Nota del Editor: le damos la bienvenida a la escritora puertorriqueña Bany Sepúlveda Rivera, cuyas columnas de superación personal, reflexión filosófica y existencial y de autoayuda serán publicadas esporádicamente en este medio independiente sin fines de lucro.
Por Bany Sepúlveda
Para Prensa sin censura
Entonces… Vamos a comunicarnos de frente y sin tapujos. Llegaste a mi geografía física sin pedir permiso alguno para intentar tu instalación hasta arrancarme el último suspiro de vida.
No deseo llamarme ni guerrera. Eres tan cruel e inusitado que no mereces ni un ápice de compasión. A cada una de mis células le ordené de modo contundente bailar conmigo antes de cada tratamiento igual que cuando hacía una inmensa ronda en mi infancia para jugar: Ambos a dos. Y logré verme junto a ellas tomada de la mano en plena inocencia defendiendo lo que pudiera restar después de tu visita.
Me sucede… que algún tiempo me toma recomponerme ante la angustia que muchas veces en mi vida manejé cobijada en el silencio. Me acurruqué conmigo y mis miserias por un breve espacio de tiempo hasta lograr levantarme sobre mis pies y mirarte directamente a los ojos hasta decirte: «No más» . Llevaba práctica reiterada en muchas instancias de mi vida antes de esta vez decidir correr por mí y en mi auxilio.
Tomaste partido y te sentiste victorioso en la carrera porque siempre fue más importante todo, antes que yo para mí. El trabajo, mi preparación profesional y los afectos familiares y conyugales… Todo antes que mi rostro en el espejo, antes que cuidar de mí… todo era más importante.
No te agradezco nada, absolutamente nada. Tampoco te temo. Tu nombre me tumbó el cabello, me arrancó las cejas, las pestañas, las uñas de manos y pies… Me puso frente a la mutilación de mis tetas para recordar que detrás de ese pecho aniquilado por tajos oblicuos hacia mi alma y mi ser.
Nada grande soy, simplemente… soy. Ni siquiera cuando me desdoblo en servicio. No, no soy inquebrantable. No, no soy una guerrera porque las guerras se ganan contra una fuerza externa y yo me anclé en mi filo de alma y consciencia.
Alguna vez por mí, manejando mi pensamiento para redimirme; buscando la fe, como pude con cada una de mis luchas. Declaré sanidad y conocimiento de la grandeza de Dios como una fuerza mayor de sostén. Dios en mí, pero lejos de toda arrogancia. Es como una brisa fresca en la que logré abandonarme ante tu visita.
Ni te consagro, ni te maldigo, como tantas otras veces en mi vida, cuando permití que se instalara en mí el oprobio y las extremas dolencias en el cuerpo y en el alma.
HE VIVIDO DOLENCIAS MÁS EXTREMAS QUE TU PRESENCIA EN MI CUERPO. Fue como un entrenamiento de la perspectiva de vida antes que llegaras a mí.
Se me movieron los dientes y tuve que amarrarlos, pero ya antes de correr por mi había corrido por la vida de tantos, que se me coló entre los dientes la sonrisa y se me derramó la vida por dentro justo a tu lado y en tu presencia.
Ya hubiese querido yo que solo hubiese sido mi cabellera lo que se ausentara. Se ausentó mi orgullo, mi apariencia física que llegaste a arrancar de raíz para probarme a mí misma cuánto la fe pudo provocar en mí. Me fue obligado reverdecer desde el fondo de un pozo oscuro y pestilente como eres tú.
No fui grandilocuente; me viré hacia adentro como si fuera un edificio implosionado para volver a nacer. Como un huracán, se me arrancó tanto y se me instaló tanto que jamas volví a ser la misma. Tal vez siempre fue igual pero no lo había visto.
NADA TE AGRADEZCO, PERO TAMPOCO TE MALDIGO. Cuántas vidas te has llevado, pero no te temo. Nada te reconozco: el proceso fue y es mío y lo armo y lo desarmo a mi antojo. Hoy me siento así; mañana, no lo sé. Segundo a segundo, voy deshilando la vida que me quede.
