Por José Alayón, Teólogo
Para Prensa Sin Censura
Los cristianos creemos que Dios creó todas las cosas, incluso la naturaleza.
Vivimos en un planeta con una naturaleza que se autoregula mediante ciclos o mediante la generación de fenómenos atmosféricos como los huracanes.
Entender esto como sociedad nos debería hacer conscientes de tener unos códigos de construcción estrictos, para no construir en zonas inundables, para no construir en las costas por el incremento en el nivel del mar o construir casas apoyadas de columnas en las laderas de las montañas, en donde están expuestos a derrumbes y deslizamiento causados por la erosión o los movimientos telúricos.
Japón sufrió en estos días un terremoto, sin embargo sus pérdidas fueron mínimas gracias a sus estrictos códigos de construcción. Sin embargo, vemos cristianos levantando oraciones para que Dios haga el milagro de desviar huracanes. Me pregunto yo, ¿no será mejor orar y actuar para que se desarrollen estrictos códigos de construcción?
El Cristianismo debería asumir más responsabilidades sociales y no depender exclusivamente de milagros, cuando nos encontramos en la ruta de los huracanes. La solidaridad cristiana nos debería impulsar a ese gran milagro que es brindar un techo seguro para todos. El amor por el prójimo nos debe impulsar a colocar familias en zonas que no sean inundables, a procurar tener un sistema eléctrico de calidad no solo con lluvias deje de funcionar, que todo el sistema de bombeo de agua cuente con plantas de respaldo cuando no hay electricidad y muchas más.
Hermano, hermana, el mayor milagro que Dios puede hacer por Puerto Rico no es alejar un huracán; el mayor milagro que puede hacer es hacernos conscientes de la mala planificación, de no tener una veda a construcciones en las costas, a reubicar familias de viviendas mal construidas y de tener servicios de electricidad y agua eficientes. Dios te bendiga.

