Cuarto y último artículo de una serie. La autora publicó este reportaje originalmente en su trabajo de grado en creación periodística titulado “La cobertura de los desastres naturales y sus efectos en la salud mental de periodistas en Puerto Rico”. Puede leer su investigación completa aquí.
Por Norihelys Ramos Rodríguez
Para Prensa sin censura
Ante el riesgo de desarrollar algún trauma psicológico, los periodistas deben priorizar el cuidado de la salud mental e incorporar estrategias de prevención en su vida cotidiana y trabajo. Uno de los ejercicios que recomienda el hospital psiquiátrico San Juan Capestrano es el CPR Emocional, un tipo de acercamiento para apoyar a personas en situaciones de crisis.
La educadora en salud pública Ixza Casillas y el psicólogo Héctor Pérez ofrecieron un taller inicial a un grupo de periodistas el pasado octubre de 2022.
Los participantes aprendieron que el CPR Emocional consiste en tres etapas. La primera es la conexión, donde una o más personas escuchan de manera atenta y construyen un espacio seguro. La segunda es el empoderamiento, donde se ayuda a que la persona en crisis sienta esperanza y tome acción, por ejemplo, a través de preguntas: cómo quieres que sea tu vida, qué puedes hacer para cuidarte o qué cosa importante puedes hacer ahora.
La tercera etapa es la revitalización, donde se alienta a que logre cambios en su vida. En palabras de Casillas, es una conexión de corazón a corazón para la resucitación emocional de una persona que está en crisis.
Los periodistas podrían capacitarse y utilizar este enfoque a nivel personal, entre colegas, como sala de redacción e, incluso, con las fuentes.
“El rol del periodista es hacer su trabajo, pero es un ser humano […] Se espera que se enfrente a eventos de trauma y haga un reportaje sin que le afecte, pero eso es casi imposible. Es una población vulnerable por la constante exposición, que ante más riesgo necesita mayor preparación y herramientas, como estas, para poder protegerse”, enfatizó Pérez.
Este taller fue coordinado por el Hospital en colaboración con la Asociación de Periodistas de Puerto Rico y el Overseas Press Club porque coinciden que, en los últimos años, el gremio ha enfrentado eventos de alto estrés como la pandemia, los terremotos, las protestas sociales y los ciclones tropicales.
“Yo estoy segura que en ese grupo de periodistas hay traumas, hay heridas que están presentes y que si no se les da la oportunidad de atenderlas, se van a complicar o van a resurgir. Muchas veces no queremos mostrar la vulnerabilidad pero es fundamental porque a la larga se nos va la vida”, dijo la educadora, quien exhortó al gremio a expresar sus emociones, y a los medios de comunicación a invertir en la salud mental de su plantilla porque “los periodistas son importantes para el pueblo. Son esa voz que nos permite tomar decisiones informadas. Entonces, su bienestar es como una joya preciosa que hay que cuidar. Nosotros dependemos de su trabajo y necesitamos que estén emocionalmente saludables”.
Miguel Santiago es un periodista de 26 años. Experimentó síntomas de burnout en su primer trabajo a tiempo completo cuando era productor de contenido web en El Nuevo Día, uno de los principales periódicos del país.
Su salud mental se afectó por el ritmo acelerado de las publicaciones, ya que tenía que escribir cerca de 15 a 20 noticias diarias. En aquel momento, su desgaste empeoró porque su familia vivía en el municipio de Yauco y fue afectada por los terremotos del suroeste.
Su situación emocional nunca la compartió en el entorno laboral. “Yo era nuevo y, cuando uno empieza, uno es tímido y no se atreve a hablar. Tampoco yo quería parecer que estaba desaprovechando la oportunidad, y pensaba que no había espacio para eso. Yo no veía a compañeros que dijeran: ‘me siento así’. Puede ser mi interpretación, pero no lo veía como parte de la cultura”, expresó y añadió que prefirió buscar ayuda en terapia psicológica.
“Comencé a ir y luego por la pandemia tuve que dejarla. Pero, no sentí que me ayudó mucho. Yo necesitaba validación y a veces no me daba esas respuestas que yo buscaba. Ahora, entiendo que eso es parte de ir a un psicólogo, estar dispuesto a escuchar otros puntos de vista”.
Ya han pasado tres años de esta experiencia y ha trabajado en otros medios de comunicación. Después del huracán Fiona, cuando era reportero en el periódico Metro, volvió a sentir algunos síntomas. Se dio cuenta porque observó ciertas señales.
No podía leer un libro sin distraerse con su celular, estaba perdiendo el hábito de acomodar su cama y limpiar su apartamento, se demoraba en la mañana y no quería ir a trabajar, y se quejaba al ver las asignaciones de sus coberturas. Estos cambios en su estado de ánimo y comportamiento le preocuparon, y comenzó a cuidarse.
