Editorial
JAIME TORRES TORRES
Prensa Sin Censura
Coñondo ubica en el Caribe y tiene como primer mandatario a un gay cuyos asesores le insistieron que debía casarse con una mujer y publicar en las redes imágenes de su idilio, de su boda y del bautismo de sus trillizos, posibles a un vientre de alquiler.
Los mortales de Coñondo respetan su orientación, pero no la hipocresía para acceder al poder. La feca no es un secreto entre la comunidad LGBTTQ de Coñondo al igual que la de ‘honorables’ como el otrora homófobo senador escondido en el clóset hasta el día que su celular lo delató en poses pornos.
Coñondo es el país de los absurdos. La oposición al presente gobierno es la mayoría, pero es minoría a la hora de forjar y consolidar consenso pa’ darse a respetar.
En Coñondo los políticos mienten en sus campañas y ganan. Prometen servir pero llegan a servirse. El corrupto tripartidismo eclipsa razones y secuestra voluntades.
Se roban las elecciones con descarada elegancia e hipotecan el patrimonio en nombre de progreso y oportunidades para los hijos y nietos de los ‘boomers’ que se reventaron trabajando y que hoy apenas sobreviven con sus míseras pensiones en un sistema capitalista donde TODO cada día cuesta MÁS.
Coñondo, a través de su terrible y desconcertante historia, ha necesitado fabricar sus fetiches pa’ llenar sus vacíos con loas e idolatrías que periódicamente en su historia se inventa o sustrae como conejo del sombrero de un mago.
Coñondo, y sí que duele, es una aberración moral, ética, existencial y espiritual. Coñondo, con sus falsos patriotismos, se defeca sobre sus próceres y héroes nacionales.
En Coñondo los medios de comunicación maquillan la mentira con el colorete de la Verdad. A lo malo le llaman bueno y a lo bueno, malo.
En Coñondo, literalmente, los macharranes asesinan dos mujeres por semana, delante de sus hijos.
Es la isla de la impunidad; el orden público se esconde y el narcotráfico reparte el bacalao, usando puertos y aeropuertos a gusto y gana.
En Coñondo no solo abundan serpientes y caimanes; también existen zombies. Se ven a plena luz del día en semáforos como la mueca de una sociedad fracasada desde su pasado colonial de siglos de saqueo de riqueza y defecadas en sus dignidades.
Coñondo es un paraíso cosmopolita; destino del turismo global y sus diversidades: el del capitalismo, el de lavado de dinero; el de la borrachera, el sexual que jactándose de su dinero pretende que sus jóvenes mujeres se prostituyan; el turismo de joda y gentrificación.
Coñondo, ya no quisiéramos, NO es una hipérbole ni utopía. Es real. Tangible, gráfico, fílmico, teatral y descarado.
En Coñondo te enferman y matan sin que te des cuenta porque el ‘benefactor’ estado quiere lo mejor para ti y te inocula con un homicida experimento que causa estragos.
Coñondo es la sociedad de la ultra decadencia. Sus hijos se roban, insultan, traicionan y asesinan entre sí. Coñondo también es apátrida. La engendró el ultraje y la parió la codicia.
En Coñondo, en vez de alimentos, siembran paneles solares; se orinan en los abastos de agua que sacian su sed y contaminan el aire que respiran.
Coñondo es religiosamente fundamentalista. Su dios es el dinero y su mesías el decadente imperio estadounidense.
Coñondo, y sí que duele, es una aberración moral, ética, existencial y espiritual. Coñondo, con sus falsos patriotismos, se defeca sobre sus próceres y héroes nacionales.
Los jóvenes de Coñondo emigran y queda una generación en su mayor parte de ancianos enfermos y cansados, muchos de los cuales cortan por la mitad la pastillita de la presión y no pocas veces se encuentran en la disyuntiva de comprar arroz o analgésicos.
Coñondo, un puerto pobre, es el colmo de la colonia.
¡COÑO! Coñondo DUELE.

