Opinión
Por Ramón Nenadich Deglan’s
No sería la primera vez que la lucha por la libertad de nuestro pueblo sea mediatizada o tergiversada por algunos elementos quienes, en su inmensa ignorancia y maledicencia, se presten para realizar un papel tan innoble.
Pero ésta ha sido una constante en la historia de la lucha por la libertad de nuestro pueblo. Siempre, en los momentos más álgidos en los que los sectores más amplios de la sociedad se han lanzado a la calle para luchar por su derecho a ser libre, han aparecido figuras, de cierto peso político y económico, que se han prestado para detener la lucha del pueblo por su libertad.
Para que la oración inicial de este artículo de opinión pueda comprenderse en toda su magnitud, daré solamente dos ejemplos históricos recientes: 1. La lucha por la salida de la Marina de los Estados Unidos de Vieques a partir de 1999 hasta 2003, y 2. La masiva movilización del pueblo para sacar a Ricardo Roselló de la gobernación en el verano de 2019.
En ambos procesos estuvimos cerca de lograr la libertad de nuestra patria y en las dos ocasiones las protestas y las expectativas de nuestra gente fueron frustradas por los mediatizadores.
Aquí es necesario definir, ¿qué es un mediatizador? De acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua, un mediatizador(a) es quien interviene para dificultar o impedir la “libertad de acción de una persona o institución en el ejercicio de sus actividades o funciones”.
Así, podría verse cómo durante la década de 1940 el gobierno de los Estados Unidos impulsó al primer plano político a Luis Muñoz Marín como figura clave cuyo principal papel fue el de servir de mediatizador de la aspiración de nuestro pueblo a la independencia, que en aquel tiempo tenía un apoyo mayoritario.
Debe recordarse que una de las consignas que utilizó Muñoz Marín para promover los triunfos del Partido Popular Democrático en aquella década fue precisamente que: “La independencia está a la vuelta de la esquina.”
Sólo que nunca especificó dónde quedaba esa esquina, si en la calle Fortaleza del Viejo San Juan o en la capital federal en Washington, D.C.
Veamos el primer caso, el de Vieques. La última etapa de la resistencia contra la presencia de la Marina de los Estados Unidos en Vieques comenzó en el 1999, como consecuencia de la muerte de David Sanes por una bomba lanzada por un avión de guerra de ese país durante unas prácticas militares en el campo de tiro que ese gobierno tenía en la Isla Nena.
Este incidente provocó una gran indignación en todo el pueblo, dando inicio a un amplio movimiento de protesta contra la presencia opresiva y represiva de ese cuerpo castrense en suelo boricua, pero sobre todo entre la población viequense. A los pocos meses se formó un comité amplio de organizaciones cívicas, religiosas, sociales, políticas y sindicales que dirigió la lucha durante esos años.
A su vez, en Vieques ya existía otro comité de residentes que también había tomado la dirección de la resistencia contra la presencia de la Marina en la Isla Municipio.
Ya para el año 2000 las delegaciones de estas organizaciones habían acrecentado las incursiones en el campo de tiro y esto había logrado detener las maniobras navales y los bombardeos sobre ese lugar.
Mucha gente fue arrestada por la policía militar yanqui y procesada judicialmente en la Corte de Distrito de los Estados Unidos en San Juan. Alrededor de 1,500 resistentes fueron encarcelados en la prisión que el gobierno de ese país extranjero mantiene en suelo nacional boricua.
Luego vino la marcha multitudinaria en contra de la presencia de la Marina en Vieques a la que asistimos más de 200 mil personas y para que no quedaran dudas de que la población de la Isla Nena no quería la presencia de ese cuerpo militar en su territorio, ni las prácticas de tiro, se llevó a cabo el referendo, cuya votación reflejó que una inmensa mayoría de los pobladores de la Isla querían que la Marina se fuera.
Cuando la alta oficialidad naval militar vio que tenía la lucha perdida, recurrió a medidas sucias y cooptó a uno de los dirigentes religiosos del comité con el propósito de que éste mediatizara los reclamos del pueblo. Sin embargo, esta movida se supo debido a filtraciones y esta persona fue destituida de su posición como portavoz del movimiento.
No obstante, cuando la lucha comenzó a pronunciarse en contra de la presencia colonial de los Estados Unidos en nuestro suelo, otros elementos dirigentes de los partidos políticos tradicionales y del movimiento obrero traidor, también se convirtieron en mediatizadores de los reclamos del pueblo y tergiversaron la protesta logrando que, la aspiración por la libertad de la patria, fuera silenciada.
El resultado de estas acciones ha sido que, aun cuando la lucha por la salida de la Marina de Vieques pudo haberse convertido en un reclamo por la liberación del régimen colonial yanqui, todavía hoy lo seguimos padeciendo.
Algo parecido sucedió durante el “Verano de 2019”, cuando nuestro pueblo estalló de indignación por el contenido vergonzante del chat que se descubrió en los teléfonos del entonces administrador de la colonia Ricardo Rosselló y gran parte de su equipo de trabajo, así como de algunos allegados. En esos días un pequeño grupo de unas 30 personas comenzaron una serie de protestas diarias en la Esquina Resistencia (Calles del Cristo y Fortaleza en el Viejo San Juan). Poco a poco se fueron añadiendo más y más militantes hasta que la marea se hizo insostenible para el Partido Nuevo Progresista.
