Nota del Editor: octavo y último de una serie de artículos para entender el conflicto entre Israel y Palestina. Agradecemos a la autora por autorizar la publicación de su ensayo histórico en el blog noticioso Prensa sin censura.
Dra. Mercedes Saborido
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Tras varias semanas de defensa ante los ataques árabes, la llamada havlaga (política de contención, abstención de la violencia que venían ejerciendo de distintos modos desde hacía varios años), los sionistas pasaron a la ofensiva en febrero de 1948, en lo que ellos denominaron la “guerra de la Independencia” y lograron dominar casi todo el territorio asignado por la resolución de la ONU y aún más. Para los judíos “la guerra fue una guerra defensiva y una guerra de Independencia; sin embargo “la guerra no fue más que una guerra de agresión a cargo de las fuerzas judías contra los indefensos árabes de pueblos y pequeñas villas” (Cattan, 2005, p. 58). El éxito de esta guerra es aun hoy en día resaltado en la historia canónica de los israelíes: Ben Gurión solía describir a la guerra de 1948 como la victoria de unos pocos contra muchos, o metafóricamente, la batalla entre David y Goliat. Sin embargo, un gran problema seguía sin resolverse: el gran número de población árabe residiendo en el futuro Estado judío, ya que “Palestina no era, como algunos creían, una tierra sin gente, sino una irresistible mayoría árabe” (Ben Ami, 1999, p. 37).
Existe un debate historiográfico importante respecto del éxodo masivo de árabes palestinos (700.000) de tierras “judías” ocurrido durante la guerra de 1948. El hecho que esta importante cantidad de población de etnia árabe emigrara masivamente de tierras que próximamente iban a pertenecer al gobierno israelí, y considerando las intenciones originarias del movimiento sionista con relación a la idea de formar un Estado mayoritariamente judío –sostenido por los grandes líderes sionistas durante la década del 30[28]– ha generado a lo largo del tiempo una serie de dudas respecto a las causas que originaron la emigración. Las fuentes oficiales sionistas consideran que el éxodo se debió a órdenes de los propios líderes árabes que, confiados en su victoria, pidieron que se allanara el territorio. A esta visión la llamaremos la historia oficial o como dice Shlaim la versión popular heroica y moralista, aquella que es enseñada actualmente en las escuelas israelíes (Shlaim, 2003, p.125). Sin embargo, en los años ochenta un grupo de jóvenes historiadores israelíes, denominados por el ámbito académico los “revisionistas israelíes” o “nuevos historiadores” (idem, p. 125), comenzó a cuestionar la historia canónica del Estado de Israel. Sus obras contienen importantes descubrimientos basados en archivos hebreos. Entre ellos los más destacados han sido Simha Flapan (1987) y Benny Morris (1990): este último sostiene la teoría de que en la guerra de la Independencia se crearon cuatro mitos que carecen de base empírica pero que han logrado perdurar a lo largo del tiempo. Esos mitos son: que la población judía de Palestina aceptó satisfecha la partición propuesta por la ONU y que los palestinos y árabes próximos impugnaron la partición y atacaron a la población judía con el objetivo de arrojar al mar a los judíos; que la guerra fue entre los judíos comparativamente indefensos y débiles y unos países árabes fuertes; que los palestinos abandonaron sus hogares voluntariamente –o sea sin razones justificadas- siguiendo las órdenes de los líderes árabes-; que al terminar la guerra Israel estaba interesada en alcanzar la paz, pero los árabes prefirieron continuar con la guerra.
Morris se ha propuesto investigar en profundidad las causas del éxodo en cada una de las 369 localidades árabes de la zona para finalmente concluir que en 228 de ellas éste se debió al ataque de las fuerzas judías mientras que en 90 lo hicieron por pánico. Morris comprobó que términos o nociones como “allanamiento”, “expulsión”, “desalojo” o “arrasamiento” figuraban en todos los archivos israelíes (Morris, 1990, p. 15). Sin embargo, considera que no existió un plan deliberado por parte del sionismo de provocar una fuga, sino que cada uno de los oficiales al mando operó según su criterio:
El problema de los refugiados palestinos fue producto de la guerra, no de un plan preconcebido judío ni árabe. Fue en gran medida un subproducto de los temores árabes y judíos y de la prolongada y amarga lucha que caracterizó la primera guerra árabe-israelí, aunque también influyeron las decisiones de los políticos y mandos militares judíos y árabes (Idem, p. 88).
Como plantea Bastenier (1999) lo nuevos historiadores consideraron el éxodo de árabes producto de la guerra misma sin ninguna intención premeditada. “Solo una pequeña parte de las expulsiones corrieron a cargo del Haganah y no fueron deliberadas sino medidas ad hocdictadas por las circunstancias militares” (p. 88). Estas conclusiones –llamadas por Finkelstein (2003) “el mito del término medio” – de algún modo exoneran a Israel de cualquier tipo de culpa real por la catástrofe que afectó a la población indígena palestina durante 1948.
