Apoteósica clausura del Festival Casals

Reseña-Cultura

JAIME TORRES TORRES

Prensa Sin Censura

Puerto Rico también se distingue, a pesar de su condición colonial, por sus tesoros culturales.

Que a la altura de la tercera administración consecutiva del Partido Nueva Progresista existan el Instituto de Cultura Puertorriqueña, no empece al proyecto de Thomas Rivera Schatz que lo podría diluir en el organigrama del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio, y la Corporación de las Artes Escénico-Musicales es un signo de resistencia cultural de los propios directivos del gabinete de la administración de turno.

Guste o no -o que algunos tilden la afirmación que sigue como una hipérbole- la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico es uno de los tesoros de la Nación.

Y en el marco del Festival Casals, en la coyuntura de su sexagésimo noveno aniversario [en 2026 cumplirá 70 años] el medio de información que se respete a sí mismo no debió pasar por alto el evento que finalizó anoche en la Sala Sinfónica Pablo Casals del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré.

Había que estar allí, máxime cuando la prensa corporativa ya no publica reseñas ni críticas de los conciertos de música académica. 

Prensa Sin Censura no solo cubrió la inauguración con la ópera “Ainadamar”, sino que en meses y semanas recientes ha documentado los recitales del virtuoso guitarrista Iván Rijos con la Sinfónica con Guillermo Figueroa en el podio; de igual forma las presentaciones de Humberto Ramírez y Jazz Sinfónico y el reciente concierto de Mariano Morales.

Anoche los profesores de la Orquesta Sinfónica, dirigidos por el maestro chileno Maximiano Valdés Soublette, protagonizaron una ensoñadora y grandilocuente clausura que, por la fuerte y prolongada ovación del final, respondió a las expectativas de la concurrencia, la elite que suele patrocinar este tipo de evento cultural [debe hacerse más accesible con conceptos como plena sinfónica y lo que desde hace más de 40 años presenta el director emérito Roselín Pabón con el folclor y sus jóvenes exponentes) y decenas de estudiantes del Conservatorio y la Libre de Música Ernesto Ramos Antonini.

La primera parte incluyó al renombrado violonchelista norteamericano Mark Kosower como el solista invitado en el “Concierto num. 2 para violonchelo y orquesta, Opus 50” del compositor argentino Alberto Ginastera, estructurado en cuatro movimientos: Metamorfosi di un tema, Scherzo sfuggevole, Nottilucente Cadenzae finale rustico.

La Orquesta estuvo artísticamente inmensa, con una rigurosidad soberbia en su sincronía e integración en la lectura de una obra de una partitura polifónica, que se clasifica como música clásica contemporánea o nova.

El virtuosismo de Kosower se fundamenta en su técnica, lirismo y expresivo fraseo, con esporádicos y elocuentes uso del silencio, elemento inherente a la música misma.

Director, Orquesta y solista se embarcaron en la lectura de la partitura de un majestuoso concierto de una riqueza percusiva, profuso en disonancias y contrapuntos, elementos folclóricos de la cultura sudamericana y en alegorías dramáticas, misteriosas, pasionales y de sobrado suspenso, en cuyo tercer movimiento [Nottilucente] hasta escuchamos al coquí boricua.

Kosower fue aclamado anoche en la Sala Pablo Casals y como agradecimiento regresó para regalar una interpretación solo de “Sarabande”, de Bach.

Mark Kosower fue aclamado anoche en la Sala Pablo Casals. Foto/Prensa Sin Censura

Tras el intermedio, la clausura del Festival Casals alcanzó un arrollador y subyugante clímax con la poderosa interpretación de la Orquesta Sinfónica y su director Valdés de la “Sinfonía num. 5 en do sostenido menor” de Gustav Mahler, quien la escribe entre 1901 y 1902, pero en cada concierto le incorpora nuevos elementos hasta prácticamente su muerte en 1911.

Predominantemente intensa, exuberante a veces, impredecible, violenta y sutil, apasionada y luctuosa. Sensaciones que destilan sus cinco movimientos [Marcha fúnebre, Tormentoso, Scherzo, Adagietto y Rondó-Finale] como colofón o apoteósico cierre del Festival Casals 2025.

La “Sinfonía num. 5 en do sostenido menor” de Gustav Mahler es comparable con el canvas en blanco en que los profesores pintan su virtuosimo y elevada estatura artísticas, empleándose los metales y las maderas a sus anchas, con una sutil participación de las cuerdas, con contrapuntos de extrema hermosura y lirismo; en el marco de una dinámica precisa en perfecta sincronía que, aunque proyecta a varios profesores como solistas, la sensación final es que el inconmensurable impacto de la ejecución se debe atribuir al colectivo sinfónico y a su director titular.

Cabe señalar que tras el segundo movimiento no pocos espectadores aplaudieron [se supone que sea al final] y que Valdés amonestó a varias personas sentadas en la primera fila por hablar en voz alta y usar sus celulares, lo que revela que parte de la elite desconoce las normas de la cultura sinfónica. Todo lo contrario con la disciplina y concentración mostradas por los estudiantes presentes.

Ginastera y Mahler son leyendas inmortalizadas por sus obras. Anoche, si es cierto que las espiritualidades trascienden tiempos, galaxias y temporalidades, de seguro ocuparon alguna butaca de la sala sinfónica para deleitarse con el espectacular cierre del Festival Casals 2025.

Maximiano Valdés es el director titular de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, un tesoro de la Nación puertorriqueña. Foto/Prensa Sin Censura

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