Por Roberto Torres Collazo
Para Prensa sin censura
“Criticas a Estados Unidos y sin embargo resides en Estados Unidos. ¿Por qué no te vas a vivir y luchar en Puerto Rico?”.
Este es uno de los viejos argumentos ad hominen que repiten hasta la naúsea contra las y los luchadores por la independencia de Puerto Rico que residen en el extrajero. Típico de quien no tiene argumentos de peso que prefieren hacer ataques personales en vez de refutar los argumentos del interlocutor.
Frente a esa falacia lo primero que podemos responder es que las personas tienen derecho a residir donde quieran. No los podemos criticar, especialmente si no conocemos al detalle el historial de sus vidas, sus necesidades, problemas, intereses y aspiraciones que llevaron a la persona a vivir a otro país.
Segundo, es probable que usted ni yo le hayamos pagado las cuentas, ni el pasaporte, ni el pasaje y gastos iniciales para residir en otra nación. También el solo hecho de irse a vivir fuera de Puerto Rico no hace necesariamente a un independentista inconsistente e incoherente.
Tercero, no he encontrado un contrato compraventa donde diga que a unos países le pertenece a la gente que profese su ideología, su religión y sus frutraciones.
Cuarto, en ocaciones, esos que hacen ataques a la vida privada hacen muy poco o nada positivo y de voluntario por Puerto Rico. ¡Peor todavía!; no luchan por la libertad de Puerto Rico. ¡La libertad que es un derecho fundamental de todo individuo y pueblo!
Quinto, si admira tanto una nación que no es la suya, ¿por qué no se va para esa nación?. Quizás le vaya mejor que en la colonia. Respetamos su decisión, esperamos también que usted respete la nuestra.
Sexto, por último pero no menos importante, usualmente los que hacen ataques personales conocen muy poco o nada de las vidas de ilustres patriotas puertorriqueños y puertorriqueñas como Lolita Lebrón, Pedro Albizu Campos, Ramón Emeterio Betances, Juan Antonio Corretjer, por mencionar algunos, que residieron o viajaron por el mundo llevando el mensaje liberador y regresaron.
Otros que tuvieron que autoexiliarse, emigraron forzosamente por motivos económicos, hijas o hijos que fueron llevados por sus padres o madres en su niñez a otra nación y aún bajo esas circunstancias defendieron el derecho de Puerto Rico a ser libre. Tenemos una larga tradición de luchas dentro como fuera de la nación puertorriqueña.
Los que se dedican a meterse en la vida personal de las y los luchadores harían mucho bien a Puerto Rico si dejan de defender ciegamente el coloniaje, dejaran de arrodillarse frente al imperio de Estados Unidos; sean críticos del fanatismo y abandonen los ataques personales.

