Trump, la verdadera cara  de un Imperio en decadencia

Análisis

Antonio Camacho Negrón

No me cabe la menor duda que ustedes, al igual que miles de millones de personas alrededor  del mundo, se sienten atónitos ante las groserías de Donald Trump. ¿Quién no se espanta ante su prepotencia, ademanes bruscos, comentarios fuera de tono, amenazas de tomar a la fuerza el Canal de Panamá y a Groenlandia, la persecución de los indocumentados, el despido de empleados públicos, las intimidaciones contra la comunidad no heterosexual, la manera humillante en que trató al presidente ucraniano Zelenski –independientemente de nuestras simpatías– entre otros muchos desmadres?

En esta exposición trataré de interpretar y darle sentido a toda esa nebulosa que rodea a este macabro personaje y a sus actuaciones políticas. Naturalmente, en mi corta intervención, no es posible cubrir toda la información necesaria, pero trataré de brindarles algunos datos que podrían ayudarles a tener una idea más clara sobre los métodos políticos de Trump en el acontecer interno de EE. UU. y en la esfera mundial.

Durante mi participación intentaré contestar las siguientes preguntas:

1— ¿Regresó Trump para hacer grande a EE. UU. otra vez o para precipitar la decadencia del imperio?

2— ¿Por qué su obsesión de apoderarse del Canal de Panamá, Groenlandia y convertir a Canadá en un estado?

3— ¿Por qué, contrario a las políticas anteriores de EE. UU., ese acercamiento a Rusia en menosprecio y rechazo al gobierno de Zelenski y a la Unión Europea al mismo tiempo que aprieta el cerco contra Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán?

4— ¿Por qué su guerra comercial en detrimento de la clase trabajadora norteamericana, la más perjudicada por el alza en el costo de vida como resultado de la imposición de arbitrios a las importaciones?

5— ¿Por qué se distancia y crea conflictos con los antiguos aliados: la Unión Europea, México, Canadá y Ucrania?

6— ¿Por qué esa obsesión contra los indocumentados y la comunidad no heterosexual?

Para poder contestar esas preguntas con un análisis objetivo sobre la realidad de EE. UU. y las ejecutorias de Trump, debemos, no obstante, tener en cuenta las siguientes premisas:

1. EE. UU. como una ceiba verde y frondosa con las raíces enfermas, es un imperio en franca decadencia que no resiste la próxima tempestad. Lo que documentaremos más adelante. 

2. La existencia en EE. UU de dos grandes poderes económicos que a pesar de estar entrelazados, tienen contradicciones irreconciliables. El poder industrial representado mayoritariamente por el Partido Demócrata y el poder parasitario financiero representado por el Partido Republicano y formado por los mercados de valores, aseguradoras, bancos y bienes raíces.

Dos grandes poderes siempre en pugna por controlar el instrumento del Estado financiando a los aspirantes a puestos políticos para que impulsen agendas económicas y estrategias mundiales acordes a sus intereses.

Ustedes se preguntarán ¿si son poderes entrelazados cómo es posible que luchen entre sí?

Déjenme darles algunos ejemplos para que lo puedan entender.

El poder financiero es parasitario, no produce nada, sin embargo, se incauta de una buena parte de la ganancia del poder industrial que es el que produce. No solamente se apodera de esa buena parte de la ganancia generando interés sobre interés en intereses compuestos sobre hipotecas y préstamos, sino que va más allá, acapara las acciones de las compañías para controlarlas y obligar a sus directores a invertir las ganancias, que tradicionalmente se emplean en invención, innovación y expansión, en la recompra de sus propias acciones para inflar su precio y tener a corto plazo mejores dividendos. No les importa el futuro de la industria ni la producción nacional. Lo único que les importa son las ganancias a corto plazo.

Como consecuencia de este esquema financiero, el valor de las acciones de muchas compañías sobrepasa decenas de veces el valor real de las mismas. Lo más absurdo de todo esto es que la agencia federal que se encarga de las estadísticas económicas, el Buró de Análisis Éconómico de EE. UU. (BEA) por sus siglas en inglés incluye estas inflaciones ficticias de valoresen el Producto Interno Bruto nacional sin tomar en cuenta como las mismas obstaculizan el crecimiento industrial. Las incluye para aparentar un crecimiento económico inexistente y poder seguir sosteniendo ficticiamente el valor del dólar y por tanto el atractivo de los bonos del tesoro. Si elimináramos todas estas partidas ficticias, producto de los esquemas financieros, China hace años que aparecería en las estadísticas mundiales con un Producto Interno Bruto superarior a EE. UU. Esos esquemas en China no son permitidos.