“Mi clave ha sido descansar, dormir mis 8 horas, aunque me acueste temprano. Me ayuda un montón a no deprimirme, a no sentirme cansado y a no tener un mal día. Se ha convertido en una de mis prioridades porque de inmediato me siento mejor”, compartió, quien también ha establecido una nueva rutina para sus días libres.
“Planificar mis fines de semana, salir y hacer cosas distintas. Voy a la playa, a pasear. Me obligo a salir porque me ayuda mucho. Así cuando regreso al trabajo estoy descansado, con ganas de trabajar, y siento que hice algo, que aproveché el tiempo, que viví”.
Santiago, productor de podcast para GFR Media, ha creado límites entre su vida profesional y personal porque considera que no siempre tiene que estar pensando en el trabajo, leyendo noticias o compartiendo información en las redes sociales.
Además, ha aprendido que, si ocurre otro desastre natural, debe proteger su seguridad y bienestar. “Yo voy a velar primero por lo mío, que tenga todo lo que necesite y asegurarme que yo esté bien. Luego, miro si voy a trabajar y si no puedo, pues no voy”, afirmó.
La preparación para la cobertura de un desastre es otra forma de prevención y cuidado. El psicólogo Lino Hernández, recomienda la creación de un plan para el antes, durante y después de un fenómeno atmosférico. Consiste en una planificación básica para la temporada de huracanes, que comienza en junio y termina en noviembre de cada año.
Por ejemplo, tener suministros, vivienda segura, fuentes de energía, reserva de medicamentos y documentos personales.
“Es tener un plan individual y familiar para que cuando tengas que ir a trabajar, esas personas que dependen de tí, se encuentren bien y no tengas mayores preocupaciones”, mencionó y recalcó que si el periodista no está preparado, no debe cubrir el evento porque estaría más vulnerable a experimentar síntomas de trauma.
Esta planificación, también, incluye el aspecto laboral. Sugiere que el periodista nunca debe ir solo al lugar de los hechos. “Esa es la primera regla de quienes trabajamos en un desastre porque no sabemos con qué nos vamos a encontrar o si habrá peligrosidad”.
La cobertura debería ser en pareja para que ambos cuiden su bienestar y puedan compartir sus emociones y pensamientos. Otra regla que deben cumplir cada día es hacer ese debriefing y limitar el tiempo de trabajo vinculado a la tragedia. “No van a estar tres horas expuestos a la experiencia. ¡No se pueden quedar ahí! Necesitan salir del área y monitorearse”.
Según Hernández, es importante que después de cada cobertura el periodista preste atención a su comportamiento. “Cuando regrese a la casa, que se pregunte cómo está y cómo se manifiesta eso. Cualquier patrón es importante. Por ejemplo, si quiere dormir mucho más o si no puede dormir”.
Estas recomendaciones las compartió en un taller para la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos de Puerto Rico el pasado agosto de 2022, donde explicó a los participantes que siempre deben prepararse como cualquier personal de primera respuesta en una emergencia.
“Cuando ocurre un desastre va a chocar contigo, con todo tu andamiaje, experiencias previas y situaciones no resueltas. Entonces, si estás expuesto al evento y, también, tienes que manejar contigo mismo, pues eso va a traer consecuencias. En mi caso, yo sé que este es mi trabajo y cuando voy a un desastre trato de que mi vida esté bastante organizada, que mi familia esté bien y no le falta nada”, comentó el integrante de la Red de Respuesta en Salud Mental ante Emergencias y Desastres de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, quien atiende a personas damnificadas hace 14 años, desde que ocurrió la explosión de los tanques de gasolina en la Caribbean Petroleum (CAPECO) en el municipio de Cataño.
Los editores y jefes de redacción, también, tienen la responsabilidad de monitorear el estado físico y emocional de sus periodistas. El Dart Center for Journalism and Trauma, un proyecto de la Universidad de Columbia en Nueva York, propone que tengan conversaciones utilizando el acrónimo “FINE”. Una palabra que en español significa bien y que, en esta ocasión, cumple con el propósito de estructurar un diálogo informal.
La F es para “facts” o hechos. Es el primer acercamiento, donde se pregunta qué pasó en la cobertura y se escucha de manera atenta. La I es para “impact” o impacto. Es la oportunidad de conocer los efectos de esa experiencia. Se pregunta cómo le afectó y qué ha pensado y sentido desde ese momento.
