Opinión
Por José Augusto Acevedo
Para Prensa Sin Censura
Sigo de cerca todo lo que acontece en Palestina. En estos días he empezado a ver con más claridad un vínculo doloroso entre lo que vive el pueblo palestino y lo que estamos enfrentando nosotros.
Lo que allá vemos — el despojo de tierras, la expulsión de familias — es la forma más cruel y descarnada de un viejo proyecto: el colonialismo de asentamiento.
No se trata solo de dominar un territorio. Se trata de reemplazar una población por otra. Quitarle su tierra, su cultura, su historia. Imponer otra identidad. Eso fue el sionismo en sus orígenes, con apoyo de potencias occidentales. Y hoy seguimos viendo sus consecuencias.
En pleno 2025, Puerto Rico vive su propia versión. Pero, no llegan tanques, sino aviones privados. No se disparan balas, sino que se firman contratos: la Ley 60 (hija de las leyes 20/22) es un plan legal para traer millonarios, criptoinversionistas y especuladores. A cambio de beneficios fiscales, se les abre la isla. La tierra cambia de manos. Los barrios cambian de rostro.
El resultado ya lo vemos: en Rincón, San Juan, Vieques, Dorado y otros rincones, cientos de familias puertorriqueñas han sido desplazadas. La vivienda es un lujo. Los jóvenes se van. Y los que se quedan ven cómo se imponen nuevos códigos, nuevas lenguas, nuevas formas de exclusión.
Calles, escuelas y negocios donde se deja de hablar español. Tradiciones arrinconadas. Historia nacional convertida en decorado turístico. Lo que se perfila es, como ya nos advirtieron en el infame chat de 2019, “un Puerto Rico sin puertorriqueños” (frase del operador colonial de Ricky Roselló, Elías Sánchez Sifonte).
Lo que pasa en Palestina nos recuerda que el colonialismo nunca se jubila: cambia de cara, cambia de herramientas. Aquí, hoy, se llama neoliberalismo, Act 60, Junta de Control Fiscal. Pero es el mismo despojo. Y está ocurriendo ahora. Y seguimos mirando para otro lado.
PUERTO RICO NO SE VENDE. PUERTO RICO SE DEFIENDE.