Es importante para nuestro análisis que comprendamos que en este momento el gobierno de EE. UU. está en manos del poder financiero parasitario. Gran parte de la riqueza de Trump y de sus allegados, como Elon Musk, proviene de ese esquema que hemos mencionado. Y sus mayores inversiones son en el sector inmoviliario –bienes raíces-, acciones corporativas, bancarias y seguros.

Aunque a ustedes les parezca ficción, cuando participan en las elecciones y depositan su voto -no importa por quien-, están votando por los intereses de uno de estos poderes, no por lo que verdaderamente le conviene al pueblo. Y cuando paga la hipoteca de la casa, el préstamo de estudios, del automóvil, ect. al igual que el campesino con la libreta de jornalero o el ciervo de la gleva que le pagaba al señor feudal por el arrendamiento de la tierra, usted le paga durante toda una vida al capital financiero parasitario por el usufructo de su vivienda. Estos nuevos señores feudales, son los dueños de un casino global que poquito a poquito se va quedando con el dinero de toda la Humanidad. La Junta de Control Fiscal y los funcionarios que el pueblo ingenuamente elige, por ejemlo, son parte de ese casino. Y mientras exista, Puerto Rico jamás podrá salir del atolladero.

Otro ejemplo. Europa tiene el Euro, moneda que en gran medida desplazó al dólar en sus transaciones internas. Inglaterra, la libra esterlina con poder más allá de sus fronteras, pero el yuan chino sigue ganando terreno en las transaciones internacionales. Como todos sabemos, por lo menos los que no estamos nublados por la propaganda oficial, los gobernantes europeos y los demócratas en EE. UU., representantes del poder industrial, en particular el complejo militar, fueron los responsables de la guerra entre Rusia y Ucrania. Siempre han añorado dividir a Rusia y apoderarse de su territorio y recursos naturales. 

Una guerra en la cual le han impuesto a Rusia, para asfixiarla, más de veinte mil sanciones. Contrario a lo esperado, la economía y complejo militar ruso se han fortalecido, mientras, para la economía y complejo industrial europeo ha sido desastroso.

¿Cuál ha sido el resultado de estas sanciones? Rusia se vio obligada a estrechar sus lazos económicos, políticos, militares con China, fijar el valor de su moneda, el rublo, al oro, negociar con otros países en sus propias monedas y crear un sistema de pagos independiente del sistema de pagos interbancario occidental  SWIFT. Medidas todas, que junto a la ampliación de los países que integran los BRICS, socavan la fortaleza del dólar, y, por consiguiente, debilitan el poder financiero de EE. UU.

Cuando Trump amenaza a los Países de los BRICS con imponerle 200% de arbitrios si crean una moneda alternativa al dólar, es porque sabe muy bien que un debilitamiento del dólar arrastraría a EE. UU. a una crisis financiera peor que la del 2008 y que las medidas que se tomaron entonces con el rescate descarado de los grandes bancos con dinero gratuito de la Reserva Federal, no se podrán tomar ahora sin provocar un levantamiento social impredecible.

Ante esta coyuntura, Trump y los miembros de su gabinete tienen meridianamente claro que las únicas alternativas para prolongar la existencia del imperio como potencia unipolar son las siguientes:

1–  Apoderarse de territorios y recursos naturales a la vieja usanza como lo han estado haciendo en Siria y amenazan hacer con Dinamarca y Panamá.

2– Presionar política y económicamente a los países con amenazas, sanciones y arbitrios para que cambien su forma de gobernarse, cedan sus recursos naturales o se alineen a las políticas imperiales como han estado tratando de hacer con Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán e intentan hacer con Canadá, México, Brasil, Ucrania y la Unión Europea.

3– Socavar las relaciones con sus viejos socios, particularmente con una Unión Europea sin recursos naturales, una economía agotada y una poblacion envejecida y aprovechar la situación geopolítica mundial para estrechar lazos con Rusia que tiene una población jóven, un extenso territorio, cuantiosos recursos naturales y una alta tecnología.

Sin lugar a duda, los estrategas de la geopolítica imperial creen que una relación estrecha con Rusia, además del acceso a sus vastos recursos naturales, le ofrecería a EE.UU. nuevas oportunidades comerciales y estabilidad geopolítica en regiones como el medio Oriente donde tienen intereses comunes. También creen que abre las puertas para una mayor cooperación en la seguridad global en la lucha contra el terrorismo y la proliferación nuclear. En teoría ese acercamiento a Rusia le permitiría al imperio ejercer una mayor influencia mundial y socavar las estrechas relaciones de Rusia con China, Corea del Norte e Irán y su apoyo a Cuba, Venezuela y Nicaragua. 

