La crisis económica de Estados Unidos es diferente

Antonio Camacho Negrón

Hablar de la actual crisis económica y el por qué la misma no es una crisis cíclica más del sistema capitalista, sino una de carácter estructural de largo plazo, sin posibilidades de resolverse dentro de los parámetros del mismo sistema, tomaría varios volúmenes; sin embargo, trataré de manera escueta, presentar ante ustedes alguna información que a mi juicio está menos trillada y podría a la vez ser de más fácil comprensión.

¿Por qué ésta no es una crisis periódica más?

Como sabemos,  la economía capitalista, dada su naturaleza egoísta y codiciosa, sufre crisis periódicas, que de manera simplista definimos como crisis de oferta y demanda: en la competencia por dominar los mercados, los productores producen más de lo que pueden comprar los consumidores.

Los inventarios de mercancías se saturan y los productores, al no poder vender suficiente, cierran centros de producción y despiden empleados.

Al aumentar el número de desempleados, menos personas están capacitadas para comprar los productos almacenados. 

Se abarata el precio de los productos, cae el valor de los bienes raíces, bajan los gastos en servicios y disminuye considerablemente la ganancia de los productores, quienes a su vez despiden más empleados o recortan los sueldos y otros beneficios marginales.

Los trabajadores no pueden pagar sus hipotecas, sus préstamos bancarios, el colegio de sus hijos, la comida familiar en el restaurante los fines de semana, etc.

Se crea un círculo vicioso y gran parte de la economía se paraliza, lo que llamamos recesión. Si el ciclo se prolonga y la economía colapsa, entramos, entonces, en la depresión. 

Durante el ciclo de depresión económica muchos productores desaparecen del mercado, los inventarios se agotan, es necesario volver a llenar los inventarios para satisfacer la demanda y poco a poco la economía se va recuperando hasta alcanzar cierta normalidad. 

En esta ocasión, la crisis del capitalismo mundial es diferente. Pues como también sabemos, el capitalismo para poder subsistir necesita nutrirse constantemente de nuevos territorios donde invertir sus capitales, que consuman sus excedentes y le provean de materias primas y mano de obra barata. 

Después de la Segunda Guerra Mundial, la política de la Guerra Fría, le permitió a los Estados Unidos aislar a un gran número de países de la competencia en los mercados mundiales e imponer su hegemonía económica en Occidente. Pero una vez disminuyeron los márgenes de ganancia de las corporaciones, por el aumento del costo de producción y el achicamiento de sus mercados, las potencias Occidentales, entre otras medidas, se vieron obligadas a abrir la Organización del Mercado Mundial (WTO) a las dos naciones más pobladas del planeta, a India en 1995 y a China en el 2001. 

Para entonces los fabricantes de Estados Unidos, detrás de la mano de obra barata, primordialmente de México y Centro América, habían movido gran parte de su producción doméstica fuera del país y la economía en EEUU había dejado de ser de producción para convertirse en una mayormente de servicios.

Con las políticas ‘neo-liberales’ y la entrada de India  y China a la Organización Mundial del Comercio, las burguesías capitalistas occidentales, a través de las multinacionales, explotaron la mano de obra súper barata y obtuvieron márgenes de ganancia extremadamente altos. 

Por medio de las transacciones bancarias, estos capitales, a la vez, fueron utilizados por los grandes bancos, compañías aseguradoras, firmas de corretaje etc. para crear capital ficticio.

Al existir un excedente de capital monetario disponible que no podía estar inactivo y, que además, a través de las transacciones bancarias era sobre inflado, los bancos se vieron obligados a flexibilizar las condiciones para la adquisición de préstamos comerciales, personales y tarjetas de crédito, al mismo tiempo que inflaban las bolsas de valores y las ayudas gubernamentales. 

Esta dinámica, a pesar de las crisis periódicas del capitalismo y de un endeudamiento global generalizado, permitió durante varias décadas, que se creara en la población de los EU y, por ende, en su colonia, PR, y demás países occidentales, una sensación de opulencia permanente.

Como era de esperarse, ese endeudamiento no era sostenible y tarde o temprano la burbuja económica tenía que explotar. Y explotó con las llamadas hipotecas tóxicas. 

Esta burbuja de las hipotecas tóxicas es mucho más compleja y abarcadora. Todavía está por verse la desvalorización precipitada del dólar debido al gran endeudamiento en Estados Unidos de los ciudadanos, municipios, estados, corporaciones públicas y privadas y el Gobierno Federal; así como la disminución en muchos países de sus divisas en dólares ante el temor de la debacle que se avecina. 

