Nota del Editor: El pasado 3 de abril se conmemoró el vigésimo aniversario del paso a la inmortalidad del cantautor Tony Croatto. Lo recordamos con las memorias de su colaborador y amigo, el compositor y músico Alexis Morales-Cales.
ALEXIS MORALES-CALES
Para Prensa Sin Censura
Al terminar la 2da Guerra, Narciso Croatto y su familia se embarcan rumbo a América en busca de un futuro mejor. Se establecen en Uruguay, cerca de la frontera con Argentina. Narciso enseñó a sus hijos a tumbar árboles y aserrarlos hasta lograr los tablones y demas piezas de madera.
A los catorce años su hijo Hermes, en un acto de rebeldía, se marcha del hogar. Durante tres años, el paso de la niñez a la edad adulta, Hermes vivió en las pampas, siendo su primer oficio el de guía de ganado, llevando reses de un estado a otro.
Durmió muchas noches a campo raso, calentándose con una fogata, la misma que usaba junto a sus compañeros gauchos para preparar sus churrascos frescos. Aprendió a tocar guitarra para cantar junto al resto las coplas milongueras de las pampas. “Era una música igual, sin variaciones, para toda la extensión pampera de millones de acres”.
Con la vegetacion pasaba lo mismo: un paisaje unicolor que no cambiaba día tras día de viaje. En el cual se destacaba el OMBÚ, arbol solitario, del cual nunca se ven dos juntos. Los gauchos se identificaban con ese árbol y lo mencionaban mucho en sus canciones. Al trabajo de guía de ganado le siguió el de leñador en la industria maderera de Uruguay.
La aventura de 3 años en los bosques de Uruguay fue una historia de lucha por la supervivencia. Como dijera Atahualpa Yupanqui, andar y andar los caminos sin nadie que te entretenga, y en cambio enfrentar los peligros del camino. De noche, ahuyentar las arañas y otras especies venenosas con ungüentos y una fogata en la oscuridad. De día, otros peligros como la serpiente voladora. Que en realidad no vuela, sino que se lanza desde la copa de un árbol girando en remolino, produciendo un silbido aterrador antes de enroscarse en sus víctimas. Para los guías de ganado de las pampas tal reptil era una rutina diaria, y ya tenían el remedio. Cuando sentían el silbido y el remolino de viento de la serpiente voladora, levantaban un machete para que la serpiente se enroscara partiéndose en pedazos. Los encuentros con la serpiente voladora y demás peligros de los bosques fueron parte de la historia, traumas y lecciones de la vida de Hermes David Faustino Croatto Martinis.
Ese fue el que llegó a Puerto Rico como invitado y se hizo residente.

