El impacto emocional de la cobertura de desastres

Tercero de una serie. La autora publicó este reportaje originalmente en su trabajo de grado en creación periodística titulado “La cobertura de los desastres naturales y sus efectos en la salud mental de periodistas en Puerto Rico”. Puede leer su investigación completa aquí.

Por Norihelys Ramos Rodríguez

Para Prensa sin censura

Sheila Matos es fundadora de La Voz Digital, un medio regional, ubicado en el municipio costero de Cabo Rojo, que cubre las noticias de la zona oeste. Por el momento, es la única persona a cargo de todas las posiciones.

Es redactora, fotógrafa y administradora. Distribuye su tiempo con otro trabajo porque, también, es reportera independiente en el periódico Visión, un semanario impreso y digital que informa sobre la zona norte y oeste del archipiélago.

Su primera experiencia como periodista en un desastre fue en el huracán Fiona, en septiembre de 2022. Se destacó por reportar las denuncias de la ciudadanía. Mucha gente la llamó y le envió mensajes pidiendo ayuda porque no tenían el servicio de energía eléctrica.

“¡Se volvió como una pesadilla, eran tantas llamadas! Yo estaba impresionada porque creían que si yo reportaba la situación, les iba a llegar la luz”, dice, quien atendió las peticiones y siempre trato de publicar notas, video reportajes o transmisiones en directo desde la comunidad afectada.

A 19 días del huracán, visitó el Hogar Huellas de Amor, un centro de vivienda asistida para personas con discapacidad intelectual que no tenía energía. La administradora del lugar estaba angustiada porque seis pacientes dependían de camas de posición, concentradores de oxígeno y máquinas de terapia. Aseguraba que, si el generador eléctrico fallaba, la vida de esas personas estaría en riesgo. La compañía LUMA Energy restauró el servicio tras la cobertura de La Voz Digital.

Matos tiene 39 años. Emprendió su proyecto periodístico en marzo de 2020 al inicio de la pandemia. Antes del huracán Fiona, estuvo muy preocupada.

“No sabía si la oficina era segura para un evento atmosférico y sentí mucha ansiedad. Pensé en todo mi esfuerzo y que si pasaba la misma devastación de María, pues, perdería el letrero y se inundaría la oficina. Fue mucho estrés, pero poco a poco traté de tranquilizarme y me dije: ‘todo va a estar bien, quizás no viene con tanta fuerza’. Tuve que hablarme a mi misma porque sentía que iba a colapsar”, explica.

La periodista, también, sintió miedo durante su primer recorrido por el casco urbano de Cabo Rojo. Estaba sentada en el asiento del pasajero transmitiendo en vivo, mientras su esposo conducía el carro. Recuerda que comenzó a llorar cuando sintió la fuerza de los vientos.

Ese día, se toparon con inundaciones y un árbol gigantesco de tronco grueso, que bloqueaba la carretera de un extremo a otro. Intentaron tres vías alternas para poder regresar a la casa y protegerse. Un trayecto que tomaba 8 minutos en carro, se convirtió en una hora de incertidumbre.

“Yo pensaba que íbamos a pasar el huracán en la calle. ¡Era peligroso! Había un poste de madera que se movía como una hamaca. Yo decía: ‘Santo Padre este poste nos va a caer encima’. ¡Fue bien fuerte! Pensé que podíamos perder la vida”, cuenta.

Efectos en la salud mental

Algunos estudios exploratorios evidencian el impacto del trabajo en la salud mental de los periodistas. Por ejemplo, la investigación de la profesora Gretchen Dworznik- Hoak, de la Universidad Estatal de Kent en Ohio, que muestra los efectos de la cobertura del huracán Harvey, de 2017, en un grupo de 30 periodistas locales del estado de Texas en Estados Unidos.

Un 90 por ciento experimentó síntomas de estrés postraumático y un 93 por ciento, síntomas de depresión. A dos meses del fenómeno, varios participantes continuaban experimentando dichas manifestaciones.

Por otro lado, el estudio de la psicoterapeuta Anke Weidmann, de la Universidad de Humboldt de Berlín, que analiza los testimonios de 60 periodistas que cubrieron el tsunami de 2004 en el Océano Índico, registrado como el más grave de la historia con 250 mil víctimas mortales.

A ocho meses del evento, un 7 por ciento de los periodistas aún experimentaba síntomas de estrés postraumático y para un 45 por ciento de ellos, su peor experiencia de trauma estaba relacionada a su oficio.

