Judaísmo versus sionismo

Nota del Editor: segundo de una serie de artículos para entender el conflicto entre Israel y Palestina.

Dra. Mercedes Saborido

Universidad de Buenos Aires, Argentina

Con el surgimiento del sionismo a finales del siglo XIX, la comunidad judía sufrió un gran cisma. Este se presentó a sí mismo como un movimiento de liberación del pueblo judío frente al antisemitismo creciente en el mundo; sin embargo, esta visión totalizadora no fue compartida por el conjunto de la comunidad judía. Por el contrario, recibió la condena y el rechazo de sectores influyentes dentro de ella. La oposición judía al sionismo fue –y aún hoy sigue siendo- muy amplia, e incluyó en ese entonces: movimientos modernistas e ilustrados asimilacionistas, como la Alianza Israelita Universal[9], tendencias socialistas y comunistas, y los grupos religiosos ortodoxos.

Los grupos progresistas, estaban fundamentalmente en contra del carácter utópico del movimiento. Para ellos ya era demasiado tarde para intentar agrupar a millones de judíos del mundo, que tenían una vida organizada y hasta puestos de poder, en una porción de tierra. “La humanidad estaba avanzando hacia la asimilación, el cosmopolitismo y la cultura mundial” (Laquer, 2003, p.385). El avance económico y social tendía cada vez más a borrar las diferencias nacionales; ir en contra de la historia era calificado como utópico y reaccionario.

En segundo lugar, las tendencias socialistas y comunistas, que desde una perspectiva cuasi filosófica coincidían con la vertiente progresista en la crítica que le hacía al sionismo, pero diferían en el proyecto de base. “No solo la aculturación comunista, sino también la asimilación en las filas de la izquierda supuso una contrafuerza poderosa frente al sionismo, que propagaba los principios del internacionalismo y del universalismo” (Karady, 1999, p. 193). Cuando el proyecto sionista comenzó a desplegarse, estos grupos lo acusarán de “imperialista” y “colonizador”, similar e incluso peor que cualquier empresa realizada por las naciones europeas, y cuyo único objetivo era obtener el aval de las grandes potencias para lograr sus objetivos.

A la vertiente laica-progresista y de izquierda se le sumaron los grupos religiosos más ortodoxos, que consideraron que el discurso sionista hacía una lectura tribal de la Biblia para justificar bajo pretextos religiosos una estrategia imperialista y colonizadora. La interpretación que realizaban los sionistas de los Textos Sagrados generó un repudio de amplios sectores religiosos, ya que en su visión representaba una negación de la tradición judía, concibiendo a este movimiento como una amenaza “implacable y frontal” al judaísmo. Fue así que, paralelamente al fortalecimiento del sionismo se gestó un movimiento dispuesto a contrarrestar la propuesta de Herzl: “(…) la pretensión de T. Herzl, de representar al pueblo judío como una totalidad irrita tanto a las autoridades rabínicas como a los notables de las comunidades” (Rabkin, 2008, p. 27). En 1897, se convocó una conferencia en Montreal a propuesta del rabino Isaac Meyer Sise, la personalidad judía más relevante de Estados Unidos, y en esta conferencia se alzó una propuesta de oposición radical al sionismo:

Desaprobamos totalmente toda iniciativa tendente a la creación de un Estado judío. Intentos de este género ponen de relieve una concepción errónea de la misión de Israel, que, de un campo político y nacional estricto, ha sido ampliada para la promoción , en la humanidad entera, de la religión liberal y universalista que los profetas judíos fueron los primeros en proclamar (…) nosotros afirmamos que el objetivo del judaísmo no es ni político ni nacional, sino espiritual (…) Aspira a una época mesiánica en la que todos los hombres reconozcan pertenecer a una sola y grande comunidad para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra (citado por Garaudy, 1987, p. 194).

La oposición al sionismo político y a su nacionalismo se fundaba en lo esencial de la tradición judía y su fidelidad a la fe profética, expresada claramente, por ejemplo, en las palabras del rabino Hirsh, pronunciadas el 3 de octubre de 1878 y publicadas por el Washington post: “El sionismo es diametralmente opuesto al judaísmo. El sionismo quiere definir al pueblo judío como una entidad nacional (…) Esto es una herejía (citado por Garaudy, 1987, pp. 194-195)

Este rechazo frontal a la vertiente política del sionismo se justifica si comprendemos la negativa por parte del pueblo judío a cumplir durante casi veinte siglos su misión universal de volver a la tierra de Israel. La disociación entre el pueblo judío y los sionistas sobrepasaba para ellos los confines de la historia judía. Como ha quedado claro, a lo largo de la historia los judíos han demostrado de forma eficiente de qué manera un pueblo puede mantener sus tradiciones e identidad sin tener que depender de un marco estatal.

La autora es Licenciada en Ciencia Política (UBA), Magíster en Ciencia Política y Doctora en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid. Profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA y docente de la UNLaM. Email: mersaborido@hotmail.com

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Foto/FreePik

Un comentario en “Judaísmo versus sionismo

  1. Excelente artículo, muy educativo, la historia del pueblo de Israel es compleja y lo que han pasado los judíos no ha sido fácil, es por eso que no es tan simple lo que hoy ocurre entre los israelitas y palestinos. Ojalá! La Paz llegue a ambos pueblos y a toda esas regiones.

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