Nota del Editor: sexto de una serie de artículos para entender el conflicto entre Israel y Palestina. Agradecemos a la autora por autorizar la publicación de su ensayo histórico en el blog noticioso Plena sin censura.
Dra. Mercedes Saborido
Universidad de Buenos Aires, Argentina
A lo largo de la guerra de 1939-45, 6 millones de judíos fueron asesinados por el régimen nazi en la llamada “solución final”. Durante el transcurso de estas atrocidades el mundo se mantuvo callado. La política de puertas cerradas significó que los pocos judíos que lograban comprar su salida de Alemania no fueron recibidos en casi ninguna parte del mundo. Antes de la Shoah, el sionismo era solamente una de las diferentes corrientes en al interior del pueblo que intentaba buscar una solución al problema judíos; después del Holocausto, la enorme mayoría del pueblo judío se unió unánimemente al movimiento sionista, viéndolo como la única alternativa viable desde la perspectiva del exterminio (Ben Ami y Medin, 1991, p. 60).
A medida que se desarrollaba la contienda, las noticias sobre el trágico destino del judaísmo europeo llegaron paulatinamente al ishuv. La nueva crisis que estaba atravesando el judaísmo convenció a los líderes del moviendo sionista de la necesidad de reformular su estrategia. Fue así que en 1942, los máximos representantes de éste movimiento en los Estados Unidos por pedido de Ben Gurión -por ese entonces presidente de la Agencia Judía-, elaboraron el denominado “Programa de Biltmore”[26], en el cual se postulaba la imperiosa necesidad de crear un Estado judío en Palestina. Al mismo tiempo, se exigía la apertura inmediata de las fronteras en Palestina, para permitir el ingreso de inmigrantes.
La radicalización del movimiento sionista, manifestada en el cambio que se produjo en Biltmore, congreso en el que se estableció la definitiva supremacía del sionismo político más nacionalista sobre cualquier otra organización judía del mundo, incluido el sionismo religioso universalista, suscitó una oleada de protestas. Anteriormente en 1938, Albert Einstein, ya había condenado esta orientación:
En mi opinión, sería más razonable llegar a un acuerdo con los árabes sobre la base de una vida común en paz y no sobre la base de crear un Estado judío (…) La conciencia que tengo de la naturaleza esencial del judaísmo tropieza con la idea de un Estado judío dotado de fronteras, de ejército y de un proyecto temporal, aunque sea modesto (citado por Garaudy, 1987, p. 241).
Ante las iniciativas del sionismo político, existió en Estados Unidos una minoría de rabinos y judíos laicos que trató de reaccionar. Fue así que en agosto de 1943, 92 rabinos se reunieron en Atlantic City para tratar de frenar a la corriente del chauvinismo sionista expresada en el programa de Biltmore. El resultado de esa reunión fue la publicación de un manifiesto en el que exponían sus principios:
Los extremistas pretenden hablar en nombre de todos los judíos americanos, los esfuerzos por cultivar y desarrollar las diferencias entre los judíos y sus compatriotas americanos (…) A la luz de nuestra concepción universalista de la historia del destino judío y también porque estamos preocupados por la situación y seguridad de los judíos en todas partes del mundo, no podemos subscribir la orientación política que domina el actual programa político sionista y no lo apoyamos. Creemos que el nacionalismo judío tiende a crear confusión en nuestros compañeros acerca de su sitio y su función en la sociedad, desviando la atención de su papel histórico: vivir en comunidad religiosa en cualquier lugar que se encuentre (citado por Garaudy, 1987, p. 243).
Pese al intento de oposición, el extraordinario aparato de la organización sionista bloqueó cualquier resistencia a la ola nacionalista y logró obtener ese mismo año un contra manifiesto firmado por 818 personalidades en el que negaba que el movimiento sionista fuera un movimiento secular. Este viraje en la opinión de la mayoría de los judíos sólo se puede comprender en el contexto histórico donde se desarrolló: las persecuciones del nazismo y la estratégica utilización por parte del sionismo del antisemitismo reinante en todo el mundo.
