Rhina M. Jiménez M.S.
No hay acto más altruista que donar de lo poco que uno tiene para beneficio de otros.
No deberían existir barreras a la hora de uno desprenderse de algo que, para otro, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Desafortunadamente, vivimos en un país en donde la falta de gobernanza, la corrupción, la dejadez, la irresponsabilidad y la mediocridad afectan hasta los procesos más delicados.
La pasada semana, respondí al llamado de donar sangre para un paciente en necesidad. No es la primera vez que he sido donante de sangre, lo he hecho otras veces en actividades de recolección o por necesidad de algún familiar. En esta ocasión, era específicamente para un paciente y así lo indiqué a mi llegada al banco de sangre asignado. Para mi sorpresa, no pude donar porque el paciente estaba recluido en el hospital HIMA de Caguas. El banco de sangre me indicó que ese hospital no estaba emitiendo pagos al banco de sangre por sus servicios, por lo tanto, la sangre donada no podía ser entregada al paciente. Salí aturdida, frustrada, molesta y preocupada por la situación. ¿Acaso la crisis de salud en el país es tan grande que ni siquiera podemos donar sangre a quien lo necesite? Pues sí, así de sería es la crisis y la responsabilidad recae en todos los que no entienden que el acceso a los servicios de salud no es un lujo, sino un derecho humano.
Considerando que el hospital en cuestión está pasando por un proceso de transición, debemos cuestionarnos si es correcto que permanezca abierto y recibiendo pacientes con todas las limitaciones que tienen. Es responsabilidad de la administración del hospital, el gobierno y las agencias regulatorias asegurar que los servicios ofrecidos cumplan con los estándares de calidad. No se puede poner en riesgo la salud y seguridad de los pacientes permitiendo que un hospital opere sin estar apto para recibirlos. El no tener acceso a los bancos de sangre limita significativamente los servicios que se puedan ofrecer. No hay manera de que un hospital pueda ser funcional teniendo una situación tan precaria.
También tenemos que analizar el rol del personal médico que atiende en ese hospital. ¿Tienen ellos conocimiento de las razones por las cuales no está llegando al hospital la sangre que sus pacientes necesitan? Si no lo saben, es su responsabilidad indagar y exigir explicaciones. Si lo saben, es su deber notificar a los pacientes y hacer los arreglos para moverlos a otros hospitales donde puedan recibir el servicio. Los pacientes necesitan obtener información pertinente que pueda ser utilizada en la toma de decisiones acerca de su tratamiento, en eso se basa su derecho de autonomía. Si el personal médico tiene conocimiento de la situación y no lo notifica al paciente, estarían violando el principio ético de no maleficencia.
Por otro lado, hay que considerar que tipo de responsabilidad tendrían los bancos de sangre en este asunto. ¿Tendrán ellos alguna obligación de informar a las agencias regulatorias sobre la interrupción del servicio a ese hospital por falta de pago? Es entendible que, si no se emite un pago, no se puede obtener un servicio. Pero cuando el servicio en cuestión es el manejo, almacenaje y distribución de sangre, deben levantar alguna bandera. Bastante trabajo que pasan para atraer donantes como para dejarlos ir, tal y como yo me fui ese día.
Inevitablemente nos tenemos que cuestionar, como muchas otras veces, para qué sirve el Departamento de Salud (DS) y su secretario Dr. Carlos Mellado. ¿Cómo puede permitir el DS que ocurran incidentes como éste? Lamentablemente, la contestación a esa pregunta sería como pedirle peras al olmo. Poco le importa a este gobierno estar pendientes a la salud y seguridad del Pueblo. Solo les importa lo que les genere más dinero, nunca el bienestar del paciente. Por eso vemos el “media tour” de las campañas de vacunación de temporada (para las cuales reciben mucho dinero), pero les resulta indiferente la crisis de los hospitales.
¿Qué podemos esperar del Dr. Mellado si ni siquiera ha sido capaz de construir un hospital en su propio pueblo? Ayer, nuevamente volvimos a ver una “primera piedra”, la cual representa la revictimización de los residentes de Vieques, quienes han estado desprovistos de servicios de salud por décadas. Valga la pena señalar que los residentes de Vieques y Culebra dependen de los hospitales del área este para recibir servicios. Entre sus opciones están los hospitales HIMA de Fajardo y Humacao. Pero eso no es motivo de preocupación para el Dr. Mellado. Él dijo que todos los otros hospitales cercanos a los de HIMA tenían la capacidad de absorber los pacientes que HIMA no pudiese atender, debido a su situación de quiebra y proceso de venta.
Es de conocimiento público que el Dr. Mellado ha participado en misiones para dar servicios de salud en otros países en necesidad, de esos que aquí llamamos “países del tercer mundo”. Dr. Mellado, yo le tengo una misión a usted: salga debajo de la piedra donde esté escondido, entre por sala de emergencias del hospital HIMA de Caguas y evalúe si tienen el equipo básico y los recursos para estabilizar a los pacientes. Luego suba 6 pisos hacia los cuartos, por escalera (ya que los elevadores no funcionan) y explíqueles a los pacientes que necesitan sangre, que su sangre no va a llegar. Oriéntelos sobre sus derechos, al fin y al cabo, usted es experto en el tema ya que por par de años fue el Procurador del Paciente. Luego vaya a los hospitales cercanos y verifique cuan llenos están. Le sugiero suba hasta el Hospital Menonita de Cayey y pregunte a los pacientes en sala de emergencias cuánto tiempo llevan recluidos sin tener un cuarto disponible.
Afortunadamente el paciente para el cual yo fui a donar sangre, cambió de hospital. Volví al mismo banco de sangre y pude hacer mi donación. Doné sangre, doné vida.

