Análisis
Por Pablo Francisco Cruz-Azize
Historiador
Las declaraciones de los administradores electos del territorio no incorporado de Puerto Rico deben ser motivo de inconformidad. Esto es, más allá de su presunta corrupción e incapacidad para manejar el País, por su programa anexionista y estadista que pretende convertir a Puerto Rico en el estado 51 de los Estados Unidos de América. Esta ideología estadista del Partido Nuevo Progresista, a pesar de ser supuestamente apoyada por la mayoría de los puertorriqueños, está basada en creencias fuera de la realidad.
Me referiré a dos documentos atribuidos respectivamente a la gobernadora Jennifer González Colón y al senador Thomas Rivera Schatz que podrían reflejar la desinformación que creo que prevalece en el sector estadista: la carta a Donald Trump con motivo de las “amenazas” de Nicolás Maduro y el Proyecto del Senado 273. Citaré partes claves de estos documentos para ilustrar el problema.
Escribió González Colón al Sr. Trump un mensaje preocupante en enero del 2025:
“Desde 1898, Puerto Rico ha sido una parte esencial de los Estados Unidos. Hemos sido orgullosos de ser ciudadanos estadounidenses desde 1917 y hemos contribuido a todos los aspectos de la vida estadounidense, incluidos los cientos de miles de miembros del servicio de la isla que han luchado junto a nuestros conciudadanos desde la Primera Guerra Mundial.
En cambio, hemos votado para fortalecer nuestra unión con los Estados Unidos a través de la estadidad en el plebiscito del 5 de noviembre de 2024 celebrado junto con nuestras elecciones generales.”
Rivera Schatz por su parte incluyó en el proyecto del senado para eliminar el Instituto de Cultura Puertorriqueña la siguiente declaración polémica:
“Nuestra cultura, refleja el carácter único de Puerto Rico como parte de los Estados Unidos de América, integrando de manera armoniosa elementos culturales anglosajones con sus raíces indígenas, africanas y europeas”.
Ambos líderes repiten una afirmación que superficialmente parece cierta pero que realmente no lo es: que Puerto Rico es parte de los Estados Unidos. Es posible que algunos de los compatriotas estadistas más convencidos no me crean, pero admitir que Puerto Rico NO es parte de los EE.UU. es admitir una verdad consistente con la realidad de nuestro estatus territorial.
Puerto Rico, a pesar de llamarse oficial pero falsamente un “Estado Libre Asociado”, es en verdad un territorio no incorporado de los EE.UU. ¿Qué quiere decir esto? Que Puerto Rico, como se determinó en los llamados Casos Insulares del pasado siglo, “pertenece a, pero no es parte de” los Estados Unidos.
No me extrañaría que la última frase sea motivo de confusión. Es, como otras decisiones de los casos, aparentemente contradictoria y yo tampoco la entendí cuando por primera vez mi maestro trató de explicármelo, no sin ironía burlesca, en la escuela. Fue un año después durante mi primer año en la universidad cuando comprendí gracias a una profesora que volvió a tocar el tema. Ella se paró al lado de un pupitre y mientras lo tocaba dijo:
“Es como esta silla. Esta silla me pertenece a mí, pero no es parte de mí.”
Fue ahí cuando más o menos comencé a comprender lo que era un “territorio no incorporado” y entendí eventualmente a través de mis lecturas que es una “propiedad”. El territorio de Puerto Rico es según la ley estadounidense vigente una “propiedad” de la nación estadounidense, que depende de la administración del Congreso según lo dispone la Constitución.
¿Por qué esto es así? Los Estados Unidos invadieron Puerto Rico en el contexto de la Guerra Hispano-estadounidense en 1898 y forzaron a España a formalizar la forzada cesión de Puerto Rico a través del Tratado de París, denunciado luego por su supuesta ilegalidad. Los Estados Unidos sin embargo no tenían intención, según se ha dicho, de convertir a Puerto Rico en un estado de la unión, contrariando su propia tradición nacional según la cual los nuevos territorios adquiridos debían convertirse en nuevos estados dadas ciertas condiciones. Es por esta razón que las cortes estadounidenses decidieron distinguir entre territorios incorporados considerados parte de la nación (y destinados a ser estados) y territorios NO incorporados que quedarían excluidos de la nación y serían reducidos a meras propiedades territoriales.
El estatus de “territorio no incorporado” ha sido bastante criticado desde sus primeros tiempos y todavía lo es hoy. Se considera, no sin razón, como una medida injustamente discriminatoria: muchos historiadores y analistas convienen en que esta clasificación respondió a los prejuicios raciales o culturales respecto a los hispanos que compartían (y en mayor o menor medida continúan compartiendo) los anglosajones estadounidenses.
No todos han valorado la no incorporación de Puerto Rico de la misma manera. El Maestro Pedro Albizu Campos, líder nacionalista, nos enseña a ver en el fenómeno de la no incorporación una señal evidente de que el régimen extranjero e invasor reconoce nuestra personalidad nacional distinta.
Albizu Campos pudo haber reconocido el carácter discriminatorio de la no incorporación, pero tal vez consciente de que pueden salir bienes de los males decidió ver en nuestro injusto estatus político una afirmación de nuestra nacionalidad.
Vivió Albizu Campos por un tiempo en los Estados Unidos mientras cursaba estudios universitarios. Su experiencia en el exterior le permitió ver con sus propios ojos y vivir en su propia piel las grandes diferencias entre los Estados Unidos y Puerto Rico. Regresó de los Estados Unidos puesto a dar la lucha por la independencia, educando al pueblo sobre sus orígenes y su tradición hispana para enseñarle a valorarse a sí mismo. Esta conciencia serviría para afirmar la nación y llevaría a la organización de la patria para el rescate de su soberanía.
Los novoprogresistas, en cambio, fieles a su ideología estadista continuarán pidiendo la admisión como el estado 51 de la Unión norteamericana. No podré yo tal vez inspirar en ellos una conciencia nacional hispana, pero deberían ellos reconocer que contrario a lo que dicen sus líderes electos NO somos todavía realmente parte de los Estados Unidos.

