Por Bany Sepúlveda
Especial para Prensa Sin Censura
La apertura de las Olimpiadas en París 2024 fue un evento de valor humano, inclusivo, de virtud. Además del valor histórico y cultural que tiene la ciudad de París, tuvieron a bien asignar todos los recursos e intenciones en visibilizar los esfuerzos cotidianos que están derramados de diversos modos en la vida humana.
Es tiempo hace tiempo de bajarle bastante al ajoro de la carrera cotidiana e incluir en nuestro caminar a quien tiene la obligación de hacer un esfuerzo mayor para auparse en su respiración ante circunstancias de difícil manejo por causas de su diversidad funcional. Mirar al lado y dar impulso a los demás en nuestro trayecto debería ser un acto ineludible, sin tener que pensarlo.
Ante las dificultades de todo tipo que tuvo mi hermano menor, Willie, por un virus cerebral que le atacó a los 4 años de edad, mi padre decía: “No necesitamos más leyes ni más derechos, necesitamos más corazón y empatía.”
Mi madre, por otro lado, se derramaba en luchas cotidianas con sus cuatro hijos (incluida quien suscribe). Así crecí, con el ejemplo de Willie ante la adversidad. Esa es la razón primaria por la cual puedo sentir la vida de un modo particular ante aquellos a los que les asiste la diversidad funcional. Mi otra razón es mi ser, mi esencia.
Tener ocasión de ver a los famosos levantarse ante la adversidad, es más común porque tienen difusión mayor a la que participan aquellos que diariamente hacen un esfuerzo mayor ante situaciones de dificultad física, mental o emocional; todo importante en la calidad integral de la vida de cualquier ser humano que respire sobre la Tierra. Finalmente, algunos recursos hacen diferencia en el proceso terapéutico, pero en el alma el acecho se siente igual seas famoso o no lo seas.
Confieso que la participación de Celine Dion en Paris 2024 me estremeció toda. Esa alma hecha voz vive en ese cuerpo y se derrama en nuestro espíritu como las aguas dulces de los ríos en el agua salada del mar. El encuentro con la voz de Celine es un estuario. Es una relación biunívoca, simbiótica que va más allá del cuerpo y nos arropa. A ella también le llega nuestro espíritu derramado sobre ella de modo etéreo.
Vea el video en este enlace:
https://youtu.be/smKqMiGXxl4?si=5zFLFRbLwbdZRzbV
La distancia no existe cuando así se conecta, es algo espiritual y redentor que nos reinicia. Lo puedo sentir porque lo he experimentado. Es un ejemplo elevado que nos dicta que podemos sobreponernos a la adversidad desde el espíritu y desde la luz. No tengo duda alguna del bien que ella experimentó en su proceso de tarima y de entrega. Es un paradigma para todos los que enfrentamos alguna situación que pretenda subyugarnos de cualquier manera. Porque todos sabemos la circunstancia que ella enfrenta y la disposición viva para hacer lo que le haga bien. Así debe ser siempre aunque ocasionalmente el calor sofoque la virtud.
En la noche vi en Netflix una breve, pero profunda serie (que recomiendo) sobre la gimnasta Simone Biles. Es una magistral atleta que ha mostrado su tenacidad y dominio de su disciplina deportiva de modo contundente. Tanto es así que hay saltos de gimnasia que llevan su nombre. Fue abusada sexualmente en su adolescencia por el convicto Dr. Larry Nassar que era el llamado a proteger a las niñas participantes de la Selección de Gimnasia de EU.
Además de ser adoptada por sus abuelos debido a la adicción a drogas de su madre, el evento del Dr. Nassar la descompensó. Padeció muchos señalamientos por su cabello ensortijado y su deliciosa negrura no aceptada en la apariencia de las gimnastas anteriores, pero nadie la iguala cuando está volando en el aire. Es una virtuosa. En las Olimpiadas Tokyo 2016, Biles se vio en la encrucijada de renunciar a su participación y recibió el impacto de la opinión pública. No existía conexión acertada entre su mente y su cuerpo. La invadió un sentido de impotencia y tuvo que alejarse de su equipo para ganarse a sí misma. La opinión pública fue arrolladora, cruel y la colocó contra la pared a nivel internacional. Es impactante ver como toda la gloria vivida parecía desvanecerse ante ella sin piedad alguna después de haber recibido tantos vítores. Tuvo que guardarse, extraerse, detenerse, mirarse, hacer inventario de sus dolencias, sacudirse del pasado y recibir ayuda profesional en el área emocional. Porque así nos pasa a todos alguna vez. Es mi gimnasta favorita, pero primero es persona, con todo lo que eso implica. Llegó a resentir la fama, la necesidad del público de verla ganar y el profundo daño que le hizo el médico llamado a protegerla. Ver el rigor al que son sometidas estas niñas en sus entrenamientos es asqueante, impresionante e inaceptable. Ver la tenacidad y flexibilidad sobre sus cuerpos es admirable. Además de ello tienen que exponer su vida al borde de la muerte en cada salto y sonreír ante lesiones óseas y musculares.
Simone hizo su taller consigo misma, volvió a entrenar y regresa con toda su fuerza a París 2024. Es un ejemplo público de la vulnerabilidad a la que todos estamos expuestos. Se aleja de la idealización de las figuras públicas y nos muestra su humanidad desnuda. Simone Biles es una de mis personas favoritas y un paradigma a emular. Celine Dion también los es, pero mis padres lo fueron primero y mi hermano Willie ya fallecido lo es aún más. Tuve y tengo seres cercanos que merecen la misma admiración por múltiples razones.
Entonces, la reflexión mayor responde en mis adentros con varias preguntas para mí y que te comparto: (Me hallo en trayecto a respuestas.)
• ¿Tienes salud? ¿Vives en armonía?
• ¿Cuál es tu relación con lo que estimas es adverso?
• ¿Cómo te sobrepones a la adversidad o lo que te limita?
• ¿Cuánto haces para vivir sobreponiéndote al dolor?
• ¿Qué expectativas en tu vida personal , con la sociedad o de tu comunidad te limitan?
• ¿Qué permiso das a la tristeza en tu vida?
• ¿Cuán capaz eres de pensar en el momento de la muerte para validar tu vida hoy?
• ¿Qué importancia tiene lo que vives hoy si estuvieras en el último segundo de vida?
• Entonces, después de todo esto, reconozco que tengo mucho que hacer, eso nunca termina.
Seamos, pues, quien canta en la tarima de la olimpiada de nuestra cotidianidad. Regresemos cada vez que sea preciso a un nuevo salto que no tenga necesidad de cumplir con mayor expectativa que la propia. Yo voy en camino. Alabanza a Celine Dion, a Simone Biles y a cada uno de los seres que se levantan sobre todo lo que parece imposible porque son más esencia, espíritu y alma que cuerpo.
Finalmente, la expectativa mayor es la vida en armonía integral. Después de todo, viviremos con nosotros mismos hasta el día en que se le despegue esta vida a nuestra piel, entraña y huesos. Me hallo en trayecto.
Pronto volaré y veré todo desde arriba, es un ejercicio que he llevado a cabo muchas veces. Esta vez, me está tomando forma: esta mañana vi el florecimiento inicial de las plumas en mis alas. Ya mismo estaré en la apertura de mi olimpiada personal. Canta conmigo, salta conmigo o invítame a tu olimpiada, te acompaño al pebetero.
Gracias por tu tiempo para leerme.

