JAIME TORRES TORRES
Periodista y Editor
PRENSA SIN CENSURA
Murió Mijo de la Palma.
Para mí, el cantautor más original de Puerto Rico en términos de sus puestas en escena.
Escuchar su música era otra experiencia. Poesía orgánica y de acordes itinerantes.
Colores del folclor campesino.
Armonías urbanas.
Matices del jazz y el flamenco.
Nostalgia jíbara.
Lamento del destiempo.
Trova de un amor inexperimentado.
Originalidad a ultranza.
Eso es Mijo de la Palma, el concepto artístico desarrollado por el cantautor Melvin López Rivera que, a paso firme y con una propuesta genuina y de vanguardia, revolucionó parte del espectro de la música popular puertorriqueña del Siglo XXI.
Mijo murió flagelado por el cáncer del páncreas. Una condición agresiva, demoledora, la misma maldita enfermedad que nos arrebató a Papo Brenes y Gary Núñez.
En meses recientes fue diagnosticado tras sentirse muy mal durante un tiempo. Se apeló a la generosidad de sus fans mediante una campaña de recaudación de fondos y se gestionaba la asistencia del Departamento de Salud.
El viernes 12 de enero, lamentablemente, la escena de la música alternativa y la canción de cantautor se tiñeron de luto, revistiendo de gris el pentagrama.
Cuando me enteré, exterioricé mi pena en voz alta y me preguntaron: ¿Quién es Mijo?
Les expliqué y hablé del domingo que lo fui a ver con mi Familia en concierto en una remota hacienda cafetalera en una montaña de Peñuelas.
Mijo no era un artista del ‘mainstream’; era un Cantautor de la Vida, un Trovador del Corazón.
Su antecedente como cantautor se remonta al 1999, cuando en su estudio MUSALatina, en Orlando, Florida, grabó con la guitarra su composición “He”, acompañado por el pianista Alex Katsaros.
“He’ es uno de mis primeros temas, creo que el segundo; lo escribí hace mucho tiempo, en 1993. Por alguna razón, ha encontrado su espacio en la cabeza de varias personas. Es un tema sencillo, idealista y, seguramente, ingenuo e impresionable”, señaló a este periodista independiente en una entrevista en 2015.
En agosto de 2002, de regreso a Puerto Rico tras hacer un paréntesis en sus estudios de Derecho, lo lanzó sin grandes pretensiones, como suele hacer, pero sin imaginar que impactaría a cientos de personas.
“Desde que tengo uso de razón, la música ha tenido en mí un alón muy fuerte. Y es en ese punto en que decido dejar los estudios y dedicarme a la música. Entonces, me marcho para la Florida y comienzo en la música de manera formal”, recordó Mijo, quien -luego de entrar a pre Leyes en la Universidad de Texas en San Antonio y estudiar Justicia Criminal en la Universidad Interamericana en Puerto Rico- optó por la música.
Su desarrollo en la escena musical puertorriqueña fue paulatino y un tanto tímido. Confiesa que, en un principio, era apático a la tarima y se sentía intimidado, tanto así que la noche de su debut invitó a Fiel a la Vega, sus amigos, cuando la banda se encontraba en su apogeo, y cantó de espaldas al público.
“Lo hice así para que toda la atención se pudiera concentrar en ellos. Puse la silla de espaldas porque el pánico era tanto que no podía mirar al público. Esa fue mi primera experiencia en una tarima”, recordó.

En 2002, compró una casa en un monte de San Germán, ensambló su estudio de grabación y se mantuvo allí literalmente hasta 2006, al convencerse de que llegaba la hora de exponer su trabajo.
“O me dedicaba a producir o me dedicaba a ser músico de tarima y así debuté en el Teatro Ramón Figueroa Chapel del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Ahí es que introduje a Mijo de la Palma”, rememoró el cantautor que, previo a 2007, en la Florida, identificó a su grupo como Antiguos Señores de las Antillas y Heyokah, ambos inspirados por la cultura y luchas de los habitantes del Borikén precolombino o taíno.
“Me metí en la escena de la Isla sencillamente al no meterme. Hasta el sol de hoy no corro el circuito normal; no conozco a la mayoría de la gente que está bregando en la música; no me meto en barras, clubes ni en ningún lugar de lo común. La razón primordial es querer hacer las cosas a mi manera en el sentido de que me gusta controlar mucho lo que pasa en la tarima; los visuales, a quién invito y quién controla la producción”.
Así Mijo de la Palma -nombre simpático y fácil de recordar que acuña en parte inspirado por Paco de Lucía- desarrolló su propuesta musical, cuyos escenarios son fincas y espacios poco comunes, a donde llega con su escenografía, que consiste en el mobiliario de su casa; mesas, sillas, candelabros, mecedoras, velas, espejos, etcétera.
“Mijo de la Palma ha tocado a muchas personas a través de su vida … su música, su estilo, su corazón, su entrega … son muchos los que están pendientes de ese próximo concierto clandestino, de encontrárselo en una esquina con su guitarra; muchas de sus canciones pareciera que nos la ha escrito a nosotros y ese regalo va a vivir por siempre”, publicó recientemente su hermana Lenys Alcoreza al lanzar la promoción del GoFundMe a beneficio del cantautor y guitarrista puertorriqueño.
Arquetipo de las musas de la clandestinidad, el Cantor que transporta a su público a introspecciones holísticas gracias al poder hipnotizador y emancipador de su música, ya no necesita manos y corazones solidarios para sobrellevar la función más importante de su carrera: la prolongación de su vida en este plano.
Ya no está físicamente, pero su musa siempre se inspirará en cada amanecer a la orilla de la playa o atardecer en la Cordillera de sus quimeras.
¡Descanse en paz!