En territorios palestinos se intensificaron las luchas contra los ingleses debido a la creciente indiferencia que éstos mostraban respecto del problema judío. En es lucha tomaron parte grupos extremistas, como el Etzel (primero llamada “Irgún Tzevai Leumí”-Organización Militar Nacional) y el Lehi (“Luchadores por la liberación de Israel”). Estos grupos radicales llevaron a cabo operaciones de sabotaje contra el ejército inglés. El primero de ellos, liderado por Menajem Beguin[27], fue el que organizó la fuga de la prisión de Aco y la destrucción de las oficinas administrativas centrales inglesas en el “Hotel King David” el 22 de julio de 1946 en Jerusalén. La Hagana, fuerza armada de las instancias oficiales del ishuv, no estaba de acuerdo con la estrategia de ambas organizaciones y las consideraba como grupos disidentes, llegando incluso a colaborar con los ingleses en la detención de partidarios de esos grupos. Pero finalizada la guerra, fue tal la desilusión de la población judía, incluyendo a los líderes del ishuv, que ellos mismos y su organización militar se pusieron al frente de la lucha contra el imperialismo británico.
En el transcurso de la contienda el primer ministro británico Arthur N. Chamberlain había previsto construir una entidad política que abarcara Asia árabe, incluyendo por supuesto la zona de Irak gobernada por Faisal desde 1939. En esta especie de federación era posible la admisión de Palestina, “aunque con la difícil acomodación de la comunidad judía en el conjunto” (Bastenier, 1999, p. 74). Este plan, encabezado por el entonces ministro de exteriores Anthony Eden, terminó por imponerse, constituyéndose la Liga Árabe (1944), en la que estaban incluidos: Egipto, Siria, Líbano, Arabia Saudita, Yemen y Transjordania. El plan era crear un comité preparatorio de un futuro organismo supranacional panárabe. En la primera carta de este flamante comité se incorporaba una declaración sobre Palestina:
Este comité declara que no compadece menos que quien quiera que sean los sufrimientos que los judíos han padecido en Europa, a causa de ciertos Estados dictatoriales. Pero es importante no confundir el caso de los judíos con el del sionismo, ya que nada sería más arbitrario ni más injusto que pretender solucionar el problema de los judíos en Europa por medio de otra injusticia, cuyas víctimas serían los árabes de Palestina, cualquiera sea la religión o la confesión a la que pertenezcan (citado por Bastenier, 1999, p. 75).
La nueva organización supranacional tenía un poder meramente simbólico y su existencia estaba claramente determinada por su dependencia de los ingleses. Por lo tanto, si bien estas declaraciones inquietaron al movimiento sionista no tuvieron mayor repercusión.
La Segunda Guerra Mundial, puso de manifiesto la debilidad de las naciones colonizadoras y de su sustento ideológico. El escenario bélico se extendió a casi toda la esfera planetaria implicando no sólo la devastación del mundo occidental sino también la de Asia y África. En un primer momento, los ya no tan grandes imperios intentaron permanecer con sus dominios e incluso tratar de adquirir más, pero la fuerza de los movimientos emancipatorios e independentistas frenó sus intenciones. Las dos nuevas potencias resultantes del conflicto, la URSS y Estados Unidos, convinieron en la necesidad de modificar o reemplazar las viejas formaciones coloniales por un nuevo tipo de orden. En el caso de los Estados Unidos, la necesidad de terminar con los viejos imperios se planteó como una cuestión meramente económica: la posibilidad de ampliar mercados sin que existieran privilegios ni barreras aduaneras como en la época imperial. En el caso de la Unión Soviética, su anticolonialismo coincidía con los principios del marxismo- leninismo. Durante la contienda y los años posteriores a la misma, la URSS se mostró al extremo reservada frente a los nacionalismos, fundamentalmente por cuestiones diplomáticas. Pero cuando en 1947 se produjo la ruptura con el Occidente, el anticolonialismo se transformó en uno de sus bastiones contra el mundo capitalista.
La autora es Licenciada en Ciencia Política (UBA), Magíster en Ciencia Política y Doctora en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid. Profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA y docente de la UNLaM. Email: mersaborido@hotmail.com
Referencias
Akel, S. H. D. (2007) Palestina, el porqué de la tragedia, manuscrito en prensa.
Bastenier, M. Á. (1999). La guerra de siempre: pasado, presente y futuro del conflicto árabe-israelí. Barcelona: Ediciones península.
Ben Ami, S. (2006). Cicatrices de guerra, heridas de paz. La tragedia árabe-israelí. Bogotá: Ediciones B.
Ben Ami, S. y Medin, Z. (1991). Historia del Estado de Israel. Madrid: Rialp.
Ben Gurion, D. (1948). Declaración de Independencia. https://israeled.org/spanish-materials/declaracion-de-independencia-de-israel-el-estado-de-israel/
Brenner, M. (2006). Zionism, a brief history. Princeton: Markus Wiener Publishers
Brown, M. (2003). T. Lawrence. New York: New York University Press.
