Opinión–Educación
Nota del Editor: la serie de artículos que culmina hoy es la respuesta del columnista Néstor Díaz Valentín al ensayo publicado por el profesor Roberto Torres Collazo, titulado “La tercera ola: del odio, racismo, nacionalismo extremista a la violencia”.
Por Néstor Díaz Valentín
Para Prensa Sin Censura
La ausencia de comunicación efectiva y empatía genuina entre individuos y naciones dificulta la resolución de conflictos y la construcción de confianza.
Los malentendidos, los prejuicios y el miedo perpetúan los ciclos de violencia y desconfianza, lo que hace que sea difícil crear un mundo donde la paz y la convivencia tengan prioridad. ¿Qué es lo que se interpone en el camino de la humanidad para lograr una existencia armoniosa y pacífica en nuestra Madre Tierra compartida?
A pesar del anhelo universal de tranquilidad, estabilidad y respeto mutuo entre todos los seres vivos, persisten numerosos obstáculos, lo que nos impide realizar este ideal. Estas barreras están profundamente arraigadas tanto en el comportamiento humano como en las estructuras sistémicas, manifestándose en diversas formas como conflicto, desigualdad, degradación ambiental y falta de empatía o comprensión a través de culturas y comunidades.
En el núcleo de muchos de estos problemas está la prevalencia de la codicia y el interés propio, que a menudo eclipsan el bien colectivo. La búsqueda incesante del poder, la riqueza y los recursos ha llevado a la explotación, la división y el sufrimiento generalizado, tanto para las personas como para el planeta.
Además, las quejas históricas, las diferencias culturales y las divisiones ideológicas continúan alimentando la tensión y la hostilidad, lo que dificulta el fomento de la unidad y la cooperación a escala mundial.
La destrucción ambiental exacerba aún más el problema, ya que el fundamento mismo de nuestra existencia, los ecosistemas de la Tierra, está siendo comprometido por prácticas insostenibles.
La explotación del clima, la deforestación, la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales amenazan no solo la salud del planeta, sino también el bienestar de las generaciones futuras. Esta crisis ecológica a menudo se entrelaza con injusticias sociales y económicas, ya que las comunidades marginadas soportan la peor parte del daño ambiental mientras carecen de los recursos para adaptarse o recuperarse.
Para superar estos obstáculos, un cambio colectivo en la mentalidad y la acción es esencial. Esto incluye fomentar un sentido de ciudadanía global, donde el bienestar de todas las personas y del planeta tiene prioridad sobre los intereses estrechos de uno mismo.
También requiere abordar las desigualdades sistémicas, promover prácticas sostenibles y cultivar la compasión y la comprensión en diversas comunidades. Solo enfrentando estos desafíos de frente y trabajando juntos podemos esperar crear una Madre Tierra pacífica y próspera para las generaciones venideras.
¿La clave? EDUCACIÓN y EMPATÍA, plus.