Sin embargo, como ha documentado el mismo Finkelstein (2003), refiriéndose a las investigaciones realizadas por Erskine Childers – y apoyado por autores como Bastenier, Pappé, Ben Ami-, el seguimiento exhaustivo de las radios israelíes de la época determina que con órdenes sólo verbales o acciones terroristas, fueron los sionistas los que provocaron la desbandada (p. 125). Como explica Pappé (2014) “(…) la Agencia Judía sabía exactamente lo que hacía y tenía los medios para llevar a cabo su política; en realidad sus fuerzas superaban en número a sus opositores árabes (…)” (p. 15). El padre fundador de Israel, David Ben Gurión, sostuvo desde los comienzos una actitud decididamente belicista y consideraba que “(…) la guerra no consistía tan solo en la supervivencia del pequeño Estado judío, sino en la conquista, posesión y colonización de la tierra (…)” (Ben Ami, 2003, p.62). Asimismo, como se ha podido comprobar con el tiempo “la guerra se cifró menos en los combates que en la expulsión de la población: el objetivo era dejar Palestina sin palestinos. La persuasión, la propaganda y el terror fueron los medios empleados a tal fin” (ídem, p. 15). Toda esta política de terror aplicada por el ejército oficial de la Agencia Judía nunca fue declarada de forma pública y mucho menos castigada. Los altos mandos civiles y militares fueron los encargados de acallar todos estos hechos, que trajeron como consecuencia la expulsión de 700.000 palestinos, lo que los palestinos llaman Naqba- incluso autores como Pappé (2008) se atreven a hablar de una “limpieza étnica” – y el surgimiento del problema de los refugiados:
la tierra, la propiedad y la independencia política fueron solo una parte del legado de la guerra de 1948; la otra fue el capítulo del sufrimiento humano, el calvario de una nación. La guerra de 1948 fue el Naqba palestino, el Desastre, del que el desmembramiento de la comunidad palestina y el éxodo masivo de sus miembros fue la principal tragedia (…) (Ben Ami, 2006, p. 58).
Para fines de marzo, Ben Gurión, anunció oficialmente a las Naciones Unidas que en esos días se crearía un gobierno provisional en la ciudad de Tel Aviv, conformándose de esta manera una Asamblea Nacional integrada por 36 miembros, y un ejecutivo con Ben Gurión al frente, con otros 13 miembros.
Fue así que el 14 de mayo de 1948, horas antes de que los británicos se retiraran de tierras palestinas como ya lo habían declarado, Ben Gurión, anunciaron por la radio en Tel Aviv el nacimiento del Estado de Israel:
La tierra de Israel es el lugar en el que nació el pueblo judío. Es aquí donde se formó su carácter espiritual, religioso y nacional. Es aquí donde se obtuvo su independencia y creó una cultura a la vez de un alcance nacional y universal. Es aquí donde escribió la Biblia (…) En consecuencia, nosotros, en virtud del derecho natural e histórico del pueblo judío, proclamamos la fundación de un Estado judío en la tierra de Israel. Confiando en el Eterno Todopoderoso firmamos esta declaración en el suelo de la patria (…) (Ben Gurion, 1948).
En esta misma declaración de la independencia también se señaló el retorno de los pioneros y la tarea de la reconstrucción:
El Estado de Israel se encontrará presto a abrir sus puertas a la inmigración de los judíos y llevar a cabo el crisol de la diáspora; se preocupará por desarrollar el país en favor de sus habitantes; se basará en los principios de libertad, la justicia y la paz, a la luz de de la visión de los profetas de Israel (…) (Idem).
A partir del 19 de mayo de ese año, el Consejo Nacional votó las leyes fundamentales que permitieron la institucionalización y el funcionamiento del flamante Estado, al mismo tiempo que delinearon el futuro sistema político. En enero del año entrante, el pueblo judío eligió una Asamblea constituyente y legislativa, la llamada Knesseth, que se reunió en febrero y declaró de manera unilateral que Jerusalén era la capital del Estado. En esa misma asamblea juraron el presidente Chaim Weizmann y el primer ministro David Ben Gurión.
