Editorial
JAIME TORRES TORRES
Periodista y Editor
PRENSA SIN CENSURA
La Sala Eugenio María de Hostos de la Biblioteca Nacional parecía un desierto.
Prensa sin censura visitó este aposento cultural e histórico con la ilusión de encontrar turistas y niños con sus maestros.
Pero el viernes 22 de septiembre, víspera del Grito de Lares, no había nadie. Desencaja y hasta inquieta porque es un signo de lo poco presente que se tiene la memoria del prócer puertorriqueño cuyo bicentenario se conmemorará en 2039.
En República Dominicana, posiblemente en Chile y tal vez en sectores de España lo podrían celebrar con mucha mayor veneración.
¿Por qué? Hostos nació en Mayagüez el 11 de enero de 1839. Dos de sus hijos nacieron en Santiago; en Quisqueya reposan sus restos mortales y allá se honra su memoria mucho más que en Puerto Rico.

El pasado 11 de agosto se conmemoraron 120 años de su fallecimiento, ocurrido en 1903. La efeméride pasó prácticamente inadvertida por el Instituto de Cultura Puertorriqueña y su director Carlos Ruiz Cortez y también por la Universidad de Puerto Rico, en cuyo Recinto de Río Piedras hay dos esculturas a su honor. Ni se diga del Departamento de Educación y la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, con la salvedad de que esperábamos muchísimo pero muchísimo más del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH).
La celebración de un bicentenario no es una asignatura que se pospone para última hora. El de Ramón Emeterio Betances se conmemorará en 2027 y quisiera pensar que ya se organiza.
Para el de Hostos se tienen a favor 16 años que pudieran discurrir en un abrir y cerrar de ojos. Es impredecible saber si en 2039 quedará Patria. De Puerto Rico ser entonces una república libre y soberana se supondría que sus restos ya descansen aquí, pero si de algo sí estamos seguros es de que no pocos de los intelectuales que hoy promueven, documentan y divulgan su legado ya habrán pasado a mejor vida.
El camino hacia el Bicentenario del natalicio de Eugenio María de Hostos debe emprenderse desde HOY. Un paso firme durante el pasado verano fue la organización del Círculo de Lectura del Tomo I del Diario de Eugenio María de Hostos, presentado por la Comisión Nacional Hostos 180 y su coordinadora Bangesy Carrasquillo Casado, quien encabeza la organización de la Ruta de Peregrinación Hostosiana.
También la reciente presentación del libro “Antología Jurídica de Eugenio María de Hostos” el pasado 11 de agosto en el Anfiteatro del Archivo General en Puerta de Tierra.
Todo eso es fantástico si, además de llegar a los ‘baby boomers’ hostosianos, se logra atraer al estudio de la obra del insigne prócer a la niñez y juventud boricua.
De la semilla que se siembre y cultive a partir de hoy dependerá cuan jugosos serán los frutos de la reverencia hostosiana que se recogerán en 2039.
Se debe aprovechar la dádiva temporal de tener entre nosotros a su nieta Teresa de Hostos. De igual forma de contar con la emprendedora Bangesy Carrasquillo y con el entusiasmo de Santia Bauzá Santiago, custodia de la colección de la Sala Eugenio María de Hostos y quien cubre otras posiciones en la Biblioteca Nacional.
Prensa sin censura visitó la sala, pero primero tuvo que contactarla para conocer de su disponibilidad. Ordinariamente o cuando la señora se ausenta por enfermedad la sala permanece cerrada.

De camino al Bicentenario de Eugenio María de Hostos, la directora de la Biblioteca Nacional Carmen T. Pérez González podría asignar ayuda a la señora Bauzá y si acaso, gestionándola con la Comisión Nacional Hostos 180. Reclutar voluntarios que aporten a la cultura como anfitriones y guías de los visitantes a la sala sería otro gran paso de avance.
La colección consta de las pertenencias de Hostos heredadas por su hijo Adolfo, entonces historiador oficial de Puerto Rico que gestionó con don Ricardo Alegría la creación de un pequeño museo-biblioteca, posible gracias a la Ley 96 del 26 de junio de 1974.
Visitar la Sala Eugenio María de Hostos es como abrir una puerta a la contemplación del alma del egregio periodista, pensador, educador, literato, abogado, filósofo y humanista boricua.
Allí se conservan para la apreciación de sus visitantes reliquias tales como su escritorio, silla y tresilla, además de óleos de sus padres María Hilaria Bonilla y Eugenio María de Hostos y Rodríguez, y también suyos tanto de sus años de mozo como de su adultez.
No faltan sus anteojos y libros, por ejemplo “La Peregrinación de Bayoán”, edición de 1873; medallas, cartas a Ramón Emeterio Betances y a otras personas, sus obras completas, fotos, artesanías en miniaturas de Edwin Báez y hasta un ejemplar de su cuento “En Barco de Papel”, escrito en Chile en 1897 y donado por su hija Teresa de Hostos a la sala.

Este cuento, con ilustraciones de la artista Gabriela Ascárete, es considerado pionero de la literatura infantil en Puerto Rico, según comentó Santia Bauzá Santiago.
Se podría leer en la sala en diferentes horarios y hasta se podría adaptar a un teatro de títeres o quizás a dibujos animados para atraer a los más chiquitos.
La Sala Eugenio María de Hostos en la Biblioteca Nacional de Puerto Rico, en el edificio Ricardo Alegría, es una ventana al conocimiento del egregio varón de letras y una poderosa artillería cultural que se traduce en una experiencia patriótica que robustece el espíritu y reafirma la identidad puertorriqueña.
De camino a su Bicentenario es un recurso de inconmensurable relevancia histórica, nacional y antillana.
Las futuras generaciones lo agradecerán.

