El falso “nazi-fascismo” de Trump: una malinterpretación del conservadurismo liberal norteamericano

(Primero de dos artículos)

Análisis

Por Pablo Francisco Cruz-Azize

Historiador

Ha retornado Donald Trump del Partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos de América. Esto ha entusiasmado a muchos llamados “conservadores” en Estados Unidos y en Puerto Rico, particularmente aquellos identificados con el “sector religioso”. Otros, “liberales” o “progresistas”, no comparten este entusiasmo, sino más bien temor o indignación. Creen que el retorno de Trump representa una victoria del “nazi-fascismo” nacionalista.  

Yo por mi parte ni comparto el entusiasmo de los “conservadores” ni todas las preocupaciones de los “progresistas liberales”. Creo que uno puede reconocer méritos en Trump,pero tampoco debemos, como puertorriqueños e hispanoamericanos, apoyarlo ciegamente. Él no representa nuestra tradición nacional hispanoamericana y en base a esto no lo debemos apoyar, pero eso no significa que él sea “nazi-fascista”. 

Me parece oportuno aprovechar esta controversia en torno a Trump no solo para explicar lo que fue el fenómeno del fascismo, o mejor dicho, de los fascismos, e intentar aclarar el fenómeno del auge conservador representado por Trump. Espero poder demostrar cómo Trump continúa la tradición nacional de los EE.UU. y cómo esta es antifascista por su propia naturaleza. 

Comencemos tratando de contestar una pregunta difícil: ¿qué es el fascismo? El fascismo es un nombre genérico dado por los historiadores a una serie de movimientos nacionalistas surgidos en Europa en el periodo entre las dos guerras mundiales y que comparten algunas características entre sí: patriotismo exaltado, antiliberalismo, anticomunismo, y estilo militarista. La clasificación genérica de estos movimientos puede ser engañosa, ya que sus diferencias pueden ser incluso más significativas que sus similitudes. 

La naturaleza antiliberal de los fascismos propició el cuestionamiento de la democracia, que simboliza para el liberalismo la libertad y el buen gobierno. Este liberalismo había sido impuesto en Europa tras las revoluciones liberales del siglo XIX pero los retos del siglo XX dejaron a muchos desilusionados con esta ideología. Consideraron la democracia liberal y el capitalismo que venía con ella un sistema que promovía el individualismo, la división y la injusticia social en una época en que se temía la Revolución Comunista que comenzó en Rusia inspirada por los preceptos del marxismo. Los fascismos vinieron a ser un medio de intentar mantener la unidad nacional, debilitada por el liberalismo, para combatir el comunismo. 

La manera de justificar esta unidad sin embargo varió según el país o el movimiento y es la causa de una diversidad de creencias entre los grupos fascistas, que, a pesar de los casos de mutua cooperación, demuestra la incompatibilidad a nivel religioso o ideológico entre algunos de estos grupos. Algunos movimientos identificados como “fascistas” por la mayoría de los historiadores incluyen el original fascismo italiano de Benito Mussolini y el nacional socialismo (“nazismo”) alemán de Adolf Hitler, pero también suelen incluir la Falange Española y otrosgrupos. Todos compartían ideas parecidas pese a sus profundas diferencias: por ejemplo, la Falange Española y el nacional socialismo alemán eran anticapitalistas y anticomunistas, pero el ideario falangista inspirado en la tradición cristiana de España hacía impensable las ideas racistas que estuvieron presentes en el nacional socialismo alemán. 

La era de los fascismos acabó con la Segunda Guerra Mundial. Alemania, bajo la conducción de Adolf Hitler, enfrentó a potencias liberales como el Imperio Británico, Francia y los Estados Unidos e invadió la Unión Soviética, sede de la Revolución Comunista. Contó Alemania con países aliados y con voluntarios de toda Europa, que incluían particularmente jóvenes adeptos a los fascismos. El resto de las potencias mundiales sin embargo logró derrotar a Alemania y con ella a los fascismos. 

Al comprender el contexto en el que se dieron los fascismos, podemos entender que no corresponde al contexto de Donald Trump. Puedo conceder que los fascismos y el fenómeno de Trump comparten características parecidas, siendo la más notable un sentido de exaltación nacionalista, pero los nacionalismos, como los fascismos, también comparten diferencias entre sí. 

El nacionalismo fascista surgió como reacción en contra del orden liberal vigente. El nacionalismo estadounidense que Trump promueve en cambio surgió como parte integral del liberalismo estadounidense por ser el liberalismo la ideología nacional de los Estados Unidos.

Los Estados Unidos son una nación de origen protestante en la cual han convivido distintas iglesias o denominaciones religiosas. Este ambiente hizo muy difícil que una denominación religiosa específica se impusiera sobre las otras y por ende evitó que el gobierno federal estadounidense impusiera una religión nacional, como se refleja en su Constitución. Considero este carácter no explícitamente religioso del gobierno lo que constituye tal vez la gran innovación estadounidense, ya que tradicionalmente los gobiernos de las naciones solían constituirse en base a las creencias religiosas de sus pueblos por ser la religión fuente de la moralidad que a su vez es fuente de ley. 

El secularismo es parte esencial del liberalismo, pues se considera que un estado religioso atenta contra la libertad que el liberalismo dice defender. La lucha por la libertad ha caracterizado a la nación estadounidense y esta lucha ha sido interpretada liberalmente. Fue en nombre de la libertad y la búsqueda de la felicidad que las Trece Colonias inglesas norteamericanas declararon la independencia de la patria y guerrearon para afirmar su soberanía. Fue en nombre de la libertad que en el contexto de una cruel Guerra Civil para la preservación de la unión se decretó la libertad de los esclavos. 

Fue también en nombre de la libertad que Estados Unidos hizo la guerra a España en 1898. Fue en esta guerra que EE.UU. invadió y ocupó (pero NO incorporó) a Puerto Rico imponiendo a sangre y fuego la versión estadounidense del liberalismo. Fue entonces cuando el general Nelson Miles proclamó, fiel a su tradición nacional, que no venía a hacer la guerra sino a brindarle a los puertorriqueños protección y “las garantías y bendiciones de las instituciones liberales de nuestro Gobierno” [estadounidense].

Donald Trump.

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