Según el doctor puertorriqueño Lino Hernández, especialista en Psicología del Desastre, el periodista, como cualquier otra persona, puede desarrollar un trauma psicológico si su vida o integridad corporal estuvo en peligro o si fue testigo de una situación donde hubo riesgo de muerte.

A pesar de que no todo suceso negativo ocasiona un trauma, los periodistas son más vulnerables porque se consideran como personal de primera respuesta en una emergencia. Al igual que la policía, bomberos, paramédicos y rescatistas, son de las primeras personas en llegar al lugar y presenciar la gravedad de los hechos.

El periodista Jorge Muñiz, de EFE, piensa que experimentó síntomas de burnout, conocido como el síndrome de desgaste profesional, y que desarrolló un trastorno de estrés postraumático. En el huracán María, sintió un agotamiento que perjudicó su salud física y mental, y en los pasados seis años, ha tenido recuerdos intrusivos y reacciones emocionales cada vez que ocurren desastres y apagones.

Su experiencia nunca la ha compartido con otras personas ni con un profesional. Ha pensado que no necesita ayuda y que él solo puede manejar la situación. Sin embargo, reconoce que cuidar la salud mental debe ser una prioridad para cualquier periodista.

“Desgraciadamente, nosotros nos guardamos muchas cosas. Tal vez, nos desahogamos con alguien o nos damos un palo (trago) y ya con eso pensamos que estamos bien. Pero, en verdad, no es suficiente”, opina.

La periodista Sheila Matos ha compartido su experiencia en terapia psicológica porque el trabajo le genera mucho estrés y quiere aprender a gestionar sus emociones de manera efectiva.

“El tema del trabajo es bastante comentado dentro de mi terapia. Mi psicóloga me ha ayudado porque es una persona objetiva y con su conocimiento me va haciendo recomendaciones, que las he llevado a cabo y me ayudan. Últimamente, ya a las 7 de la noche apago la computadora y silencio el celular para darle un shutdown a la ansiedad. Busco hacer otras cosas que me desconecten como ver programas en la televisión que no sean noticias”.

Rafelli González es director de la plataforma digital de El Vocero, un periódico de cobertura nacional. En su jornada laboral, supervisa el trabajo de nueve periodistas web, analiza las tendencias en las redes sociales, observa a la audiencia, colabora con el área comercial y de programación y, además, escribe notas sobre temas policiales, judiciales y deportivos. En el huracán María fue responsable, por primera vez, de la seguridad y el bienestar de un equipo de reporteros.

En ese momento, era director digital del periódico Caribbean Business. Recuerda que durante la emergencia tuvo conversaciones que nunca había tenido. Por ejemplo, después de asignar las tareas a sus colegas, les preguntó de manera individual: ¿cómo te encuentras y qué necesitas?

Reconocía que algunas personas del equipo sufrieron daños y pérdidas en sus casas. También, que el lugar de trabajo se inundó y no tenían una oficina, y que la empresa tuvo problemas con la nómina y no estaban recibiendo su salario.

“Era la primera vez que estaba expuesto a esto. Para mi la clave era saber cómo estaba cada uno de ellos, y ese era el diálogo. Sabían que podían contar conmigo y que yo iba a buscar la forma de poder armonizar el trabajo que tenían que hacer con sus asuntos personales en ese momento crítico”, explica.

Cada periodista se expresó de manera diferente. Pero, en general, los más jóvenes compartieron sus emociones y mostraron menos resistencia a una conversación, en comparación con los más adultos. Algunas personas de su equipo estuvieron más distraídas y entregaron las notas con muchos errores.

Lo mismo ocurrió en el huracán Fiona con su equipo digital de El Vocero. Por eso, considera que el mayor reto de un periodista en un desastre es: “dejar a un lado la familia y lo personal para enfocarse en la noticia”.

González tiene 15 años de trayectoria en los medios de comunicación. Admite que su desempeño en la cobertura de un desastre es “hardcore” porque con más trabajo, mejor se siente. “No sé si haya tal cosa que me afecte de manera emocional. Quizás sí y explotará en dos o tres años, como he escuchado de otros compañeros”, dice y confiesa que comprendió el impacto del huracán María en el primer aniversario del fenómeno.

Recuerda que eran las 5 de la mañana, en el televisor se transmitía un programa especial de noticias y al ver las imágenes de la devastación, quedó conmovido. “Yo vine a llorar María ese primer año en la privacidad de mi cuarto. Ese día, llegué tarde al trabajo porque ni siquiera podía funcionar. Yo estaba soltanto y soltanto, y no entendía porqué. Hoy pienso que fue ver la situación por primera vez como televidente y no como periodista”. 

Foto/Prensa sin censura

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