Rhina M. Jiménez MS
Para Prensa sin censura
Entre todos los sucesos que están aconteciendo durante el inicio del año electoral, nos debe llamar la atención dos en específico: la insistencia del presidente de la Cámara de Representantes sobre el uso compulsorio de mascarillas y los videos que los estudiantes tomaron mostrando las condiciones de sus escuelas y universidades.
Quizás muchos piensen que estos dos sucesos no tienen que ver uno con el otro, pero ambos son reflejo de la ilusión de impunidad que los políticos creen tener. Llevamos aproximadamente 7 años viviendo bajo la sombra de emergencias continuas: huracanes, terremotos, pandemia, corrupción y violencia. Debido a esas emergencias, nosotros el Pueblo de Puerto Rico, hemos recibido billones de dólares en ayudas. Dinero que no hemos visto que se use para aliviar nuestras necesidades, ya que según llega, así se lo roban los políticos y sus secuaces. Porque no entienden que el dinero es del Pueblo que, según la Constitución, es de donde emana el poder político.
El presidente de la Cámara de Representantes, Rafael ‘Tatito’ Hernández, decidió unilateralmente, por el poder que piensa que le pertenece, implementar el uso compulsorio de mascarillas en las áreas donde la Cámara de Representantes lleva a cabo sus trabajos. Esto justificado por un alza en enfermedades respiratorias entre los que allí trabajan. Si algo aprendió el Pueblo durante los años pandémicos a pesar de toda falsa propaganda política fue que, en asuntos de salud pública, cada individuo es responsable de sí mismo.
La responsabilidad del gobierno recae en informar y educar en cuanto a la prevención y tratamientos de todas las enfermedades infecciosas. Así como en proveer los servicios de salud necesarios, incluyendo los equipos, materiales y personal diestro. Todavía estamos esperando que el gobierno provea los servicios de salud necesarios para tratar a todos los pacientes, en especial a los que más riesgo tienen de morir por enfermedades infecciosas. En su lugar, el gobierno insiste en controlar al Pueblo e imponerle medidas draconianas que interfieren con el derecho de cada individuo a ejercer su autonomía de paciente.
Ese intento de controlar al Pueblo ha sido rechazado una y otra vez por cada decisión que han tomado la judicatura local y federal.
Los políticos tienen que dejar de tratar al Pueblo como si fuesen brutos. Porque si están en esas posiciones, fue gracias al poder que tiene el Pueblo y su derecho a votar por quienes quieren que los representen. Y si el Pueblo no está a gusto, tiene el derecho y el poder de manifestarse y sacar en cualquier momento a aquellos que no los representen.
Los sucesos del verano del 2019 son solo un ejemplo de las varias formas de lograrlo. La misma Constitución que nos concede ese poder, también establece en su artículo 2, sección 5 lo siguiente: “el derecho a toda persona a una educación que propenda al pleno desarrollo de su personalidad y al fortalecimiento del respeto de los derechos del hombre y de las libertades fundamentales.”
Por lo tanto, es imperativo recibir una educación de calidad para poder entender, defender y exigir nuestros derechos. Increíblemente, a pesar de la falta de recursos y apoyo, esa educación está llegando a nuestros jóvenes.
Mientras en la Cámara de Representantes los “honorables” hacen un circo mediático y pretenden crear una perspectiva ilusoria de nuestra realidad… nuestros jóvenes hartos de la misma realidad, la enfrentan con cámara en mano y sin miedo.
Es de conocimiento público que las escuelas nunca están preparadas para recibir a los estudiantes a principios del año escolar en agosto. Esto a pesar de tener dos meses en verano para pintar, hacer arreglos a la planta física y mantener las áreas verdes.
Durante la pandemia, tuvieron tiempo de sobra para hacer trabajos de cambios estructurales grandes, refuerzos, remodelaciones, mantenimiento de utilidades, etc. El Departamento de Educación tiene el presupuesto más alto de cualquier otro departamento del gobierno. Tan grande es el botín, que son muchos los diplomas de escuela superior que tienen la firma de corruptos encarcelados por robarse el dinero para la educación del Pueblo.