En el mismo día de la declaración de la Independencia se pusieron en marcha los ejércitos de los países árabes circundantes dando comienzo a la primera guerra general árabe-israelí, que se prolongó desde el 15 de mayo de 1948 hasta el 6 enero de 1949. La contienda se libró simultáneamente en varios frentes: en el norte participaron los ejércitos sirio-libanés y el Ejército de Liberación Árabe; en el centro, la Legión Árabe de Transjordania y las fuerzas de Irak y del Ejército de Liberación Árabe, y en el sur, Egipto y otras fuerzas árabes. De forma simultánea, continuaban las batallas en la ciudad de Jerusalén. Sin embargo, rápidamente se puso de manifiesto la escasa coordinación de las fuerzas árabes.
En la primavera de 1948, algunos sionistas destacados solicitaron a Moscú que enviara unos 15.000 voluntarios soviéticos judíos a Palestina para ayudarlos en la guerra contra los árabes, prometiéndoles como recompensa considerar los intereses soviéticos en la zona. Oficiales y expertos reaccionaron con gran escepticismo, la visión que prevalecía era que por las características del movimiento se iba a decantar por el lado de Estados Unidos. Sorpresivamente, Stalin dejó de lado su antisemitismo y autorizó una asistencia militar masiva para los sionistas vía Checoslovaquia, y en mayo de 1948, antes de que terminara la primera guerra árabe-judía, la Unión Soviética reconoció de jure el Estado de Israel incluso antes que los Estados Unidos.
El 7 de enero de 1949 se dio por finalizada la contienda cuando las Naciones Unidas impusieron una nueva y definitiva tregua. Las negociaciones comenzaron el 12 de enero en la isla de Rodas. El primer país árabe en aceptar entablar negociaciones de paz con Israel fue Egipto; después de éste, los otros países siguieron el mismo camino. El acuerdo firmado entre Egipto e Israel fijó las líneas del frente militar como las fronteras del armisticio, mientras que la Franja de Gaza quedó bajo la administración egipcia, concentrándose en la zona más de 100.000 refugiados palestinos (Pappé, I. 2014, p. 188). A este primer acuerdo siguió la firma de los armisticios con los restantes países árabes: primero se hizo con el Líbano, debiendo retirarse las tropas israelíes de territorio libanés; luego fueron los acuerdos firmados con Transjordania, y por último con Siria. Irak por su parte se negó a formar parte de las negociaciones, y simplemente retiró sus tropas de la zona palestina (Kramer, 2008, p. 314).
De esta manera llegaba a su fin la “guerra de la independencia” del Estado de Israel; cuando ésta concluyó no sólo había logrado mantener los territorios que le había otorgado las Naciones Unidas, sino incluso aumentarlos. Al final de la guerra no fueron establecidas fronteras, sino solamente líneas de alto el fuego, que, más que la paz, presagiaban, al simbolizar el no-reconocimiento del Estado de Israel por parte de los árabes, la trágica continuidad del conflicto. Asimismo, tampoco se estableció el Estado de Palestina: alrededor de 130.000 –180.000 palestinos residían en lo que sería territorio israelí para convertirse en ciudadanos israelíes; 250.000 vivían en Gaza, medio millón en la Cisjordania ocupada por Jordania y aproximadamente 100.000 en Siria y el Líbano respectivamente; la mayoría en campos establecidos en forma precipitada por las Naciones Unidas y alimentados y escolarizados con una aportación de menos de 27 dólares por persona al año (Polk, 2007, p. 15). Después del conflicto árabe-israelí en 1948, se creó la UNRWA (United Nation Relief and Work Agency for Palestinian Refugee in the Near East) producto de la resolución 302 (IV) de la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1949, con el mandato de desarrollar programas de asistencia y ayuda directas a los refugiados palestinos, tarea que ha seguido desarrollando desde que ia agencia comenzó sus actuaciones el 1 de mayo de 1950 y continúa en la actualidad. Ha proporcionado y proporciona la mayor parte de la ayuda urgente en época de guerra, así como la ayuda asistencial y humanitaria a largo plazo a un total de cuatro generaciones de refugiados de Palestina (Nabusi, 2003, p. 50).
La autora es Licenciada en Ciencia Política (UBA), Magíster en Ciencia Política y Doctora en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid. Profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA y docente de la UNLaM. Email: mersaborido@hotmail.com
Referencias
Akel, S. H. D. (2007) Palestina, el porqué de la tragedia, manuscrito en prensa.
Bastenier, M. Á. (1999). La guerra de siempre: pasado, presente y futuro del conflicto árabe-israelí. Barcelona: Ediciones península.
Ben Ami, S. (2006). Cicatrices de guerra, heridas de paz. La tragedia árabe-israelí. Bogotá: Ediciones B.
Ben Ami, S. y Medin, Z. (1991). Historia del Estado de Israel. Madrid: Rialp.
Ben Gurion, D. (1948). Declaración de Independencia. https://israeled.org/spanish-materials/declaracion-de-independencia-de-israel-el-estado-de-israel/
Brenner, M. (2006). Zionism, a brief history. Princeton: Markus Wiener Publishers
Brown, M. (2003). T. Lawrence. New York: New York University Press.