Ricardo Rosselló respondió tirando los perros rabiosos de la Fuerza de Choque contra los manifestantes, lo que provocó una mayor resistencia del pueblo.
La represión se convirtió en la orden del día, pero las protestas continuaron creciendo hasta que el País se activó tan ampliamente que en una de las convocatorias en el Expreso las Américas, hubo alrededor de un millón de personas, exigiendo la renuncia de Ricky.
Cuando la resistencia del pueblo comenzó a tomar forma de apoyo a la libertad política de nuestra patria, de momento aparecieron los mediatizadores. Un pequeño grupo de artistas millonarios ausentes llegó raudo y veloz a la Isla y le arrebató el liderato de las protestas a los dirigentes orgánicos que ya estaban despuntando para conducir la lucha por el camino de la liberación nacional. Esta acción fue impulsada por unos faranduleros radiofónicos de pacotilla que se creen los elegidos para dirigir esas luchas. Algunos, incluso, tienen sobrenombres de animales marinos que poseen simetría bilateral, no siempre perfecta y son blandos, pero que en la adultez están cubierto por una concha dura tras la que ocultan su blandenguería, es decir, su sumisión al Imperio.
El alto liderato del PNP, cuando se percató del rumbo que llevaba la lucha de resistencia del pueblo en contra de todo lo que oliera a colonia apestosa, se apresuró a amenazar a Riquito con someterlo a un juicio político para expulsarlo, no sólo del partido, sino, además, de la Fortaleza. Esta movida se realizó con el obvio propósito de tratar de capear el temporal y evitar que el pueblo expulsara a todos esos políticos corruptos de sus puestos legislativos perpetuos.
Así, estos mediatizadores, junto a los cantantes ricachones patrioteros y a los faranduleros radiofónicos mediocres, lograron detener la avalancha del pueblo que hubiese desembocado en la libertad de nuestra nación del yugo colonial yanqui.
Recuerdo haber visto en las noticias televisivas, incluso, a uno de estos pseudo-cantantes, decir la siguiente frase: “Ricky renuncia y se acabó la cosa.” Estas palabras de quien en una ocasión llegó a tener un nombre artístico de una calle, fueron el clavo final que selló el ataúd de la resistencia del pueblo por lograr su definitiva liberación del colonialismo que el gobierno de los Estados Unidos nos ha impuesto durante los pasados 126 años.
Hasta este nivel llegó la ignorancia política de estos artistas que se dicen amantes de la libertad y que en realidad sólo son mediatizadores de las ansias anticoloniales del pueblo.
Sería mejor que se quedaran en sus mansiones de Miami y Nueva York y que no vengan a tergiversar las luchas del pueblo por librarse de las cadenas del colonialismo opresor y represor.
En estos momentos nuestro pueblo se enfrenta a otra situación crucial que muy bien podría conducirlo a su definitiva liberación nacional. Me refiero a las elecciones coloniales que se llevarán a cabo el 5 de noviembre próximo. Ya es ampliamente conocido que el PNP ha puesto en marcha un plan para robarse hasta los clavos de la cruz.
Por un lado, tiene control mayoritario en la Comisión Estatal de Elecciones y, por el otro, una amplia maquinaria electoral partidaria que ha demostrado manipular a miles de votantes a quienes, de una manera u otra, les compra o trampea sus votos.
Las recientes revelaciones del Centro de Periodismo Investigativo, en las que descubrió que en las elecciones de 2016 y 2020 aparecen votando más de 900 mil personas ya fallecidas, sumada al truco de cerrar decenas de Juntas de Inscripción Electoral, así lo demuestran.
Pero, por otro lado, los pseudo-cantantes y la fauna radiofónica afín, ya están ubicados en la primera línea de la mediatización de la posible lucha de resistencia que podría generarse en amplios sectores del pueblo como consecuencia del programado robo electoral.
Además, una mayoría de la población está descontenta y furiosa con LUMA y la situación de los apagones de electricidad en el País. Otros muchos problemas están llenando el vaso de la tolerancia del pueblo, como lo son, por ejemplo, la alta corrupción, la dejadez del gobierno con los reclamos comunitarios, el grave desempleo que provoca la emigración de nuestra juventud para quienes no hay oportunidades aquí en el País, las políticas restrictivas de la Junta Dictatorial de Control Fiscal, etc.
Sólo propongo que estemos ojo avizor, para que, de surgir una nueva situación de movilización del pueblo contra todas estas políticas, y el fraude electoral, no permitamos que los mediatizadores asuman la dirección del movimiento.
En esta ocasión, de presentarse la misma, debemos de dirigir las voluntades del pueblo hacia la terminación definitiva del régimen colonial y la instauración de un gobierno independiente en el que se recojan esas grandes aspiraciones de libertad y soberanía nacional boricua.
Con estos propósitos hemos organizado un comité por la libertad y la justicia, al cual te invitamos a integrarte. Les proponemos que comiencen a organizar capítulos afiliados al comité en sus municipios, escuelas, universidades o centros de trabajo. Quienes deseen unirse al comité, y formar un grupo de trabajo en su comunidad u otros lugares, tanto en el Archipiélago Boricua, así como en el exterior, para que en esta ocasión no nos cojan con los calzones en los tobillos, pueden llamar a los números siguientes: 787-360-9722, 787-459-1263 y 939-330-8738.

