

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