Cattan, H. (2005). The Palestine Question. Londres: Daqi Books.
Criscaut, A. (2008). El nacionalismo palestino frente al estado de Israel, Buenos Aires: Documentos de trabajo Cemoc. Disponible en: https://es.scribd.com/document/338505540/El-Nacionalismo-Palestino-Frente-Al-Estado-de-Israel.
Culla, J. B. (2005). Breve historia el sionismo. Madrid: Alianza.
Dagan, A. (1970). Moscow and Jerusalem. Twenty years of relation between Israel and the Soviet Union. Londres: Abelard-Schuman.
Daniel, J. (1995). Viaje al fondo de la nación. Santiago: Andrés Bello.
De Lange, N. (2003). El judaísmo. Cambridge: Cambridge University press.
Flapan, S. (1987). The birth of Israel: myths and realities. New York: Pantheon.
Finkelstein, N. G. (2003). Imagen y realidad del conflicto palestino-israelí. Madrid: Akal.
Finkelstein, N.G.(2000). La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío. Madrid: Siglo XXI.
Fusi, J. P. (2003). La patria lejana. El nacionalismo en el siglo XX. Madrid: Taurus.
Garaudy, R. (1987). Palestina. Madrid: Fundamentos.
García Gascón, E. (2004). Israel en la encrucijada: crónicas e historia de un sueño imperfecto. Barcelona: Debate.
Grimal, H. (1989). Historia de las descolonizaciones del siglo XX. Madrid: Iepala.
Golan, G. (1990). Soviet policies in the Middle East. From World War II to Gorbachev. Cambridge: Cambridge Soviet.
Gorny, Y. (1987), Zionism and the Arabs, 1882-1948: A study of Ideology. Oxford: Oxford University Press.
Herzl, T. (2005). El Estado judío. Buenos Aires: Prometeo.
James, L. (2008). The golden warrior, the life and legend of Lawrence of Arabia, New York: Skyhorse Pub.
Karady, V. (1999). Los judíos en la modernidad europea. Madrid: Siglo XXI.
Kitsikis, D. (1989). El Imperio Otomano. México: Fondo de Cultura Económica.
Kramer, G. (2008). Historia de Palestina. Madrid: Siglo XXI.
Laqueur, W. (2003). A history of Zionism. London: Tauris Parke.
Laqueur, W. y Rubin, B. (2001). The israel-arab reader, a documentary history of the Middle East conflict. Londres: Penguin Books.
Lewis, B. (2000). Las identidades múltiples de Oriente Medio. Madrid: Siglo XXI.
Martinez Carreras, J. V (1992). El mundo árabe e Israel. Madrid: Istmo.
Masalha, N. (2005). Políticas de negación. Israel y los refugiados palestinos. Barcelona: Ediciones Bellaterra.
Mastny, V. (1998). The Cold War and soviet insecurity. The Stalin years. Oxford: Oxford University Press.
Miquel, P. (1988). El caso Dreyfus. México: Fondo de Cultura Económica.
Morris, B. (1999). Righteous Victims: A History of the Zionist-Arab Conflict, 1881-2001. New York: Alfred A. Knopf.
Morris, B. (1990). 1948 and after. Oxford: Oxford University Press.
Naciones Unidas (1947). Resolución n° 181. Plan de Partición. https://es.wikisource.org/wiki/Resoluci%C3%B3n_181_(II)_de_la_Asamblea_General_de_la_Organizaci%C3%B3n_de_las_Naciones_Unidas.
Pappé, I. (2014). Historia de Palestina moderna. Madrid: Akal.
Pappé, I. (2008). La limpieza étnica de Palestina. Barcelona: Crítica.
Polk, W. (2007). La tragedia palestina. Barcelona: La Vanguardia Dossier.
Rabkin, Y. (2008). Contra el estado de Israel. Historia de la oposición judía al sionismo. Buenos Aires: Martínez Roca.
Shlaim, A. (2003). El muro de hierro. Israel y el mundo árabe. Granada: Almed.
Tilley, V. (2007). Palestina-Israel un país, un estado: una solución audaz para la paz. Madrid: Akal.
Villanueva, J. (1987). Lenin y las naciones. Madrid: Revolución.
Von Grunenbaum, G. (1978). El Islam: Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días, Vol. 2. Madrid: Siglo XXI.
Weinstock, N. (1970). El sionismo contra Israel: una historia crítica del sionismo. Barcelona: Fontanella.
Zubok, V. (2007). A Failed Empire: The Soviet Union in the Cold War from Stalin to Gorbachev. The University of North Caroline Press.

