JAIME TORRES TORRES
Prensa Sin Censura
El legado musical de Pedro Rivera Toledo es inconmensurable y su obra familiar igualmente trascendental.
Con su fallecimiento, a los 82 y tras varios años de convalecencia luego del derrame que en 2022 le sorprendió mientras impartía sus clases en la Facultad de Música de INTER Metro en Cupey, ha sido evidente -públicamente hablando- un detalle que sus allegados conocían: su abnegación e inmenso Amor por su Familia.
Prensa Sin Censura conversó con su hijo Pedro, su discípulo, asistente y quien sigue sus pasos en la música como arreglista e ingeniero de grabación. A don Pedro no le faltó el calor de sus seres amados, pero el desenlace, aunque doloroso, le provoca paz a su viuda doña Edna, y a sus hijos Vivian, Diana y Pedrito porque ya no sufre.
“Para esto nadie se prepara. Es un poco duro, pero nos queda la satisfacción de que él está descansando ya. Su salud estuvo muy comprometida y llegó un momento en que sufría y no era justo tampoco por más que uno lo quisiera tener aquí con uno. Nos encantaría tenerlo, pero… Así es la vida y el show tiene que continuar”.
El derrame lo sorprendió en 2022, mientras impartía sus clases en la Inter Metro. Su hijo Pedro se percató de la emergencia al conversar con él. “Fue una cosa rara. Mi hijo iba a comenzar a estudiar música en la Interamericana. Llamé a papi y lo noté raro hablando. Al otro día supe lo que estaba pasando. Él estaba dando clases. La vida nos permitió disfrutar tres años”.
Pedro, fallecido a los 82 años, albergó la satisfacción de la investidura de un doctorado Honoris Causa de la Universidad Interamericana por su aportación a la música.
“Le dieron el doctorado y fue bien gratificante para él. Estaba bien emocionado. Se vivía la música. Lo que hizo se lo vivió al máximo. El hacía esto porque era un artista”.
Pedrito recordó a su padre como amigo, compañero y jefe. Su aprendizaje es vasto. Tanto así que siguió sus pasos, como también lo hace su nieto Antonio L. Rivera Serra.
“Aquí [en Puerto Rico] de los más que entendían de las cuerdas era él. Mucho que aprendí de él sobre ese tema. Era impresionante la forma en que él podía manejarlas”, recordó.
“Hay muchas anécdotas con él, como amigo, el mejor que tuve. Como jefe, súper exigente. Era muy detallista y había que hacer las cosas bien. No había tregua. Y como compañero musical, ni se diga. Nos comentábamos todo. El primer arreglo que me comisionó para mí fue algo muy grande. Y me dije: ‘contra, Papi confió en mí”, evoca Pedrito, que colaboró con su padre como asistente en el estudio de grabación y copista o transcriptor de sus arreglos.
“Eso fue una escuela para mí. Y como músicos, compartimos tarimas en varias ocasiones. Fue muy gratificante trabajar con él”.
Para don Pedro Rivera Toledo el dinero no era importante. Su trabajo no dependía de la remuneración. Con o sin dinero, su compromiso era con la excelencia del arte musical.
“Papi lo que hacía no lo hacía por dinero, sino porque le gustaba hacerlo. Y le gustaba hacer las cosas bien. Obvio que había que vivir, pero una de las cosas que más lo identificaba era su entrega”.
Una faceta desconocida en la carrera de Pedro Rivera Toledo es su afición a las artes plásticas. Era un pintor consumado. Los óleos en su estudio, en particular uno de Pedro Albizu Campos, los pintó él.
“Mucha gente no conoce su parte como pintor. Un pintor formidable. Es una obra tremenda. Papi pintó a Albizu. Casi todos los cuadros que papi tiene colgando en la casa son suyos. Es una persona sumamente talentosa y su sensibilidad la demostró en todo”.
Nunca, sin embargo, conversaron sobre la obra que más lo colmó de orgullo, satisfacción y felicidad. Con una hoja de servicios, cuyos créditos son un lujo, nunca le dijo si prefería los discos de Lucecita y Danny Rivera o proyectos especiales como “1898: Cien Años Después” o “Don Chu El Maestro”, en que junto a Nieves Quintero y Radhamés Reyes Alfau establecen el precedente de la música campesina con orquestaciٕón sinfónica.
“De todo lo que hablé con él, eso nunca lo conversamos. Papi todo se lo vivía. Lo que sí se disfrutaba mucho era escribir para orquestas grandes. Escribía a cualquier combinación, pero lo que le gustaba realmente era escribir para orquestas grandes. En la Interamericana hizo varias obras para un conjunto de saxofón. Impresionante. Una es “Adiós Nonino” de Piazolla y se estrenó el día de su doctorado”.
Los restos de don Pedro Rivera Toledo estarán expuestos en capilla ardiente en Buxeda el próximo viernes y se espera que también se trasladen al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) para un tributo de cuerpo presente. Los horarios serán divulgados durante la tarde de hoy.
“Yo tuve, no sé si decir, la suerte de haber tenido un padre y una madre como los que tuve. Lo voy a extrañar, pero bueno las cosas siguen […] Agradezco a todas las personas que han estado cerca de nosotros en este proceso y a todos los compañeros músicos les estamos muy agradecidos”.
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