Otra jornada de ensueño con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico

Reseña-Cultura

JAIME TORRES TORRES

Prensa Sin Censura

Atrapado el País, mediáticamente hablando, en un culto a la superficialidad, el ruido y lo procaz, cada concierto de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico es oportuno para respirar ESPERANZA. 

Los profesores de la Orquesta Sinfónica son baluartes de la cultura nacional. Formados -parte de ellos- en las escuelas libres de música, en el Conservatorio y en instituciones de educación superior internacionales, en cada recital garantizan una experiencia sublime. 

Así lo demostraron anoche en el undécimo Concierto Clásico de la temporada 2024-2025, pero sin el público esperado si recordamos que cada puesta en escena es invaluable por una sencilla razón: es música que edifica el espíritu y enriquece el intelecto.

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Anoche el director titular de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, Maximiano Valdez explicó que por gestiones de visado la directora brasileña invitada para el concierto, Ligia Amadio, no  se pudo presentar y, por consiguiente, el programa no incluyó la obra “Bachianas Brasileiras # 4” del compositor carioca Heitor Villa-Lobos.

En su lugar, la Orquesta Sinfónica presentó la obertura de la ópera El holandés errante (Der fliegende Holländer) de Richard Wagner, que se remonta a 1841. 

Con una lectura precisa de los profesores y la articulación desde el podio de una partitura conocida a la perfección por el director Valdés, la apertura arrancó un fuerte aplauso por el dramático balance de cuerdas y metales y los pasajes e interludios de violines de subyugante lirismo.

La solista invitada de la noche fue la joven percusionista francesa Adelaide Ferriere, protagonista del “Concertino para marimba y orquesta, Op. 21” de Paul Creston.

¡Toda una virtuosa de la marimba! El primer movimiento (Vigorous) es oportuno para comunicar que conoce la obra de memoria y, con su técnica con los malletes en escalas altas, que puede armonizar con el dinamismo de la partitura.

En el segundo movimiento (Calm) usó cuatro malletes en una interpretación sugerente, sublime e hipnotizante en sincronía y armonía con los pizzicatos de las cuerdas (violines, violas, chelos y contrabajos).

El tercer movimiento (Lively) le mereció el sólido aplauso del escaso público presente anoche en la Sala Sinfónica Pablo Casals.

Adelaide Ferriere regresó para desde el snare o redoblante, con mallete, escobilla y palos de madera, demostrar su virtuosismo, mereciendo otra ovación de pie. [Imagino que conocerá algo de la leyenda Tito Puente]

Tras el intermedio, la Orquesta Sinfónica y su director Maximiano Valdés condujeron al auditorio a un excelso, sensible, melodioso y hermoso viaje por la memoria de la “Sinfonía número 2 en re mayor, Op. 73” de Johannes Brahms, otra oportunidad -como reseñamos arriba- para apreciar y maravillarnos con la magistral ejecución de la Sinfónica, su impecable lectura y dominio de la obra, evidente en los hermosos contrapuntos de cuerdas, metales y maderas y el diálogo de violines y violas desde la técnica del pizzicato o pellizcos de las cuerdas con los dedos.

El undécimo Concierto Clásico de la Orquesta Sinfónica fue un deleite para  el alma.

Prensa Sin Censura se ha convertido prácticamente en el único medio que cubre los conciertos de nuestra Orquesta Sinfónica. 

Eso dista demasiado del pasado en que cada medio tuvo sus críticos de música clásica. 

Promovamos los conciertos de la Orquesta Sinfónica para que el arte elegante y la música clásica de excelencia sigan enriqueciendo intelectos y forjando espiritualidades en el presente desierto mediático de culto a lo pedestre y banal.

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