Sin embargo, todas estas expectativas son meras pretenciones muy alejadas de la realidad objetiva respecto al imperio y a un nuevo mundo multipolar. Veamos por qué. 

1. Cuando Trump impone nuevos aranceles a las importaciones aumenta el costo de vida en EE.UU. lo que empobrece aún más a la clase trabajadora norteamericana. 

2. El aumento del precio de los productos exportados reduce significativamente su demanda lo que a la vez reduce los ingresos de los países exportadores. Una vez se reducen sus ingresos, los países exportadores disponen de menos dinero para comprar los productos de EE. UU.  y pagar sus deudas en dólares. Lo que crea un círculo vicioso que contrae aún más la economía de EE.UU.

3. En la esfera económica mundial, China no es desplazable y mucho menos con el crecimiento de los BRICS.

4. El endeudamiento de EE.UU. es imparable y su fraudulento esquema financiero no es sostenible.

5. Independientemente de sus políticas, las fábricas que abandonaron su territorio no van a volver. Producir en EE.UU. las hace menos competitivas, más aún, cuando sus productos están sujetos a los altos arbitrios de los países afectados por la situación imperante.

6. No importa el empeño de los estrategas gringos, las relaciones entre Rusia y China son tan sólidas que no hay manera de quebrarlas.

7. El uso de monedas nacionales en las transacciones entre naciones hacen inevitable la continua decadencia del dólar.

8. La desconfianza que ha creado Trump entre los viejos socios del imperio tomará décadas en subsanar.

9. Mientras que EE. UU. se aferra a un mundo unipolar donde sean ellos los máximos beneficiados; la movida de Rusia y el Sur Global es hacia el mundo multipolar donde no haya perdedores y todos se beneficien.

Ante esta realidad, no hay manera de hacer grande a EE.UU. otra vez. Trump en su ceguera de mesianismo megalomaniaco cree que con sus políticas le echa abono a las raíces del imperio. No tiene la menor idea de que lo que le echa es herbicida que acelera su muerte.

¿A que conduce todo esta situación?

Todos los imperios en su decadencia producen su propias figuras emblemáticas. Roma tuvo a Nerón y Calígula, Francia a Luis XVI y Estados Unidos hasta ahora a Donald Trump. En el estado de decadencia, los imperios son como animales heridos, dan golpes a diestra y siniestra. Con tal de mantener su hegemonía, y el poder y privilegios de su clase dominante, fomentan el culto a la personalidad del líder y trastocan todo a su paso. Destruyen los programas de bienestar social, los derechos adquiridos de los trabajadores, las garantías constitucionales, el derecho internacional, etc.

Y para dividir la sociedad y distraer la atención, promueven el prejuicio e intolerancia contra grupos etnicos y otros sectores, realizan purgas masivas en la administración pública para colocar a sus acólitos, maniatan la prensa que no sea incondicional y persiguen a la oposición.

Trump es la verdadera cara del imperialismo en su decadencia. Ha estado ejecutando todas esas medidas. No disfraza sus intenciones con falacias de democracia y derechos humanos, ajenas a la naturaleza de los imperios. Lo que indica que EE. UU., en la medida en que se acelera su decadencia, se mueve sigilosamente a hacia un totalitarismo fascista para “preservar su hegemonía.” 

Totalitarismo que le permitiría imponer sin contemplaciones los viejos métodos imperiales .

Para terminar, me hago eco de las palabras de Christ Hedgesen en el artículo “La Purga del Estado Profundo y el Camino a la Dictadura”, traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo.

“La ley de la constitución del Día de la Bandera y del cumpleaños de Trump presentada por la congresista Claudia Tenny es un indicador de lo que vendrá detrás. La ley designará fiesta nacional el 14 de junio para conmemorar el cumpleaños de Donald Trump Jr. Trump y el Día de la Bandera. El siguiente paso son los desfiles coreografiados con retratos sobredimensionales del gran líder…”

“…La censura y la represión estatal irán en aumento. Quienes tienen conciencia se convertirán en enemigos del Estado. La resistencia, cuando se produzca, se expresará en erupciones espontáneas que se manifestarán fuera de los centros de poder establecidos. Estos actos de desafío se enfrentarán a una brutal represión del Estado. Pero si no resistimos sucumbimos moral y físicamente a la oscuridad. Nos convertimos en cómplices de un mal radical, algo que nunca debemos permitirnos…”

(Esta ponencia fue presentada en los actos de conmemoración del Natalicio de Juan Antonio Corretjer, el 3 de marzo de 2025 en el Paseo Lineal Juan Antonio Corretjer en Ciales.)

Donald Trump. (Foto/Casa Blanca)

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