La N es para “now” o ahora. Es el tercer paso, donde se realiza un cuestionario para saber si el periodista está manifestando síntomas relacionados al trauma. Son diez preguntas claves que aparecen en el manual digital Trauma & Journalism, a guide for journalist, editors & managers publicado por el Dart Center en 2007. Por último, la E es para “education” o educación. Es el cierre del diálogo, donde el editor o jefe explica que cada persona reacciona de manera distinta y que es usual experimentar síntomas.
El método “FINE” se debe realizar al finalizar la cobertura y después de un mes para dar seguimiento y comparar los resultados del cuestionario. Ya que si el periodista continúa teniendo los mismos pensamientos y emociones o, si en esas semanas, ha empeorado su situación, debe recibir apoyo y ser referido a un profesional de la salud mental.
José Karlo Pagán es un periodista con siete años de trayectoria. Cuando ocurrió el huracán María era reportero en Primera Hora, un periódico de cobertura nacional, y en Diálogo, el periódico de la Universidad de Puerto Rico. Piensa que desarrolló estrés postraumático porque en cada temporada de huracanes recuerda a María, se asusta fácilmente e imagina el peor escenario.
“Aunque el huracán esté lejos, yo pienso que puede llegar, y aunque se desvíe, pienso que vamos recibir otro de nuevo. ¡Es horrible! Después de la cobertura de María, cada aviso de un fenómeno es una tensión muy grande para mi”.
Por su profesión, también, ha sufrido síntomas de burnout y ansiedad.
“Mi vida se concentraba en el trabajo y uno de mis refugios era ver series. Hubo momentos, que yo solo quería salir del turno para llegar a ver una serie. No me daba cuenta que era una manera de evitar la realidad y de desconectarme de lo que había vivido o estaba viviendo”.
Este patrón de conducta, le ocasionó malos hábitos de sueño y de alimentación. “Eso hizo que engordara muchísimo y mi salud se fue deteriorando. O sea, mi nivel de colesterol y glucosa estaban por los aires”, exclamó.
Después de la cobertura del huracán Fiona, decidió ausentarse al trabajo por un día para cuidar su salud mental. En ese momento, era reportero web para El Nuevo Día y por primera vez, en cinco años, compartía su situación con algún jefe. Al excusarse, fue honesto y dijo que sentía ansiedad. La respuesta que recibió fue un correo electrónico.
“Me pasaron un flyer con unos supuestos beneficios que habían en el plan médico, que no sabían si todavía estaban disponibles”. El mensaje le sorprendió, lo describe como transaccional y de poco tacto. “Yo hubiera tenido una conversación para entender qué está pasando y si el periodista no quería hablar conmigo, pues que fuera a Recursos Humanos o con un compañero de confianza. Le hubiera dicho que si tenía días de vacaciones o enfermedad, podía tomarlos. No sé, otras alternativas hubiesen sido mejor”, opinó Pagán.
Luego de esta experiencia y de continuar manifestando los mismos síntomas, tomó la decisión de renunciar a su trabajo. Admite que fue un proceso difícil, que consideró por casi dos años.
“No tenía ningún referente de periodistas que lo hubieran hecho. Me decía: ‘¿tú estás loco, cómo vas a hacer esto?’. Pero, al final, me mantuve firme porque ya estaba el daño, la herida, el desgaste, la quemazón. No solamente por la cobertura de todos los desastres naturales, sino por la cultura de trabajo que había en la empresa. Fueron años explotando lo mejor de mí y más. Yo merecía descansar”.
A José Karlo le apasiona ser periodista, pero se marchó del periódico en diciembre de 2022 porque necesitaba priorizar su salud física y mental. A tres meses de entregar la carta de renuncia, confirmó que fue una buena decisión.
“No soy la persona menos ansiosa ni ya se me sanaron todos mis traumas por arte de magia. Decirlo sería una mentira, pero siento que voy por el camino correcto. He vuelto a retomar la lectura. Ya no tengo un estilo de vida ajetreado. Tengo tiempo para caminar, para respirar”, dijo, quien se encuentra actualmente en España disfrutando un año sabático.
Durante este proceso, ha reflexionado que las universidades deberían enseñar los retos que enfrenta un periodista en su jornada laboral. “Es un oficio cansón y drenante que requiere mucha fuerza física, por ejemplo, para estar caminando de arriba hacia abajo o para estar sentado todos los días, ocho horas, y aguantar la postura y los dolores de espalda. Requiere mucha fuerza mental, también, y se tiene que hablar. Necesitamos herramientas, terapia psicológica y redes de apoyo”.
Recuerda que comenzó su carrera ilusionado con la frase: ‘el periodismo es el mejor oficio del mundo’ de Gabriel García Márquez. Hoy, “lo sigue siendo y mi ilusión continúa, pero es mucho más que eso”.

