La salvación no es una teología de la prosperidad

Séptimo y último de una serie.

Publicado por Antonio Spadaro y Marcelo Figueroa

La Civiltà Cattolica

Desde el comienzo de su pontificado Francisco ha tenido presente el «evangelio diferente» de la «teología de la prosperidad», y, para criticarlo, ha aplicado la clásica Doctrina Social de la Iglesia.

Varias veces lo ha recordado para poner en evidencia sus peligros. La primera vez fue en Brasil, el 28 de julio de 2013. Dirigiéndose a los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano, señaló con el dedo el «funcionalismo» eclesial, que constituye «una suerte de “teología de la prosperidad” en lo organizativo de la pastoral».

Esta termina entusiasmándose por la eficacia, el éxito, el resultado constatable y las estadísticas favorables. La Iglesia tiende así a asumir «modalidades empresariales» que son aberrantes y alejan del misterio de la fe.

Hablando de nuevo a obispos, pero esta vez en Corea, en agosto de 2014, Francisco citó a Pablo (1 Cor11,17) y a Santiago (2,17), que reprochan a las Iglesias que viven de manera tal que los pobres no se sienten en ellas en su propia casa. «Esta es una tentación de la prosperidad», comentó. Y prosiguió: «Estén atentos, porque su Iglesia es una Iglesia en prosperidad, es una gran Iglesia misionera, es una Iglesia grande. Que el diablo no siembre esta cizaña, esta tentación de quitar a los pobres de la estructura profética de la Iglesia, y los convierta en una Iglesia acomodada para acomodados, una Iglesia del bienestar… no digo hasta llegar a la “teología de la prosperidad”, no, sino de la mediocridad».

Las referencias a la «teología de la prosperidad» pueden reconocerse también en las homilías de Francisco en Santa Marta. El 5 de febrero de 2015 el Papa dijo con claridad que «la salvación no es una teología de la prosperidad», sino que «es un don, el mismo don que Jesús había recibido para darlo». Y el poder del evangelio es el de «expulsar los espíritus impuros para liberar, para curar».

En efecto, Jesús «no da el poder de maniobrar o de hacer grandes empresas». El mismo pensamiento repitió Francisco, siempre en Santa Marta, el 19 de mayo de 2016. Algunos, dijo, creen «en la llamada “teología de la prosperidad”, es decir, Dios te hace ver que eres justo y te da muchas riquezas». Pero «es una equivocación». Por eso, también el salmista dice: «No apegues el corazón a las riquezas». Para hacerse comprender mejor, el Papa recordó el episodio evangélico del «joven rico al que Jesús amó, porque era justo»: él «era bueno, pero estaba apegado a las riquezas, y esas riquezas, al final, se convirtieron para él en cadenas que le quitaron la libertad de seguir a Jesús».

La visión de la fe propuesta por la «teología de la prosperidad» está en clara contradicción con la concepción de una humanidad marcada por el pecado y con la expectativa de una salvación escatológica, ligada a Jesucristo como Salvador y no al éxito de las propias obras. Por tanto, encarna una forma peculiar de pelagianismo, en contra de la cual Francisco ha advertido a menudo.

En efecto, en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate escribió que hay cristianos empeñados en seguir el camino «de la justificación por las propias fuerzas, el de la adoración de la voluntad humana y de la propia capacidad, que se traduce en una autocomplacencia egocéntrica y elitista privada del verdadero amor». Esta se manifiesta en muchas actitudes aparentemente diferentes entre sí, entre ellas «el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial» (n. 57).

La «teología de la prosperidad» expresa también otra gran herejía de nuestro tiempo, a saber, el «gnosticismo»: en efecto, afirma que con los poderes de la mente es posible plasmar la realidad. Esto es particularmente evidente, por ejemplo, en el trabajo y en la gran influencia de Mary Baker Eddy (1821-1910) en la Iglesia y en el movimiento de la Ciencia Cristiana. Como escribe Francisco en Gaudete et exsultate, el gnosticismo quiere por su propia naturaleza domesticar el misterio de Dios y de su gracia. «Usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales. Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro». Una fe utilizada para manipular mentalmente, psíquicamente la realidad «pretende dominar la trascendencia de Dios». (n. 41).

Síntesis

El «evangelio de la prosperidad» está muy lejos de la invitación de san Pablo que leemos en el párrafo de 2 Cor 8, 9-15: «Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (vers. 9).

Y también está muy lejos de la profecía positiva y luminosa del «sueño americano» que fue inspiración para muchos. Así es: la «teología de la prosperidad» está lejos del «sueño misionero» de los pioneros norteamericanos, y más aún del mensaje de predicadores como Martin Luther King y del contenido social, inclusivo y revolucionario de su memorable discurso «Tengo un sueño».

Foto/masfe.org

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