Opinión
“En ti serán benditas todas las naciones…»
Génesis 22, 18
Por Emiliano Cedeño
Para Prensa Sin Censura
La identidad cultural no se puede barrer y tirar al zafacón: respetarla y vivirla es fundamental para desarrollar una ética que salvaguarde los derechos inalienables del ser humano.
No es justo comparar países, o naciones sin conocer su desarrollo económico y político.
Es un índice grave de mediocridad y mezquindad querer quitarle lo poco de orgullo que une a un grupo de personas
o a una familia o grupo por tener poco y resaltarlo con amor propio y dignidad.
Que se empequeñecen sus luchas de sobrevivencia, hiere profundamente a una nación pequeña o grande sin contar las que quedan desesperanzadas.
Son muchos los países europeos que vendieron africanos, indios, chinos a otros países de su región como esclavos.
En la antigüedad otras naciones invadieron y conviertieron a sus víctimas en rehenes para sus caprichos.
No hay excusa que los exima de sus crímenes atroces y por favor no repitamos que eso ocurrió y no va ocurrir jamás.
Hoy varias potencias ven amenazadas su poder político por la cantidad de inmigrantes que representa un relevo generacional contra sus idearios.
Ocurrió hace menos de 70 años que los armenios y judíos, e indios de Sur América
sufrieron ese ostracismo no sin antes echarle la culpa de su desaparición a ellos mismos, como el caso de Tasmania.
En los últimos siglos, los imperios postmodernos crearon sus leyes internacionales para detener causas como el crecimiento poblacional africano en sus metrópolis; más que por valores éticos o de concietización.
Encima de explotar los recursos de tres continentes, y un subcontinente amén
de apropiarse del diamante, petróleo, y otros recursos, es de esperar que estos imperios deben crecer y con ello su calidad de vida interna.
Sentirse privilegiado por vivir en una potencia de primer orden no da derecho a criticar el amor propio que siente cualquier ciudadano por su pais menos desarrollado económicamente.
Emiliano Cedeño
Vivir en un pais que su lucro y adelanto provengan de haber colonizado a otros como: China, Australia, Indochina, India, Siria, Líbano, Sudáfrica, América como tambien lo han hecho en Europa del Este, cuando crearon la URSS u otras invasiones orientales es una consecuencia positiva para uno y muy dolido para la otra parte.
De mi parte no hay nada de ellos que me lleve a admirarlos. Estas naciones- imperiales son muy cosmopolitas y pluralistas también tanto por la usurería practicada como por la adquisición de talento humano para sus fines.
La ayuda idónea de partidos políticos habilita mayor complicidad legal e industrial con sus antiguos amos. Inglaterra, Francia, EU y España son ejemplo de ese efecto boomerang. Usan y botan. Reciclan beneficios humanos y geográficos, con otras formas. Les preocupa el avance cultural y su ingreso a la vida pública. Algunos de estos paises tienen en estos momentos miles de pueblos abandonados, pero el inmigrante no es adecuado tachándolo de asesino o traficante.
Vivir en un pais de estas dimensiones debe disfrutarse con unos beneficios, empleo y políticas ambientales vanguardistas, como dicen los críticos. Estas abundancias de materiales hoy sabemos que se produjeron con los recursos en geografías explotadas desechando lo tóxico.
Allí donde empezó la era industrial y el colonialismo, los productores de la contaminación que se vive hoy junto a otros viven un progreso prometido que no se respetó concientemente.
Crear políticas públicas contra la contaminación es una forma de autosalvarse y creo que es positivo, peor es nada, pero resulta que ahora la basura comenzó a caer en su patio.
Sentirse privilegiado por vivir en una potencia de primer orden no da derecho a criticar el amor propio que siente cualquier ciudadano por su pais menos desarrollado económicamente. Criticar de manera peyorativa a los elementos nativos y toda su producción cultural porque no han logrado lo que estos ricos paises,
no parece ser muy agradable ni humanista sino algo repugnante y repulsivo.
La autoestima de un pueblo, no se ataca para dañarla, burlarse intelectualmente, criticar su desarrollo económico, porque ahora se vive en un pais anglosajón o europeo triunfante económicamente.
La basura no existe en Puerto Rico porque insisten, reconocen o vociferan su identidad cultural unos ciudadanos.
Precisamente existe hoy dia una semilla digna y mínima porque por años se sembró muy profundo la subestima en nuestra siquis colectiva.
Criticar objetivamente debe incluir los políticos depravados sin conciencia que hemos tenido y seguimos teniendo.
El enseñarte pequeñez, inservibilidad, inoperancia, ineficacia e insuficiencia;
crearte miedos en el sistema educativo desde kindergarden a tu adultez y que existan actos solidarios con tu pais, es una proeza de alto calibre y de una capacidad de sobrevivencia única.
Que hoy se pueda gritar, escribir en camisetas, gorras, arte pictórico, a bailar públicamente tu nacimiento, tu estirpe de sobreviviente por los vaivenes políticos; escuchar tu música nativa es de por sí un milagro cultural.
Estar en Nueva York y ver contradicciones culturales, pero una gran búsqueda de apego a la raiz primigenia es la búsqueda de la sobrevivencia.
Una cosa es la conciencia nacional y otra la educación política. Más me impacta que un científico de ciencias sociales, o en sicología tenga una opinión tan baja de si mismo como leí hace poco.
Sí, porque opinar con una perspectiva de bajeza, contra una nación donde creció y se formó con virtudes y defectos, con nuestras condiciones, crea un sentido alarmante.
Crecer entre el pillaje estructurado de este pais, la corrupción e historia que nutre a los partidos políticos es sobrevivir, no vivir.
Sentir que tus hijos crecen en el lado de los confundidos, los desalentados y más que eso que llegan a convertirse en trabajadores o desempleados; sintiendo una vergüenza enseñada porque son lo que son porque son mantenidos y sobrepasar eso de por si es hacer 8 segundos en 100 metros.
Para mí es incomprensible sentirte mejor y tratar de ser otra cosa que lo que te dio teta y cobija por subestima. Los daños económicos y las malas políticas públicas puertorriqueñas no vienen de la identidad cultural que proclama a viva voz el pueblo cuando lo hace.
Su orgullo deportivo, gastronómico o logros de su gente son las esperanzas de un colectivo. Es comparable a un deambulante apátrida que divisa esperanza. El triunfo o la pretensión de poseerlo no da a derecho a ser canalla, dijo un líder alguna vez y no se equivocó.