También está por verse la explosión de la incapacidad de pago de las hipotecas comerciales ‘default’ y la caída precipitada de los mercados de valores.

Panorama de la situación económica mundial: Resumen

1. Estados Unidos es una sociedad de consumidores. Un 60% de la economía está ligada al consumo y al agotarse la capacidad adquisitiva de la nación en general, es imposible mover la economía a los niveles anteriores. Ejemplo, cuando se desinfló la burbuja económica, los propietarios perdieron gran parte del activo neto de sus propiedades que usaban como colateral en sus compras y préstamos.

2. Cada día que pasa Estados Unidos depende más de las importaciones de productos y de capital foráneo, el cual es usado, no para la producción sino para sostener los gastos gubernamentales y el consumo masivo. EU de ser la primera nación acreedora del mundo se convirtió en la nación más endeudada.

3. Debido a su gran endeudamiento y déficit comercial, el dólar no tiene futuro como moneda de divisa internacional.

4. Debido al bajo costo de la mano de obra y al fácil acceso a las fuentes energéticas de China e India, las naciones capitalistas Occidentales han perdido gran parte de su capacidad competitiva y el eje económico mundial se ha movido hacia los países asiáticos.

5. Las naciones capitalistas occidentales ya no tienen el monopolio de la alta tecnología; países como Brasil, Rusia, India y China entraron en la competencia [Hoy, junto a Sudáfrica, encabezan el nuevo orden económico mundial conocido por BRICS].

6. Estos países, a la vez, también se han convertido en exportadores de capital.

7. El planeta es un sistema cerrado por lo que la capacidad de expansión económica e inversión, está limitada.

8. La crisis económica viene acompañada de otras súper crisis como la ambiental, energética, alimenticia, poblacional, de agua potable y moral.

Ante este cuadro, las únicas alternativas con que cuentan los gobiernos capitalistas es: por un lado, seguir inflando artificialmente el valor del dólar, los valores bursátiles y especulando con valores que no existen.

Por otro lado, incrementar la deuda pública y aumentar las contribuciones, despidos, recortes en salarios y beneficios marginales para hacer más atractivas las exportaciones. En otras palabras, estrangular la clase trabajadora para reportar sustanciales márgenes de ganancia y así evitar la desvalorización de las acciones y, por consiguiente, de las compañías. No obstante, el endeudamiento y las pérdidas de capitales son de tal naturaleza que todas estas medidas no aminorarán la crisis sino que la agravarán, pues como consecuencia, el mercado interno se reducirá drásticamente. 

Ejemplo: A pesar de las grandes inyecciones de capital federal a la banca, 30 bancos cerraron en Estados Unidos en lo que va del año, sobre el 6% de las propiedades hipotecadas están siendo reposeídas, la producción sigue estancada y el desempleo y los niveles de pobreza siguen aumentando. El cuadro mundial no es diferente.

¿Qué podemos esperar respecto a esta crisis?

Al agudizarse la crisis económica, las metrópolis se verán obligadas a redefinir su relación con las colonias y otras naciones. Sin lugar a dudas, recortarán las supuestas ayudas económicas que les revierten, por lo que las administraciones nacionales seguirán haciendo recortes en los gastos gubernamentales, despidiendo empleados, reduciendo los beneficios marginales, aumentando los arbitrios e imponiendo nuevas contribuciones; medidas que empobrecerán aún más a las clases trabajadoras.

¿Cuál es su efecto en el sindicalismo mundial?

Ante este panorama, si el concepto de parcelita privada que predomina en los líderes sindicales nacionales respecto a sus uniones y matrículas, no se supera, el movimiento obrero mundial en general, estará condenado a derrochar sus energías en constantes luchas fratricidas para dividirse las migajas que les puedan ofrecer los patronos locales y los amos de las internacionales.

Como es de esperarse, esta crisis afectará tremendamente al sindicalismo mundial y si los trabajadores del mundo no son capaces de cobrar conciencia sobre esta realidad, las burguesías capitalistas, como ya hicieron en las pasadas dos guerras mundiales, los volverán a poner a pelear unos contra otros.

Es imperativo, por lo tanto, que se desarrolle un trabajo organizativo genuino -con hechos, no de palabras- con los diversos sectores de la sociedad nacional y sindicatos a nivel internacional.

Nota: El pasado artículo fue redactado por el autor en 2010 y no pierde actualidad.

Imagen/redes sociales

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