Nota del Editor: Penúltimo artículo en que Isabel Rauber analiza los desafíos de los BRICS tras la XVI cumbre celebrada en Kazán: el desarrollo como horizonte y la importancia de la desconexión y la cooperación para alcanzarlo.
Análisis
ISABEL RAUBER
Retumba como lastre, la negativa de Brasil a permitir el ingreso de Venezuela como país asociado a los BRICS. En tanto los BRICS funcionan por consenso absoluto, ningún argumento esgrimido justifica tal decisión; puede explicarla, sí, pero en política y en la geopolítica mundial, las explicaciones sobran; cuentan los hechos. Y estos evidencian que, pese a idas y venidas, deslizando previamente el canciller a los anfitriones, que Brasil no sostendría la impugnación de Bolsonaro al ingreso de Venezuela al grupo de los nuevos países asociados, se alentó a los anfitriones a hacer efectiva la invitación al presidente Maduro para asistir al encuentro de Kazán.
Cuando finalmente, sobre la hora, se desdijeron, asestaron un golpe insospechado al bloque y al conjunto de países aspirantes a integrarlo, reunidos en Kazán.
Esta actitud insólita, contraria a los principios de los BRICS y desprolija diplomáticamente, abochornó a los anfitriones, en primer lugar, a Putin y a Xi Jinping, que habían realizado previamente —como corresponde—, las consultas a los países miembros, acerca de cada uno de los nuevos países postulantes a miembros asociados a los BRICS.
Pero no solo se trató de la censura a Venezuela. En tanto las formas son parte de los hechos, estos indican que el presidente de Brasil optó por no asistir a la cumbre de los BRICS en Kazán, evidentemente, para evitar codearse con Putin, criminalizado por el mundo occidental al que Lula pretende pertenecer, sin comprender que ello no se desprende de una cuestión geográfica sino del sistema-mundo. Y los señores de occidente, si doblegan una vez, doblegarán siempre, amenaza tras amenaza. Por eso, para Lula resultó más potable inventar una justificación y no ir a Kazán. De ese modo, no quedaría estampado en una foto con los “apestados”. Tal es el mensaje claro que resulta de la actitud de Brasil: Estamos sí, pero hasta un punto.
A contramano de las bases constitutivas de los BRICS: multipolaridad, tolerancia, convivencia en paz y armonía sin exclusiones de ningún tipo —ni siquiera hacia el Norte que los desprecia y agrede—, Brasil —cuya primera letra define el anagrama BRICS—, asume una actitud intolerante y excluyente. Esto es un hecho, no impresiones ni opiniones sujetas a interpretaciones diversas.
Pero el bloqueo a Venezuela no es contra su presidente, como se pretende hacer creer. Además de que —obviamente—, resulta un acto hostil hacia Venezuela, es en realidad el bloqueo a la presencia de los BRICS en indo-afro-latinoamérica, en abierta consonancia con la Doctrina Monroe 2.0 vigente en el continente en la actualidad.
La aceptación de Bolivia viene a ser la excepción que confirma la regla. Y el apoyo de Brasil a Cuba, país bloqueado hace más de seis décadas, es la continuación de su política sostenida en las votaciones de la Asamblea General de la ONU que exigen que se levante el bloqueo; es decir, con el voto de aceptación del ingreso de Cuba a los BRICS, Brasil no paga costos.

Por otro lado, la posición de Brasil sostenida en cuanto a la admisión de nuevos miembros asociados a los BRICS, en el XVI encuentro sostenido en Kazán 2024, es un veto a la soberanía del continente y, con ello, a la soberanía de todo el Tercer Mundo. Es un veto al atrevimiento de intentar construir otro mundo, fuera de las garras de succión del poder geoeconómico financiero y guerrerista mundial. Esto deja claro, una vez más, que, sin la participación de los pueblos en la toma de decisiones, los gobiernos y los gobernantes —cualesquiera sean estos—, no son confiables. Aislados y aprisionados en la jaula del poder, estos apelan a cualquier argumento para justificarse, lo mismo si son de izquierda o de derecha, cuestión que evidencia una vez más que la pérdida de rumbo está generalizada.
Pero, en tanto no es posible tapar el sol con un dedo, la actitud de Brasil ha sido traslúcida para todos los presentes en Kazán y para el mundo. A pesar de la falta de ética cometida contra los anfitriones, con quienes comparte la membresía histórica, éstos —fieles a los principios de los BRICS—, no lo sancionarán, ni lo excluirán. Aparentemente todo quedó ahí, pero todos han tomado nota. Y si Brasil pretendió impugnar la entrada de Venezuela esgrimiendo el argumento de que su presidente no es confiable, resulta ahora que, para todos, quien resultó no ser confiable, es Brasil.
No es posible quedarse en los dos lados
Esto me lleva nuevamente a las conversaciones con Samir Amín, cuando alertaba claramente acerca de la disyuntiva actual de los pueblos. Por un lado, el camino de las derechas, aceptando el nuevo rol de comprador de las clases dominantes locales, dentro de una industria subalterna dominada por el mercado mundial y la represión de las clases populares. Por el otro, evolucionar hacia la izquierda con diversos grados de alianzas nacional y populares en los ámbitos regional e internacional, enfrentado conflictos con el imperialismo. Pero no se podrá quedar entre las dos.
La autora es una destacada intelectual y militante social latinoamericana. Doctora en Filosofía, Investigadora social y profesora universitaria.

