(Nota del Editor: Catarsis y reflexión de un sacerdote de la Diócesis Fajardo-Humacao sobre el poco compromiso de parte de su feligresía. La situación es común en las seis diócesis de la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico. El sacerdote, cuyo nombre nos reservamos, leyó la carta al final de las misas celebradas hoy, Despedida de Año.)
Queridos hermanos:
Con gran alegría me dirijo a ustedes en este último día del año 2023, agradeciendo al Señor por todo lo que nos ha concedido vivir este año lleno de muchas vivencias, unas cargadas de alegría y otras llenas de tristeza, pero todas vividas de la mano de Dios.
Como sacerdote de esta parroquia y reflexionando en lo que como comunidad hemos logrado me invaden sentimientos de mucha satisfacción y al mismo tiempo sentimientos de tristeza. De satisfacción porque con la ayuda de Dios, de ustedes y de amigos de otras parroquias se han logrado proyectos importantes en nuestro templo parroquial, un templo para el Señor, reflejo de nuestra fe. Pero ¿de qué nos sirve un templo hermoso si no tenemos tiempo para venir a adorar al Señor?
Desde que llegué a esta parroquia, he trabajado duro para llevar a Dios a la comunidad parroquial y la comunidad parroquial a Dios, en la medida de lo posible trato de estar presente en cada grupo, movimiento o asociación y los apoyo en sus actividades, pero con mucha tristeza les expreso que no siento ese mismo apoyo. Se realizan actividades y allí están el mismo pequeño grupo de siempre; se realizan retiros y no llegan; la falta de disponibilidad de los coros para animar actividades duele; las quejas entre grupos por quién hace tal o cual cosa no cesan; líderes que se alejan porque las cosas no se hacen a su manera aumenta y los grupos o asociaciones donde ni uno solo de los integrantes no participan de actividades a nivel de vicaría o diocesanas dan mucho que pensar.
Y lo más triste es la falta de interés en asistir una hora a la semana a visitar al Señor en la hora eucarística. Cuatro años llevo, cuatro, insistiendo en que asistan a esta hora de gracia, pero nada pasa. ¿Cómo creen que me siento? ¿Cómo creen que se siente el Señor? En cierta ocasión Jesús dijo a sus discípulos: ¿no han podido ni siquiera estar en vela una hora conmigo? (Mt 26,40).
El tiempo pasa y aunque los deseos de trabajar por el Señor están en mí como desde el primer día que comencé mi ministerio sacerdotal, pero el tiempo pasa, las energías no son las mismas, el cansancio se va sintiendo y los achaques también.
Necesito que juntos nos apoyemos, que trabajemos por nuestra comunidad, todos unidos en una misma dirección, trabajando por el reino de Dios, amándonos como pueblo de Dios, dando ejemplo de amor a todos, sabiendo que, en la iglesia, todos somos importantes.
Oren por su sacerdote para que a pesar de los desánimos que en ocasiones pueda sentir, jamás se deje vencer por los deseos de hacer lo mínimo.
Recemos juntos para que este próximo año sea uno donde la resolución más importante sea la opción por vivir para el Señor.
Un año donde realmente demostremos con nuestras acciones que amamos a Dios, que creemos en lo que la Iglesia nos enseña y vivamos como discípulos y misioneros. Un año
donde optemos por no dar lo mínimo al Señor, a la Iglesia, al hermano.
Un año de verdadero compromiso, de apoyo a las actividades parroquiales, actividades de vicaría y las diocesanas. Un año de cero críticas y más entrega y participación.
Que este año que comienza sea uno diferente…
Pidamos a Dios bendición para nuestras familias, pidamos que nos regale un año lleno de paz, de amor, de sabiduría, de salud, y justicia. Un año vivido en sencillez, sin doblez; un año donde vivamos una fe verdadera que nos haga crecer espiritualmente con una profunda coherencia entre lo que pensamos, decimos y lo que hacemos.
Que la bendición de Dios y de la Virgen nos acompañe en todo momento; en cada acción realizada, en cada decisión tomada, en los momentos de alegría, en los momentos de tristeza y en todas las situaciones, retos y pruebas que este año nos presente.
De mi parte, cuenten siempre con mis oraciones, mi afecto, mi cercanía y los deseos de un feliz y bendecido año nuevo. ¡Feliz y Próspero Año 2024 para todos!
Sinceramente en Cristo, Jesús y María.


Felicidades Jaime: La falta de apatía de los feligreses responde a lo alejada que a veces está la Iglesia de los cambios Generacionales y requiere un poco de mayor entusiasmo de los cleros. Un abrazo hoy y siempre, Yolanda
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Me gustaría mucho comunicarme con ese sacerdote, para acompañarlo de alguna manera. Siento su desánimo como mío. Acompañarlo, no para darle consejos, ni directrices, ni pautas. Simplemente para estar a su lado.
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