Reseña
JAIME TORRES TORRES
Prensa Sin Censura
Es un lujo; un privilegio; un regalo, un honor y una BENDICIÓN presenciar en concierto al virtuoso de la guitarra Iván Rijos.
Hijo de Río Grande, pueblo de nuestro domicilio por 50 años, hubiera sido imperdonable no acreditarnos para la cobertura del 9no Concierto de la Temporada 2024-2025 de la Orquesta Sinfónica, celebrado anoche ante un entusiasta público, con muchos jóvenes, en la Sala Pablo Casals del Centro de Bellas Artes de Puerto Rico.
Todo estudioso de la guitarra clásica pudiera regalarse la experiencia de presenciar un recital de Rijos, cuyo virtuosismo lo proyecta internacionalmente como una LEYENDA y su humildad dentro y fuera del escenario como un MITO.
El noveno concierto comenzó con la interpretación de la obra “Cockaigne”(In London Town) Opus 40, de Edward Elgar dirigida por otro inalcanzable: el maestro Guillermo Figueroa, egregio personaje puertorriqueño de la música académica reconocido a nivel internacional y quien fue titular de la Sinfónica.
Una dirección temperamental y sutil, dramática e intensa a veces, con una lectura articulada y precisa de los profesores de la Orquesta Sinfónica precede la esperada aparición de Rijos.
La interpretación de “Cockaigne” fue un exquisito entremés donde el director invitado y orquesta se integran a la perfección, con pasajes y contrapuntos de cuerdas y metales de sublime lirismo y violenta y exuberante pasión, como si pintaran un óleo a la libertad.
Con Figueroa a la batuta de una configuración sinfónica más compacta, Iván Rijos fue el solista invitado del “Concierto núm. 1 en re mayor para guitarra y orquesta, Op. 99” del compositor italiano Mario Castelnuevo-Tedesco, obra que le comisionó el eterno Andrés Segovia.
Pasajes a dúo con la flauta del profesor Josué Casillas; interludios a capella profusos de prístinos acordes; elocuente uso del silencio; técnico dominio del diapasón y despliegue de arpegios gloriosos sintetizan la experiencia que Rijos obsequió en los movimientos Allegretto, Andantino alla romanza y Ritmico e cavalleresco.
El virtuosismo de Iván Rijos se sustenta también en su integración a la Orquesta, logrando una simbiosis estupenda; ambos entes como elementos complementarios, tal para cual.
La ovación de pie fue tan prolongada [no recordamos que otro solista haya sido tan aclamado] que Rijos regresó para interpretar solo “Un sueño” de Juan Pacheco.
Tras el intermedio, la Orquesta Sinfónica y Guillermo Figueroa regresaron para interpretar la “Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor, Op. 55” (Heroica) de Ludwig van Beethoven.
Escrita entre 1803 y 1804, inspirada originalmente en el heroísmo de Napoleón, para la dirección de la densa y dinámica obra de cuatro movimientos el maestro Figueroa no necesitó la partitura en el podio.
La conoce a la perfección y así la dirigió, logrando una versión intensa, dramática, tenue y acariciante a veces, avasalladora y apasionada, con una Orquesta a sus anchas, en una de las interpretaciones más apabullantes e impactantes de las recientes temporadas de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.
Anoche la Sala Sinfónica Pablo Casals fue escenario del excelente y magistral desempeño de Iván Rijos y Guillermo Figueroa. Y los jóvenes estudiantes presentes fueron testigos de la trascendencia del talento de dos leyendas boricuas de la música académica.