En la “Ley de Reforma Educativa de Puerto Rico” Ley Núm. 85 del 2018, se establece claramente lo siguiente:
“La prioridad en la asignación de los fondos destinados al Departamento de Educación es el estudiante.”
“Los estudiantes serán educados de forma integral atendiendo sus intereses y velando por satisfacer sus necesidades particulares. Esto incluye velar por su bienestar físico, emocional y mental.”
Ni los “honorables” de la legislatura, ni el necio que tenemos como gobernador, mucho menos su gabinete ejecutivo parece entender la importancia de lo que establece esta ley. En su lugar, se roban millones de dólares en contratos, cierran escuelas en buen estado y dejan abiertas otras que no arreglan ni mantienen.
Esto en violación a lo que establece la ley y al derecho constitucional que tenemos todos de recibir educación. Son tan brutos, en todo el sentido de la palabra, que prefieren gastar dinero en anuncios metiendo miedo sobre las infecciones respiratorias, que comprando jabón y papel toalla para los baños de las escuelas. Prefieren cerrar las escuelas por brotes de influenza, COVID y micoplasma, que pierdan clases y no dominen destrezas, solo porque no se pueden lavar las manos. Tenemos escuelas de tercer mundo, pero con presupuestos millonarios. Lo mismo aplica para la Universidad de Puerto Rico.
Pero los jóvenes optaron por no seguir viendo una ilusión y se aferraron a su realidad. Valientemente, haciendo uso de su poder de libertad de expresión, publicaron y visibilizaron en las redes sociales su situación.
Las necesidades de los estudiantes son realmente derechos establecidos por las leyes que los “honorables” no quieren cumplir. Inmediatamente salen los videos a la luz pública, llegan las brigadas, el jabón, la pintura, los plomeros; en fin, todo lo que debe llegar en el verano antes de recibir a los estudiantes. Sin embargo, la escuela como organismo institucional, no los apoya. Aunque hayan hecho lo que ningún adulto en el plantel se ha atrevido a hacer. Al parecer solo los estudiantes entienden que, la Constitución establece que el derecho fundamental de los ciudadanos a la libertad de expresión, es uno de los valores de más alta jerarquía constitucional.
Los “honorables” tienen que aprender que hoy día la libertad de expresión es más poderosa que nunca. Las redes sociales nos brindan un acceso fácil y rápido para poder exigir al gobierno que haga su trabajo. Así las cosas, es más fácil subir fotos o videos en las redes sociales para que arreglen los rotos en la carretera, los baños en la escuela, denunciar vertederos clandestinos o invasión de terrenos públicos. Sin tener que llamar a “las noticias”, sin intentar ser escuchados por la prensa comercial, ni los programas sensacionalistas de TV. Van rapidito a podar, arreglar, rellenar con brea o arreglar los baños, con tal de liberar la presión que ejerce el Pueblo en las redes sociales.
La mayoría de esos “seniors 2024” que hoy penalizan o regañan, tendrán 18 años para el día de las elecciones de noviembre. No pueden subestimar a una generación que ha pasado su escuela intermedia y superior batallando contra huracanes, terremotos y pandemia. Puede ser que tengan deficiencias en las destrezas, pero se viven la filosofía del sistema educativo puertorriqueño, según descrito en la Ley 85 del 2018:
“La escuela puertorriqueña debe ser un instrumento eficaz para la construcción de una sociedad justa y democrática, cultivando la ética, la solidaridad y la conciencia social. Debe ser una unidad dinámica de cambio social, capaz de desarrollar de manera explícita las actitudes, destrezas y conocimientos que preparen a los estudiantes de manera competente y con creatividad para enfrentarse a los retos del mundo moderno.”
Estos estudiantes fueron competentes y se vieron obligados a ser creativos. Enfrentándose a un sistema de gobierno corrupto que los tiene abandonados dentro de un mundo moderno. Tienen más valor que un “honorable” payaso que busca protagonismo detrás de una mascarilla.