Cattan, H. (2005). The Palestine Question. Londres: Daqi Books.
Criscaut, A. (2008). El nacionalismo palestino frente al estado de Israel, Buenos Aires: Documentos de trabajo Cemoc. Disponible en: https://es.scribd.com/document/338505540/El-Nacionalismo-Palestino-Frente-Al-Estado-de-Israel.
Culla, J. B. (2005). Breve historia el sionismo. Madrid: Alianza.
Dagan, A. (1970). Moscow and Jerusalem. Twenty years of relation between Israel and the Soviet Union. Londres: Abelard-Schuman.
Daniel, J. (1995). Viaje al fondo de la nación. Santiago: Andrés Bello.
De Lange, N. (2003). El judaísmo. Cambridge: Cambridge University press.
Flapan, S. (1987). The birth of Israel: myths and realities. New York: Pantheon.
Finkelstein, N. G. (2003). Imagen y realidad del conflicto palestino-israelí. Madrid: Akal.
Finkelstein, N.G.(2000). La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío. Madrid: Siglo XXI.
Fusi, J. P. (2003). La patria lejana. El nacionalismo en el siglo XX. Madrid: Taurus.
Garaudy, R. (1987). Palestina. Madrid: Fundamentos.
García Gascón, E. (2004). Israel en la encrucijada: crónicas e historia de un sueño imperfecto. Barcelona: Debate.
Grimal, H. (1989). Historia de las descolonizaciones del siglo XX. Madrid: Iepala.
Golan, G. (1990). Soviet policies in the Middle East. From World War II to Gorbachev. Cambridge: Cambridge Soviet.
Gorny, Y. (1987), Zionism and the Arabs, 1882-1948: A study of Ideology. Oxford: Oxford University Press.
Herzl, T. (2005). El Estado judío. Buenos Aires: Prometeo.
James, L. (2008). The golden warrior, the life and legend of Lawrence of Arabia, New York: Skyhorse Pub.
Karady, V. (1999). Los judíos en la modernidad europea. Madrid: Siglo XXI.
Kitsikis, D. (1989). El Imperio Otomano. México: Fondo de Cultura Económica.
Kramer, G. (2008). Historia de Palestina. Madrid: Siglo XXI.
Laqueur, W. (2003). A history of Zionism. London: Tauris Parke.
Laqueur, W. y Rubin, B. (2001). The israel-arab reader, a documentary history of the Middle East conflict. Londres: Penguin Books.
Lewis, B. (2000). Las identidades múltiples de Oriente Medio. Madrid: Siglo XXI.
Martinez Carreras, J. V (1992). El mundo árabe e Israel. Madrid: Istmo.
Masalha, N. (2005). Políticas de negación. Israel y los refugiados palestinos. Barcelona: Ediciones Bellaterra.
Mastny, V. (1998). The Cold War and soviet insecurity. The Stalin years. Oxford: Oxford University Press.
Miquel, P. (1988). El caso Dreyfus. México: Fondo de Cultura Económica.
Morris, B. (1999). Righteous Victims: A History of the Zionist-Arab Conflict, 1881-2001. New York: Alfred A. Knopf.
Morris, B. (1990). 1948 and after. Oxford: Oxford University Press.
Naciones Unidas (1947). Resolución n° 181. Plan de Partición. https://es.wikisource.org/wiki/Resoluci%C3%B3n_181_(II)_de_la_Asamblea_General_de_la_Organizaci%C3%B3n_de_las_Naciones_Unidas.
Pappé, I. (2014). Historia de Palestina moderna. Madrid: Akal.
Pappé, I. (2008). La limpieza étnica de Palestina. Barcelona: Crítica.
Polk, W. (2007). La tragedia palestina. Barcelona: La Vanguardia Dossier.
Rabkin, Y. (2008). Contra el estado de Israel. Historia de la oposición judía al sionismo. Buenos Aires: Martínez Roca.
Shlaim, A. (2003). El muro de hierro. Israel y el mundo árabe. Granada: Almed.
Tilley, V. (2007). Palestina-Israel un país, un estado: una solución audaz para la paz. Madrid: Akal.
Villanueva, J. (1987). Lenin y las naciones. Madrid: Revolución.
Von Grunenbaum, G. (1978). El Islam: Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días, Vol. 2. Madrid: Siglo XXI.
Weinstock, N. (1970). El sionismo contra Israel: una historia crítica del sionismo. Barcelona: Fontanella.
Zubok, V. (2007). A Failed Empire: The Soviet Union in the Cold War from Stalin to Gorbachev. The University of North Caroline Press.