Ni aún arrancándome la última gota de agua que calme mi sed, habré de estar a tu lado. Y aún cuando quisieras vivir dentro de mí, no habré de parirte. Me cierro toda para ti aunque pretendas invadirme como un ultrajador tratando de hacer caseta en mí.
He tenido a bien un tratamiento punzante y aniquilante con el que logre ilusionarme como una ecuación algebraica perfecta donde las X y las Y de mi genética hicieron su parte. Entonces, en cada punzada he sabido restar tratamiento y sumar vida hasta que la linda energía de Dios en mí me lleve lejos de la respiración cotidiana y separe la vida de mi carne y mis huesos.
Entonces, no será más el Sol en mi ventana porque de algún modo me fundiré con ese astro de luz si se me concede esa dicha después de tanto pecado al que di permiso.
Me toca la responsabilidad punzante de no haberte prevenido. En mis manos estuvo evitarte y no lo hice por tanta cosa sutil y pasajera que permitimos cargar en las espaldas. ¡Ay Ay Ay! Tan fácilmente sustituibles que somos ante la pequeñez humana. ¡Ay Ay Ay! Tan fácilmente reemplazables que somos en el oficio, en el vecindario y en la familia.
Te miro a los ojos y me voy como tantas veces he hecho ante el cansancio de la deshonra y la lucha. Yo, precisamente que en mis más grandes batallas me sobrepongo y en las chicas he temblado desde los pies hasta la testa.
Eres el aliado de lo pobre, lo injusto y lo inhumano y aunque pudieras estar escondido en mis adentros; no, no, no y no me consagraré contigo ni aquí ni más allá de la muerte y de la vida.
Agradezco a las manos que se unieron y se entrelazaron para descartarte de mi cuerpo e imponer en mí lo mejor de la energía poderosa que desde siempre me ha puesto a salvo.
Quien hasta aquí me haya leído debe saber que PREVENIRTE A TIEMPO CON TANTAS PRUEBAS VARIADAS ES LA SOLUCIÓN ADELANTADA PARA NO CARGARTE EN LAS ENTRAÑAS. Muchas con más carácter que yo fueron arrancadas de la vida y eso no te lo perdono… Aún lloro a muchas personas con las que fuiste cruel e inusitado.
NO soy de ti , ni de los hombres, ni de la raza, soy simplemente lo que soy. Nada más que este conjunto de células con fecha de caducidad que no te pertenece. NO soy ni mi nombre porque no participé de ello. Eso fue un invento de mis padres. Pero no soy tuya, ni lo seré jamas.
Soy la mujer que cada noche se desnuda debajo de la ducha cuando nadie puede verme. Eso soy: una mujer que habita esta geografía bilateral sin paralelos ni meridianos. ¡Eso soy! NO SOY UNA GUERRERA. No lo soy, pero tampoco me verás de rodillas ante ti. Soy simplemente lo que soy cuando nadie me está mirando.
No he crecido mucho por ti; siento que he crecido a pesar de ti. Y aún cuando no merezco ni más ni menos vida que las fallecidas y fallecidos a causa tuya, aún respiro, aún camino, aún sonrío… Aún vivo.
NADA TE DEBO NI AUNQUE DE AQUÍ ME ARRANQUES. Cada segundo que me quede lo respiraré deliciosamente como cuando me he entregado a la humanidad pensando que todo es perfecto cuando se trata de vivir.
NO, no soy guerrera de batallas ni ganadas ni perdidas. Me basta con vivir a pesar de ti y no espero más homenaje que el sol en mi ventana con quien me fundiré alguna vez. También seré lodo, sin jerarquía alguna.
Sin ningún respeto para ti. Simplemente Yo. Como pronombre personal porque es el que me corresponde. Ni eso soy.
A quien le haga bien, que lo use.


