In Memoriam
JAIME TORRES TORRES
Prensa Sin Censura
En su oficina había una lámina con un mensaje contundente: la imaginación es más importante que el conocimiento.
En 1986 llegué crudito a la Redacción de Por Dentro del recién estrenado edificio de El Nuevo Día en el Parque Industrial Amelia en Guaynabo.
Gloria corregía mis reseñas de discos en papel porque las escribía en una maquinilla automática y desde Río Grande manejaba a Guaynabo para entregárselas.
Nada de correos electrónicos, móviles, Internet y redes sociales. Cuando me entrevistó me preguntó de qué me gustaba escribir.
“Lo único de salsa que publicamos son noticias de Willie Colón y Rubén Blades”, me respondió [por respeto a su memoria me reservo lo que añadió].
Pronto entendí que mi misión era que El Nuevo Día publicara notas de cultura popular y específicamente sobre la salsa, así como logré que Radio Universidad diversificara su formato de música clásica y programas educativos gracias a la visión de su entonces coordinador de programación Julio Torresoto, que autorizó la producción “Tropicalísimo” que un año después, tras mi renuncia, continuó Tite Curet Alonso con un formato tipo anecdotario.
De manera sutil y estratégica esporádicamente le sugería a Gloria la cobertura del género, como cuando el gobernador Rafael Hernández Colón dedicó una fiesta en La Fortaleza a los nominados al Grammy en 1987, entre los que se encontraba Héctor Lavoe; el éxito de Frankie Ruiz con “Solista pero no solo”, las ventas millonarias de Eddie Santiago certificadas por la RIAA; la presencia de hits salseros en los charts de Billboard; la contratación de orquestas y cantantes por multinacionales o la aclamación internacional de El Gran Combo.
“Si no lo hacemos, lo hará la competencia”, le llegué a comentar, respondiendo que lo conversaría con Carlos Castañeda [el director del diario].
Ante la resistencia a la salsa, mis primeras reseñas eran limitadas a la balada pop y al rock en español, durante la época de consolidación de Miguel Mateos, Mecano y Soda Stereo, con el eterno Gustavo Cerati, a quien cubrimos en la Plaza Dársena del Viejo San Juan.
Poco a poco, en medio del boom de la salsa erótica, incluimos algo de Tommy Olivencia [no olvido cuando me dijo que era feísimo], Eddie Santiago y el incipiente Luis Enrique.
Gloria era muy hábil. Para distraerme de la salsa me asignó sendas investigaciones sobre la payola en la radio puertorriqueña y la piratería de discos, reconocidas con los premios Morality In Media e INTRE.
Bajo la tutela de Gloria Leal maduré como redactor y durante la administración de Iris Landrón continuó la evolución periodística hacia la excelencia, norte cotidiano que asumo con humildad y respeto al oficio.
La frase que leí en su oficina me impactó: la imaginación como complemento del conocimiento. El reto era [y 40 años después aún es] contar historias de una manera distinta, olvidando la pirámide invertida y las respuestas a las 6 preguntas básicas: quién, qué, cómo, dónde, cuándo y por qué.
Un viernes me asignó la cobertura de un concierto de Rubén Blades en Bellas Artes. El lead de mi reseña fue: Parecía una tertulia entre amigos. La charla amena e informal… ¡Fue la portada de espectáculos el siguiente lunes!
Siempre agradeceré a Gloria la oportunidad. El Periodista que soy y el celo por la cultura son posibles gracias a la semilla de la pasión que plantó y forjó en mí y que posteriormente cultivó su leal e incondicional asistente Iris Landrón.
“Jaimeeeeee, ¡pasa por la oficina!”
Descansa en paz, Gloria Leal.

